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Torra celebra su primer aniversario imputado y con el mandato casi agotado

El presidente de la Generalitat acude periódicamente a Waterloo para escenificar que Puigdemont mantiene el timón.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra.
El presidente de la Generalitat, Quim Torra.
Efe

Quim Torra cumplirá este martes un año desde que fue investido presidente de la Generalitat. El expresidente de Ómnium Cultural accedió al cargo de jefe del Ejecutivo catalán casi de rebote, por puro descarte después de que Carles Puigdemont y Jordi Sànchez no pudieran ser elegidos por su situación procesal y Jordi Turull se quedara con la miel en los labios tras ser rechazado por la CUP.

Desde el primer día dejó claro que su mandato era interino, casi un accidente, y que se apartaría en cuanto el Parlament pudiera volver a designar a Carles Puigdemont. Esa fue una de sus promesas en el discurso de investidura. Pero si el expresidente obtiene ahora escaño de eurodiputado el 26-M y puede recoger su acta, su reelección como líder de la Generalitat ya no será posible.

Torra, en cualquier caso, acude periódicamente a Waterloo para escenificar que Puigdemont mantiene el timón. También se fijó como objetivos hacer efectiva una república catalana, poner en marcha un proceso constituyente y aprobar las leyes suspendidas por el Tribunal Constitucional la pasada legislatura. No podrá cumplir ninguna de esas promesas.

Su primer año al frente de la Generalitat ha estado marcado, además, por las tensiones internas en el seno del Govern (se habla de que en la práctica hay dos gobiernos: uno de JxCat y otro de ERC) y también por una retórica republicana que lo que pretendía era camuflar una realidad autonómica en el día a día. Esa política de gestos (más bien de cara a la galería) le ha llevado a romper relaciones con la Casa Real y el miércoles que viene tendrá que declarar como imputado por, presuntamente, desobedecer la orden dictada por la Junta Electoral para que retirara los lazos amarillos y las pancartas a a favor de los presos de las fachadas de los edificios de la administración catalana en periodo electoral. El dirigente nacionalista acabó acatando, pero días después del plazo y tras un intento de burlar a la Junta Electoral que le granjeó críticas de los consejeros de Esquerra.

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