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La rotonda

Actitud Loquillo

Cuarenta años de Constitución, cuarenta años de Loquillo, cuarenta años en los que nuestra sociedad se ha vuelto más compleja y por eso presenta fatiga de materiales. Pero también luces. Y una necesidad: volver a sumar.

Actualizada 07/12/2018 a las 11:28
Dos momentos de las votaciones del referéndum constitucional en Zaragoza, el 6 de diciembre de 1978.Arturo Burgos / HERALDO

Dónde está, dónde fue, la Europa que ganamos? ¿Donde está, dónde fue, la España que perdimos?", canta de nuevo Loquillo en su exitosa gira ‘Rock and roll actitud. 40 años’. Mientras suena esta estrofa del siempre melancólico ‘El mundo que conocimos’, al fondo se suceden imágenes con las grandezas y las miserias del siglo XX. En otro momento, proyecta los fusilamientos de Goya y el de Torrijos y sus compañeros liberales, y reivindica a Quevedo, los Machado, las Cortes de Cádiz y el Himno de Riego. Y Loquillo, que no es cantautor, hace de su espectáculo un compromiso: con la libertad, con la igualdad, con la justicia.

Atrás queda el mundo que conocimos, sí, y ya sabemos que la vida iba en serio, también. Pero ahora, invita a pelear por sumar y a defender la España en la que cree, la que lucha por las libertades representada en ese fusilamiento de Torrijos y sus compañeros, o por esa admirable librería Lagun de San Sebastián, que visita asiduamente.

Que Loquillo celebre así sus cuarenta años en la música, sus cuarenta años de actitud ‘rock and roll’, sus ‘no olvides, no traiciones’, lleva inexorablemente a la efeméride de la semana: las mismas cuatro décadas de la Constitución. La carrera de Loquillo es nuestra historia reciente. Épocas mejores, horas bajas. Pero siempre trabajando, fiel a sus principios, mejorando, de pie.

La Constitución de 1978, cuyo aniversario hemos sido capaces de celebrar con la dignidad que merece y por encima del ruido ambiente, lo ha facilitado. Compendia nuestros derechos y obligaciones y es el marco que ha permitido el juego democrático. Sin duda, necesita traerse al presente, pero ha amparado la época más próspera y pacífica de nuestra historia, en un país que, según explica el estudioso Javier Fernández, ha tenido más de 500 pronunciamientos y unas diez constituciones o intentos. Y no somos diferentes al resto de los países de nuestro entorno, en los que se han sucedido tiranías y sufrimientos, solo superados con las constituciones liberales.

Hoy, vuelven a aflorar fantasmas que creíamos conjurados, como los que recuerda Loquillo mientras reivindica la Europa que ganamos y la España que perdimos. Han surgido, de repente, en los resultados obtenidos en Andalucía por esa fuerza excluyente que es Vox. Pero nos hacemos flaco favor si nuestra reacción consiste en demonizar a sus 400.000 votantes. No parece creíble que tantos andaluces compartan el programa de ese partido: probablemente, muchos de ellos ni lo han leído. Como en su momento no leyeron muchos de sus votantes el programa de Podemos, que ayer se quedaba prácticamente solo en su soflama antimonárquica.

Pero es la forma de mostrar su hartazgo ante dos fenómenos: la falta de respuestas a las incertidumbres del mundo que viene y los pecados de la práctica política. La desigualdad creciente entre territorios; el oportunismo, abuso e incoherencia de algunos de nuestros representantes; el insulto y el menosprecio contra quien se puede, como los propios andaluces, que han respondido por la única vía a su alcance: el voto.

Esos resultados invitan a la reflexión y a preguntarnos hacia dónde nos lleva la continua exaltación de las posiciones más polarizadas, cuando fueron el consenso y la capacidad de ceder lo que permitió sacar adelante la Constitución. Los problemas que tenemos no los provoca la Constitución, e incluso cabe refrendar la idea de varios intelectuales de que el actual Rey representa los ideales ilustrados republicanos mejor que muchos de los que se los tatúan.

Nuestro sistema puede presentar fatiga de materiales, pero está entre las 19 democracias plenas del mundo, tal y como reconocen los organismos internacionales y recuerdan las autorizadas voces del vídeo lanzado esta semana por la Secretaría de Estado de la España Global, ‘Esta es la España real’. Somos mejores de lo que nos gritamos. Volvamos a sumar y a superar este momento para el que Loquillo también pone letra en su ‘Rock de Europa’: "Las derechas, las izquierdas no se pueden aguantar / Y en medio de este lío hay que ir a trabajar".





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