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juicio del procés

Ni mítines ni lecciones

El magistrado Manuel Marchena no ha permitido que el juicio se deslizara por derroteros del ideario político ni por disertaciones jurídicas que son un "insulto" al tribunal que preside.

Sesión de este jueves del juicio del 'procés'.
Sesión de este jueves del juicio del 'procés'.
EFE/Tribunal Supremo

Faltan tres días para las elecciones, pero el juicio del 'procés' se ha blindado contra los mítines. Y contra las lecciones de derecho. El magistrado Manuel Marchena no ha permitido que el juicio se deslizara este jueves por derroteros del ideario político ni por disertaciones jurídicas que son un "insulto" al tribunal que preside.

Por lo que sí se ha precipitado la sesión de este jueves ha sido por el tobogán del alegato pacifista, en una jornada sumergida en los testigos propuestos por las defensas, sobre todo por la de los acusados Oriol Junqueras y Raül Romeva que, por cierto, han sido presentados por los testigos como hombres de paz, al mismo nivel que Martin Luther King.

La mañana ha comenzado con la expulsión de la sala de un asistente que llevaba puesta una camiseta con una leyenda a favor de los presos. Tan discreta ha sido la expulsión, que ni los periodistas que estaban dentro del Salón de Plenos se han enterado, ni se han oído protestas ni murmullos entre el público. Las redes sociales se han encargado de difundirlo.

Y ha dado comienzo la sesión con los testimonios de catedráticos que formaban parte del Patronato del Diplocat. Y claro, no se han podido desprender de sus trajes de docentes y hasta se han extendido en disertaciones que para Marchena les podía convertir en peritos jurídicos.

Unas disertaciones que se han remontado a 1934 y a los tiempos de Manuel Azaña y que ha parado a tiempo Marchena: "Empezamos a zigzaguear y esto no termina", ha reconvenido el presidente del tribunal, más contundente luego cuando ha tenido que frenar las lecciones de derecho constitucional de uno de los catedráticos.

Porque esas lecciones -este jueves se han querido dar muchas- suponían para Marchena un "insulto" a los miembros del tribunal. "La Sala no puede escuchar lecciones de Derecho Constitucional", ha zanjado.

Si es difícil despojarse del traje de docente, lo debe ser más quitarse el de político. Quizá Mayte Aymerich, alcaldesa de Sant Vicenç dels Horts y que acompañó a Oriol Junqueras a votar el 1-O, tuviera muy presente que el 26 de mayo hay elecciones municipales y ha intentado exponer el ideario del partido que gobierna la localidad. Marchena ha tenido que pisar el freno otra vez.

Ha seguido la sesión inmersa en las declaraciones de los testigos propuestos por los letrados de los acusados, en esa clara estrategia de la defensa de presentar la respuesta de los ciudadanos catalanes en el otoño de 2017 como el mayor acto de desobediencia civil vivido en Europa.

Y es que tanto los acontecimientos del 20 de septiembre de ese año en la Consejería de Economía como la celebración del referéndum ilegal de 1-O se han mirado este jueves con un cristal de otro color, el de la fiesta, el de la resistencia cívica y nada violenta, el de la espontaneidad de los ciudadanos que, incluso, hacían castells o collas y comían arroz que habían cocinado.

En suma. Relatos los de este jueves diametralmente opuestos a los que hemos oído en anteriores jornadas por boca de los testigos de la Fiscalía y las acusaciones.

Presentes en la ya más que famosa concentración del 20-S y en los colegios del 1-O, los testigos de esta jornada han asegurado que no vieron ninguna actitud violenta ni escucharon insulto alguno a los agentes de las fuerzas de seguridad del Estado. Tampoco cómo quedaron los coches de la Guardia Civil aparcados en la Consejería.

Todo muy pacífico, en consonancia con lo que Junqueras y Romeva ha predicado siempre, como se ha insistido en esos testimonios. "Nunca se desvió de esa orientación", la de la vía pacifista, ha llegado a decir un testigo sobre Romeva.

En suma. Lo que los testigos vivieron esos días fue un acto de desobediencia civil pacífico que no ha tenido parangón en Europa, como han proclamado dos de ellos.

Un comportamiento de la ciudadanía que ha llevado a otro testigo a hacer esta afirmación: "En ningún momento sentí vergüenza de la gente que estaba fuera" (en la concentración de la Consejería de Economía).

Dentro, y mientras la comisión judicial efectuaba el registro, el ambiente era cordial y tranquilo. Ya lo dijeron también el miércoles. Hasta el punto de que un acompañante de Junqueras pudo grabar, sin que la Guardia Civil se lo impidiera, el momento del abrazo y las palabras de ánimo de ahora acusado a uno de los detenidos ese día, el exsecretario de Hacienda Lluís Salvadó.

Ha quedado pendiente la declaración de más testigos de la defensa que estuvieron en el 20-S. Será más de lo mismo. Como fueron más de lo mismo las interminables testificales de policías y guardias civiles. Luego el tribunal tendrá que confrontarlas.

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