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¿Es el frentepopulismo una amenaza hoy?

La reacción de Podemos a la entrada de Vox en el Parlamento andaluz es tan inquietante como el propio ascenso de la extrema derecha y ya ha dado lugar a incidentes violentos en las calles. La izquierda no debería escorarse hacia el frentepopulismo.

Las diferentes ideas políticas son amparadas por nuestro ordenamiento jurídico.F.P.

No busquen ningún error en el título de este artículo. No hay errata. El título es ese. La pregunta es esa. Sé que durante toda esta semana la pregunta -con autorrespuesta- ha sido muy distinta. El fascismo, la extrema derecha, la derecha extrema entra por Andalucía. Pero, ¿se está produciendo una involución de la extrema izquierda en España? ¿Deben, además de indignarnos, preocuparnos las agresiones de los CDR, Arran, las frecuentes palizas y agresiones a chavales que llevan una bandera de España (la última en Vitoria, ayer) o la histérica ‘alerta antifascista’ decretada sin decreto por Pablo Iglesias? ¿Son causa o consecuencia para esa involución?

El fascismo y el comunismo son dos ideologías extremas. Profundamente equivocadas y sumamente extremas, como demuestran todos los antecedentes históricos sin excepción. Podemos ha defendido sus ideas desde la lealtad a las urnas y sometido al marco constitucional, acatando las normas, con mayor o menor agrado pero acatándolas y, sobre todo, aquí viene lo importante, desde el respeto a la convivencia. Muchas de las ideas que defienden Iglesias y los suyos son ideas de extrema izquierda, que respetamos sin decretar ninguna alerta, porque Podemos respeta nuestro marco de convivencia y apela a métodos democráticos para imponerse. Las ideas políticas no solo son respetadas, sino que están amparadas por nuestro ordenamiento jurídico.

Una parte de la izquierda radical, una parte de Podemos encarnada por Pablo Iglesias, liderazgo mayoritario y todavía invasivo en la formación morada, viene confundiendo sus objetivos con el modo de conseguirlos. De un tiempo a esta parte, por ejemplo, el aparato de Podemos ha legitimado y confraternizado con la trayectoria de Arnaldo Otegi y Oriol Junqueras, dos claros ejemplos de líderes que, salvando las distancias entre un secuestrador y un idealista dañino, consideran que el fin justifica los medios. Se puede estar en contra de la unidad de España, de la Jefatura del Estado y de lo que sea. Se puede promover hasta cambiar la Constitución por otra cosa. El límite está en los métodos.

Andalucía trajo dos noticias inquietantes. Una, que los representantes de un partido con ideología de extrema derecha se sentarán en el Parlamento de Andalucía. La segunda, que un líder de extrema izquierda apellidado Iglesias llamó a "la acción en las calles" y decretó una "alerta antifascista", sin que a esta fecha sepamos aún de qué órgano salió tal decreto, más allá de los suyos propios. ¡Qué mala noche la del domingo! En ese discurso guerracivilista de Pablo Iglesias está el límite: en la llamada a la acción en las calles. Una llamada que en noches sucesivas ha supuesto graves altercados en distintas ciudades, provocados por alborotadores con banderas de democracias tan reconocibles como, por ejemplo, la Unión Soviética o la República Catalana virtual. Esa reacción violenta es lo que diferencia a un partido de extrema izquierda de un partido frentepopulista y bolchevique. Lo mismo que la violencia o su ausencia es lo que diferencia a un partido fascista de un partido de extrema derecha.

De la extrema derecha deben preocuparnos sus ideas mediocres, algunas incluso bárbaras, pero no tiene una sola propuesta reconocible que pase, a día de hoy, por romper las normas democráticas. Lo mismo ocurre en Podemos. Puede defender la república, la hegemonía de Cataluña y Euskadi y la subyugación del resto de España a ambas potencias mundiales. Puede defender lo que considere, bendita democracia. Allá ellos y su resultado.

Comparto con Íñigo Errejón esta frase sin matices: "Vox es un síntoma, pero no el mal. No hay cuatrocientos mil andaluces fascistas". Vox es un mal síntoma. Como mala ha sido la reacción. Confío en que la sensatez de mucha gente de Podemos apague pronto la deriva reaccionaria emprendida por Pablo Iglesias el domingo. Si repite su discurso de odio y arrastra a su formación al frentepopulismo sentará las bases para la llegada del fascismo. Momento, ese sí, en el que estaremos todos absolutamente perdidos.





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