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elecciones generales

Ciudadanos conquista la tercera plaza y se sitúa a poco más de 200.000 votos para superar al PP

La formación que lidera Rivera logra 57 escaños, más del doble de los 25 que alcanzó en 2016.

Albert Rivera, exultante en la sede de Ciudadanos en Madrid.
Albert Rivera, exultante en la sede de Ciudadanos en Madrid.
Chema Moya/EFE

Quien no arriesga no gana. Y Albert Rivera decidió arriesgar y terminó por dar la campanada. Ciudadanos se convierte en la tercera fuerza política del arco parlamentario, superando a Unidas Podemos y pisando los talones peligrosamente al Partido Popular. Con cuatro millones de votos, el 15,84%, la formación naranja consiguió 57 escaños, 25 más que en las elecciones generales de 2016. Un resultado histórico para los liberales que acarician el ‘sorpasso’ a la formación de Pablo Casado, con una diferencia de apenas nueve escaños y poco más de 200.000 votos, y mantienen abierta la disputa por el liderazgo del centro derecha. Era uno de los dos objetivos que se había marcado la dirección naranja. «Hoy Ciudadanos se erige como la ilusión y la esperanza del futuro de España», remarcó Rivera en su comparecencia tras conocerse los resultados.

El otro objetivo, desalojar al PSOE de la Moncloa, tendrá que esperar por el momento. El descalabro del PP, que ha perdido la mitad de sus escaños con respecto a 2016 y la irrupción de Vox, que no ha sido tan fuerte como se esperaba, imposibilitan un gobierno de derechas ya que juntos sumarían 147 escaños, lejos de la mayoría absoluta.

En paralelo, Rivera y su círculo se enfrentan al dilema de pactar con los socialistas, con los que logran 180 diputados, superando así la barrera de los 176 escaños necesarios para la investidura de Pedro Sánchez. Pero esa posibilidad está desechada. Nada más anunciarse el adelanto electoral, la ejecutiva de Ciudadanos descartó cualquier posibilidad de pacto con el PSOE, que sectores económicos ansían como opción de consenso y que ya ensayaron ambas formaciones tras los comicios de 2015. Anoche Rivera volvió a cerrar esa puerta. «La mala noticia de estos comicios es que Sánchez e Iglesias van a poder formar Gobierno», explicó Albert Rivera que compareció ante sus militantes rodeados de sus más estrechos colaboradores y flanqueados por Inés Arrimadas, candidata al congreso por Barcelona, y Begoña Villacís, cabeza de lista de la formación al Ayuntamiento de Madrid.

El veto al ‘sanchismo’, que despertó reticencias en una parte del partido que no vio con buenos ojos cerrarse puertas antes de tiempo, ha marcado el relato de los liberales toda la campaña. En cada mitin, Rivera ha insistido en su ‘no es no’ a Sánchez, a quien ha llegado a tildar de «peligro número uno» por pactar «con los que quieren liquidar España» o supuestamente querer indultar a los políticos presos. Un pulso que el catalán trasladó a los dos debates electorales donde los roces y enfrentamientos directos con Sánchez fueron constantes, evidenciando su poca sintonía personal y despejando, por si quedaban dudas, la posibilidad de que fragüe una alianza entre socialistas y liberales a partir de hoy.

Rivera ha llevado además una campaña a base de golpes de efecto: los fichajes de la exsocialista Soraya Rodríguez, de Edmundo Bal, el abogado del Estado destituido por negarse a firmar un escrito de acusación que excluía el delito de rebelión a los procesados por el ‘procés’ o de Ángel Garrido, el expresidente madrileño, del PP hasta hace dos días. Una estrategia electoral que le ha valido a Ciudadanos un aumento de sus apoyos, que ha dejado satisfecho al partido.

«Hay un proyecto ganador que ha sacado más del 80% de los escaños que hace tres años. Esta es la casa común del constitucionalismo», remarcó eufórico el líder de los liberales tras conocerse los resultados de la jornada electoral de ayer.

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