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Jueces, militares, obispos

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El cardenal Cisneros (1436-1517).
HERALDO

En ciertos mentideros políticos de la capital del reino se rumorea que el PSOE de Pedro Sánchez quiere fichar al cardenal Mazarino como cabeza de lista. Todavía no está claro cuál será la provincia, pero todo parece indicar que Teruel tendrá el privilegio de contar con su participación. Aunque Mazarino también podría terminar como cunero en Alcalá de Henares donde realizó parte de sus estudios universitarios. Según dicen no han contado con monseñor Omella, turolense de Cretas, ni le van a preguntar. En cualquier caso, Sánchez y su círculo más íntimo de asesores han considerado fundamental incorporar a sus filas al cardenal. Pese a su edad -pues está jubilado y cadáver desde hace tiempo- entienden que servirá para contrapesar el desembarco de diversos militares en otros partidos. De hecho, cuando Podemos cooptó al general retirado Julio Rodríguez -que fue Jefe del Estado Mayor de la Defensa-, se iniciaron los primeros contactos. Sin embargo, Sánchez ha acelerado la decisión al descubrir el ‘Breviario de los políticos’, el mejor ‘best-seller’ de Julio Mazarino. Le ha bastado con sobrevolar el resumen. Ha hecho suyos los cinco preceptos: "Simula. Disimula. No confíes en nadie. Habla bien de todo el mundo. Prevé antes de obrar". Y por supuesto le ha encantado el primer axioma de su lista: "Obra con todos tus amigos como si hubieran de volverse tus enemigos".

En ciertos sectores del PSOE de siempre no comparten esta decisión, pues rompe con la posición más laicista y anticlerical del partido. Pero se ha impuesto la corriente pragmática. Es mejor tener al poder espiritual de tu lado que en contra. Han aplicado la misma estrategia que hicieron los socialistas en su día con el poder judicial. No hay por qué tener escrúpulos democráticos ni ser dogmáticos en esta materia. En todo caso, las dudas y precauciones corresponden a la ética individual, la moralidad del partido es otra cosa. Además, la incorporación de magistrados y fiscales tanto a las listas del partido como a posiciones de poder fue una jugada estratégica en su día. Pese a algunos estrepitosos fiascos, como sucedió con el juez Garzón, el balance ha sido más que provechoso. El poder es el poder y quienes lo buscan, siempre encuentran puntos de encuentro.

Por otra parte, también se ha sabido que el PP de Casado está trabajando para resucitar al cardenal Cisneros como forma de responder a este fichaje estrella de Sánchez. Si consiguen convencer al viejo obispo, tendrán de su lado a uno de los baluartes de la España de siempre. En esto la batalla está servida. Otro de los rumores es la posible captación del cardenal Richelieu. Manuel Valls ha sugerido su nombre como segundo de su lista. Pese a la aparente contradicción entre masonería y catolicismo, no se duda cuando se trata de fichar grandes figuras de la política mundial.

Evidentemente todo esto es un sarcasmo quimérico fruto de una sobredosis de imaginación. Sería fascinante reunir en un mismo foro a semejantes personajes, pero es una exageración retórica para preguntar: ¿se debe limitar mejor el ejercicio de la política profesional? ¿Sería conveniente añadir cautelas preventivas? No soy partidario de la regulación, pero cuando los principios no abundan, quizá sea necesario.

En los países de nuestro entorno obispos y cardenales aprendieron hace mucho tiempo que su poder terrenal tenía que dejarse a un lado. Algo que, por cierto, no se ha producido en el mundo de los ayatolás y otros países islámicos. A los jerarcas eclesiales seguro que les tienta la idea de tener más poder en el mundo. Pero si son coherentes, renunciarán a las ‘cosas del César’.

¿Qué cabe decir de jueces y militares? La irrupción de generales retirados en las listas de Vox ha generado un malestar inusitado. ¿Por qué? ¿Por qué ahora? ¿Es por los recuerdos del franquismo? ¿O depende del partido al que se apuntan? A mí me preocupa más el ‘poder judicial’. Llevamos varías décadas con jueces -y fiscales- que van y vuelven de la política, comprometiendo su imparcialidad. Nadie parece escandalizarse. Si deciden entrar en política profesional, no deberían volver a dictar justicia. Otra cosa es retirarse y cambiar de actividad ¿o no?

Chaime Marcuello Servós es profesor de la Universidad de Zaragoza

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