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Nacional

Ciudadanos se blinda

ACTUALIZADA 24/02/2019 A LAS 05:00
Arrimadas da el salto a la política nacional y será cabeza de lista por Barcelona
Arrimadas da el salto a la política nacional y será cabeza de lista por Barcelona

Arrancó la semana que ahora concluye con Ciudadanos en modo excluyente: de manera unánime su comité ejecutivo decidió que no alcanzará un acuerdo de gobierno ni con Pedro Sánchez ni con el PSOE (palabra de político en precampaña). Conscientemente, Albert Rivera confirmaba y daba carta de naturaleza al modelo andaluz, fortaleciendo el discurso del PSOE: izquierdas contra derechas. La llamada a la movilización por parte de Sánchez se hacía innecesaria. El trabajo ya lo había hecho Rivera quien, además, confirmó su creencia en las encuestas y en que el presidente socialista es el rival a batir.

Ciudadanos continuó rizando el rizo y, aparentemente, rechazaba la centralidad y la ambivalencia, dos de sus fortalezas. Volvió a acusar a Sánchez de pactar con los independentistas (cierto) mientras renunciaba definitivamente (por ahora) a tirar del PSOE hacia el centro, el lugar desde donde se ganan las elecciones y el mismo espacio que antes se disputaban a partes iguales socialistas y populares. Cataluña pesa, y mucho, pero la renuncia al papel moderador de los naranjas venía sostenido en una exigencia: Pablo Casado pelea con Ciudadanos por el mismo espacio ideológico, una batalla en la que los populares parecen descubrirse como ganadores. Rivera, que ya había logrado robar al PSOE todo el voto susceptible de migrar a su formación, podía permitirse el lujo de cerrar la frontera por la izquierda para centrarse en la construcción de un muro de contención que impidiese la salida de sus votantes hacia el PP, víctima –este último– de una pérdida que engorda a Vox. El problema, en cualquier caso, es mucho más complejo. Vox pesca en todos los caladeros y el de Ciudadanos también concedería alimento a la extrema derecha. El emergente de hoy se beneficia del emergente de ayer (una de las claves de la nueva política), confirmando que el voto del descontento salta sin reparos ideológicos. La contradicción no es un problema y Ciudadanos debía obstaculizar cualquier fuga.

Pero Ciudadanos huía del sonoro portazo y dejaba la puerta entreabierta: lo que vale para Sánchez no computa para sus barones. Los naranjas se esforzaban por aclarar que aún no habían decidido qué postura adoptar ante las municipales y autonómicas. El PSOE de provincias debe ser distinto al de la capital (al menos se esfuerza por marcar distancias) y lo que vale para la villa y corte no es trasladable a la España interior. Más que la aplicación de un criterio de prudencia, Ciudadanos quería respetar lo apalabrado aquí y allá.

La respuesta a los límites fijados por Ciudadanos la ofreció el propio Pedro Sánchez quien, aprovechando los resortes del poder, explicó en la televisión pública que seguirá actuando como hasta ahora, sin cerrarse a nada ni a nadie (independentismo incluido).

Si nos fiamos de las encuestas, por el momento lo único que tenemos a mano, a Sánchez y al PSOE les ha sentado bien este breve paso por la Moncloa. Los datos señalan que el presidente lograría levantar al PSOE de su actual suelo y mejoraría resultados y escaños, alcanzando un número que recordaría a mejores épocas. La marea morada pierde fuelle y todo lo que deja de ingresar Pablo Iglesias lo gana Sánchez, que ha sabido erigirse como la gran referencia de la izquierda.

Mientras tanto, los socialistas, inmersos en la precampaña, piensan en Rivera y en los efectos de su particular problemática. Como viene siendo habitual, las expectativas de Ciudadanos y del propio Rivera siempre son altas, casi tanto como los porcentajes que les conceden las encuestas, aunque en las noches electorales, salvo lo ocurrido en los pasados comicios catalanes, suelen descuadrarse previsión y realidad. Rivera sabe que estas próximas elecciones se presentan como un examen para su figura. No solo está en juego el liderazgo del bloque de la derecha sino, y también, su incuestionable condición y naturaleza dentro del partido. Un descenso significativo frente a las previsiones o la definitiva conversión de Ciudadanos en una mera fuerza de apoyo abriría obligatoriamente el debate interno. ¿Qué ocurrirá si Ciudadanos no alcanza nuevamente sus expectativas? Quizá, entonces, el imposible pacto de Rivera con Sánchez pudiera ser más factible con Inés Arrimadas, quien nuevamente llega para apuntalar y reforzar a la formación. Al igual que lo ocurrido en las elecciones andaluzas, el rol que se quiere asignar a Arrimadas en esta campaña la convierte en un referente equiparable a Rivera. Su definitivo salto a la política nacional (se presentará al Congreso de los Diputados como número uno de su partido en Barcelona), su papel como tándem de Rivera dentro de un partido con un claro perfil presidencialista, confirma lo mucho que se juega Ciudadanos.

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