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Lorena, Vasco, Isabel... así son los impulsores de la nueva ciencia europea

Todos conviven en la primera planta del Laboratorio Ibérico Internacional de Nanotecnología (INL) de Braga, gracias a un acuerdo entre Madrid y Lisboa.

El Laboratorio Ibérico Internacional de Nanotecnología (INL) de Braga.
El Laboratorio Ibérico Internacional de Nanotecnología (INL) de Braga.
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Lorena cruza a diario de España a Portugal para mejorar los tratamientos contra el cáncer, Isabel ultima los detalles de su proyecto para que los alimentos duren más y Vasco trata de erradicar la avispa asiática.

Treintañeros y optimistas, son los nuevos impulsores de la ciencia en Europa.

Todos conviven en la primera planta del Laboratorio Ibérico Internacional de Nanotecnología (INL), un edificio levantado hace diez años en Braga, en el norte de Portugal, gracias a un acuerdo entre Madrid y Lisboa financiado por el programa europeo Interreg España-Portugal para impulsar la ciencia desde su nivel más ínfimo: el átomo.

Conviven, porque sería impreciso decir que solo trabajan con su equipo; sus averiguaciones son muchas veces compartidas con el laboratorio de al lado, que puede aprovecharlo mejor; nunca se sabe, comentan en la moderna sede, una semicircunferencia de enormes ventanales y espacios diáfanos en la que hay microscopios atómicos y guardería.

Una institución "única" porque, como explica a Efe el director del INL, Lars Montelius, "no hay otro sitio en el mundo que sea intergubernamental en el campo de la nanotecnología". Por eso, acaba de acoger la primera "cumbre" del European Research Council (ERC), que ha congregado a expertos de España y Portugal para debatir sobre el futuro de la ciencia.

Cruzar la forntera para investigar

"Me llamo Lorena Diéguez y soy líder del grupo de investigación en dispositivos médicos". Nacida en Vigo, norte de España, y residente en Tuy, en la frontera con Portugal, trabaja en el INL desde hace cinco años. Ha pasado por Barcelona, donde se doctoró, y ha investigado en Zúrich y en Australia.

Una hora de coche diaria desde su casa al laboratorio, cuenta a Efe, no le parece ya nada.

"Para mí hacer una hora de trayecto no es gran cosa, cuando vivía en Barcelona tenía una hora de trayecto y vivía y trabajaba en la ciudad, así que para mí es un placer poder trabajar en un centro de investigación de estas características y vivir en Galicia", afirma.

En Braga, lidera un equipo que trabaja en dispositivos para el diagnóstico temprano de enfermedades que permita "dar un tratamiento personalizado a los pacientes".

La idea: a través de una muestra de sangre de un paciente con cáncer metastático, "obtener células tumorales que están en el torrente sanguíneo y analizarlas para dar información al oncólogo".

"Lo que hacemos es dar información al oncólogo para que el tratamiento que utilice con el paciente sea más efectivo", explica.

Diéguez elogia las instalaciones del INL, que "no tienen parangón" por lo nuevas que son y su especialización, un instituto pensado "por y para la nanotecnología" financiado por Estados miembros de la UE, partidas europeas para proyectos de investigación y finalmente aportes de la industria.

El otro plus es la guardería, una de las medidas que ayudan a la conciliación de una plantilla cuya edad media no llega a los 40 años.

"Nos facilita para cuando nos reincorporamos después de la baja maternal, tener un sitio donde están los niños cerca, si estamos dando el pecho nos podemos acercar y abre de 8.00 a 18.30", destaca.

Su laboratorio está a pocos metros de la sala donde trabajan Isabel y Vasco, dos portugueses con un elemento en común (trabajan en equipos mixtos con españoles) y dos proyectos completamente diferentes, conseguir que los alimentos duren más y acabar con la avispa asiática.

Prototipos y baloncesto

"Nuestro objetivo es aumentar la calidad de los alimentos y su tiempo de vida". Es Isabel Bourbon, doctora en ingeniería química biológica. Desde hace un año y medio y al menos hasta el próximo diciembre trabaja en una investigación que persigue, utilizando recursos de origen marino, recubrir otros alimentos otorgándoles más propiedades.

"Colocamos antimicrobios, vitaminas, compuestos nutricionales que son buenos para la salud", expone. Ya trabaja en prototipos "para ver si es posible colocarlo en pescado y en alimentos perecederos, como frutas".

Su equipo está compuesto por cuatro personas, españoles y portugueses, al igual que el grupo de Vasco Martins, con quien suele comentar algunas cuestiones antes de marcharse a almorzar.

Martins también está en el área de procesamiento de alimentos, aunque su obsesión no es un producto sino un insecto: la avispa asiática, convertida en plaga de los horrores para las ovejas europeas.

"Vine a hacer unas prácticas, estuve seis meses y apliqué a una plaza", cuenta a EFE este portugués, máster en química medicinal.

"Vespa velutina", murmura cuando se le pregunta por el estado de su investigación, el nombre científico de un insecto que trae de cabeza a ganaderos europeos y a los que quiere hacer frente con unas "cápsulas" que solo afecten a estas avispas. Entre prueba y prueba, agrega jocoso, aprende español a ratos escuchando a sus compañeros.

"¿Qué cuáles son las bromas que hacemos?", se ríe. Al poco, confiesa: "los viernes vamos a jugar al baloncesto"; a veces, echan un futbolín.

"Convivimos entre 32 y 35 nacionalidades", destaca por su parte Lorenzo Pastrana, responsable del área de Ciencia y Vida y supervisor de los equipos de Isabel y Vasco.

"Aquí trabajamos desde la energía al medio ambiente, desde la salud a la alimentación... tocamos todos los ámbitos desde un punto de vista integrado", sostiene.

Varios ejemplos. En el INL se trabaja en dispositivos para hacer biopsias líquidas y detectar así células cancerosas en fluidos como la sangre; tecnologías para identificar billetes falsos, para detectar aceites que prometen ser puros y no lo son, sensores para medir el grado de madurez de la uva.... Hasta una sal nueva.

"Desarrollamos una tecnología que permite reducir los granos de sal a tal tamaño que podemos salar productos como las patatas o las almendras teniendo el mismo sabor salado, pero con un 50% de cantidad de sal. Es muy interesante para evitar la hipertensión", dice.

Para encontrar todo eso, sin embargo, primero hay que hablar con Enrique Carbó.

El hombre del microscopio atómico

"Trabajo en el departamento de microscopia electrónica del INL", se presenta Carbó, que asegura que el suyo "es un campo muy agradecido, sobre todo con el equipamiento que tenemos aquí".

El equipamiento son dos microscopios que ocupan una sala entera en el sótano, preparado para lograr un aislamiento total -cuenta con un suelo especial- para funcionar. Apenas la vibración de las cuerdas vocales de Carbó, por ejemplo, impediría obtener una imagen nítida de los átomos "o las columnas atómicas".

Accesible veinticuatro horas al día, siete días a la semana, con supervisión de Carbó y sus compañeros.

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