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Manuel Valls

A Manuel Valls le preocupa cómo frenar el populismo de Vox
krisis'19

Manuel Valls, que ya tomó tierra en Barcelona, está aterrizando en España. Dice que para aislar al populismo necesitamos un pacto entre PSOE, Ciudadanos y PP. Por algo será que los franceses le pusieron nombre al ‘ménage à trois’. Sus adversarios le reprochan ser francés. Los mismos que quieren disfrazar de cosmopolitismo y modernidad esa catetada decimonónica del separatismo. Como si detrás de toda desgracia suicida en Cataluña no hubiese uno o varios catalanes. Como si la Barcelona de la barcelonesa Colau no fuera hoy una ciudad en retroceso económico, político, turístico, social y cultural.

En el aterrizaje suave de Valls se contempla que los teóricos franceses se cargan de buenas razones antes de usar la guillotina. A Manuel Valls le preocupa cómo frenar el populismo de Vox. Acierta en el diagnóstico pero yerra con la hospitalización porque el aislamiento no ha frenado a ningún populismo de derechas en el mundo. Con el populismo de izquierdas ni siquiera se ha intentado: la socialdemocracia europea les extendió un cheque en blanco nada más nacer en la Europa del Sur. Al populismo se le combate incorporándolo para rebatirle y vencerle en las urnas. Su aislamiento hoy, a izquierda y derecha, es política y socialmente imposible. Y el aislamiento mediático además de imposible es contraproducente.

La España ideal de Valls, la del PSOE, Ciudadanos y PP (en el orden que ustedes quieran) es la España ideal de la mayoría de los españoles y, sin embargo, hoy por hoy es un imposible. El PSOE inició en 2014 la senda de apoyarse en el populismo de extrema izquierda (a cambio de nada) y hoy el sanchismo recoge esos frutos gobernando (o eso dice la cuenta en Twitter de Moncloa) con Podemos, Torra y Rufián. Habrá que reconocer que la legitimidad de Valls para llevarse las manos a la cabeza con el populismo de extrema derecha (que ya sufrió en Francia y del que inteligentemente nos previene) es bastante mayor que la de Pedro Sánchez o Echenique.

El populismo se alimenta en el aislamiento. El populismo es aislamiento. El populismo de extrema izquierda es cerrarse en un mundo de agravios contra el bien común para generar indignación, igual que el populismo de extrema derecha es cerrar el mundo en torno a la indignación que producen los agravios a la nación. Lo único que puede destruirlos es que no haya agravios al bien común ni ataques a la nación. Por eso odian Europa. Combatir al populismo en su terreno es imposible. Hay dos maneras de alimentar a un monstruo: echándole comida o echándole basura. Ambas le resultan igual de nutritivas.

Igual que Podemos se ha integrado en nuestras instituciones, Vox se va a integrar en nuestras instituciones. Se llama democracia. Y hay que integrarlos y hay que combatirlos con ideas nuevas. Y sobre todo sin trampas porque en la trampa los populistas son maestros difíciles de vencer. La ultracorrección política es un pésimo camino. A título de ejemplo: si etiquetamos a Vox como partido racista por decir que hay que expulsar a los inmigrantes ilegales (o sea, lo que ya dice una ley promulgada por el PSOE) no podremos sorprendernos de que le voten miles de ciudadanos indignados con la inmigración ilegal. Sería más sensato explicar a los ciudadanos, sigo con el ejemplo, que bajo los dos gobiernos de Aznar vinieron a trabajar a España ocho millones de inmigrantes legales que ayudaron y trabajaron para la prosperidad del país, y que lo que es ya ilegal, sin necesidad de extremistas indignaditos, es y va a seguir siendo ilegal.

El PP y Ciudadanos están a tiempo de combatir a Vox utilizándolo. El Gobierno de Andalucía puede ser un buen inicio. Ambas cosas no solo no son incompatibles sino que son imprescindibles. De ahí a suicidarse para que no te llamen facha por compartir escalera y ascensor, que no piso, con el vecino de Vox, va un mundo. Acierta Valls en el diagnóstico y seguro que sabe que no hay que hacer en España lo que el Partido Socialista Francés intentó con Le Pen o los demócratas norteamericanos con Trump. A las pruebas me remito.

Víctor M. Serrano Entío es abogado

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