Despliega el menú
Nacional

referéndum cataluña

Pupitres, pinganillos y letrados con parsimonia, zancadillas a la policía el 1-O

Estas fueron las barreras con las que se intentó ralentizar el trabajo de la Policía Nacional en los centros de votación catalanes.

Sesión de este miércoles del juicio del procés.
Sesión de este miércoles del juicio del procés.
EFE/TS

Pupitres escolares a modo de barricadas, pinganillos con los que agentes camuflados informaban de la presencia policial, abogados que leían hasta la última letra del auto judicial... Fueron las barreras con las que se intentó ralentizar el trabajo de la Policía Nacional en los centros de votación del 1-O.

Al menos así lo han relatado inspectores y agentes de este cuerpo en la sesión de este miércoles del juicio del procés, en el que también han testificado dos mossos d'Esquadra y agentes de la Guardia Urbana de Badalona. Estos últimos en relación a un incidente con uno de los acusados, Jordi Cuixart, entonces máximo responsable de Omnium Cultural.

Pocos minutos después de comenzar la sesión, un incidente ha interrumpido el relato de un inspector de la Policía Nacional. Paco, un auxiliar del Tribunal Supremo, se ha indispuesto; el presidente de la Sala, Manuel Marchena, ha reclamado los servicios médicos para que le atendieran y ha suspendido el juicio.

Todo ha quedado finalmente en un susto y enseguida se ha podido reanudar la sesión. El incidente ha afectado a Marchena, o al menos así parecía, porque en los minutos posteriores su tono ha sido más apagado.

Ya con todo el mundo de nuevo en la sala, el inspector ha continuado su relato, que ha salpicado con opiniones que iban más allá de su condición de testigo. "Se desliza en valoraciones", en palabras de Marchena.

Frente al trabajo "escrupuloso" de los agentes de orden público de la Policía Nacional, este inspector ha contrapuesto el de los Mossos d'Esquadra, una pasividad que ha tildado de "surrealista" y "kafkiana".

Pero había otros mossos, según la impresión de algunos de los testigos de este miércoles, que sí desplegaron una actividad más bien de espionaje, aunque esta acusación ya la negó hace unos días Ferrán López, el que fuera número dos del mayor de la Policía autonómica Josep Lluis Trapero. Tendrá que aclararse esto también en el juicio.

De todos modos, hasta cuatro testigos han corroborado la presencia en los puntos de votación de dos personas con pinganillo, que comunicaban algo a no se sabe quién, y que después seguían a los furgones de los antidisturbios a bordo de un Seat que, a la sazón, pertenecía a Presidencia de la Generalitat.

Seguramente que no eran los únicos con pinganillos y con misión de vigilancia en esas concentraciones ante los colegios. Pero pasarían desapercibidos para el común de los mortales. No así para los profesionales de las vigilancias y contravigilancias, porque a fin de cuentas están para eso y además utilizan los mismos medios y hasta el mismo calzado.

Las botas tácticas, el extremo de una porra extensible sobresaliendo de un bolsillo del pantalón, el bulto en la chaqueta o cazadora que solo puede hacer un arma corta, el pinganillo en la oreja, los labios dirigiéndose hacia el cuello de la camisa... Blanco y en botella.

Era presumiblemente la primera zancadilla que se quería poner a los agentes de la Policía Nacional que actuaron en los puntos de votación donde se produjo una importante resistencia.

Hubo más zancadillas con el objetivo de ralentizar la labor de los policías, según la opinión de los testigos de este miércoles. Como la que quiso poner el letrado Andreu Van den Eynde, que defiende a dos de los acusados, Oriol Junqueras y Raül Romeva.

No es la primera vez que la presencia del abogado en la Escola Dolors Monserdà de Barcelona el 1-O se relata en el juicio. Pero este miércoles ha sido más precisa, tanto que nos hemos imaginado a Van del Eynde, solo él de pie entre el resto de los concentrados, pidiendo al inspector de la Policía el auto judicial y leyendo, con parsimonia, palabra a palabra su contenido. Mientras tanto, los segundos y los minutos corrían, el inspector se impacientaba y seguramente los ánimos se caldeaban más.

Otra barrera previa a la que hacían los ciudadanos entrelazados y a la que formaban desde dentro de los colegios con pupitres, mesas y sillas de las aulas. Derribarlas todas llevaba su tiempo. Cuanto más, mejor, porque así le quedaba menos tiempo a la Policía para desplazarse a otro punto de votación.

Son los relatos de este miércoles, nada nuevo sobre lo que se ha venido escuchando en el juicio y que habrá escuchado también Cuixart, protagonista desde el banco de los acusados de la sesión vespertina de la vista.

Ya se había contado su participación en Badalona el 25 de septiembre de 2017 en un episodio con la Guardia Urbana por el decomiso de unos carteles. Este miércoles hemos sabido que aunque quiso mantener una actitud "muy de colegueo" con los agentes, les invitó a hacer dejación de sus funciones.

Bien podían haber pasado de largo, les dijo. No lo hicieron, ni siquiera cuando el mismísimo teniente de alcalde les exigió que le entregaran los carteles. Tuvo que cogerlos él mismo.

Etiquetas
Comentarios