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Nacional

La oportunidad del wasap

Un wasap con forma de gran torpeza y revestido de soberbia puede permitir un cambio en el sistema de renovación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. La grave crisis desatada puede convertirse en toda una oportunidad.

Fachada del Tribunal Supremo en Madrid.
Fachada del Tribunal Supremo en Madrid.
Javier Lizón / Efe

Uno de los reproches más recurrentes que sufre Pablo Casado por buena parte de sus críticos -muchos de ellos de su propio partido- hace mención al escaso tino demostrado en la selección de algunos de sus más estrechos colaboradores. A la designación de la exministra de Sanidad Dolores Montserrat como portavoz de los populares en el Congreso -objeto de mofa y chanza por varias de sus intervenciones- se añade Ignacio Cosidó, también portavoz en el Senado, exdirector de la Policía Nacional, y en clara relación de torpeza con el uso de la mensajería móvil de Whatsapp. Cosidó, que sufre más de bravuconería que de indiscreción, ha desmontado con una inconsciente simpleza el último y más polémico acuerdo entre el PSOE y el PP para la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

La fanfarronería de Cosidó logró, pese a que ahora benévolamente se busca su disculpa negando la autoría intelectual del mensaje, el alumbramiento del magistrado Manuel Marchena como nuevo símbolo de la independencia judicial. Marchena, que tan solo reivindicó la definición de su papel como magistrado, renunció a convertirse en una marioneta política al retirarse con la elegancia y la oportunidad que se le suponen a un miembro del Tribunal Supremo. El gesto, que descubre que tras todo haz existe un envés y que gana altura cada día que Cosidó permanece aferrado a su puesto de portavoz en el Senado, confirma, pese a la utilización interesada y retorcida de la frase lanzada por el presidente Pedro Sánchez, "lo idóneo que era -el renunciante- para presidir" el CGPJ.

La vergüenza del acuerdo de renovación ahora fracasado residía en una obscena falta de respeto de los partidos hacia la separación de poderes. Amparados en la legalidad del procedimiento, las dos formaciones mayoritarias junto con Podemos despreciaron el cuidado de las formas y los tiempos. Sin disimulo alguno, el hecho de adelantar el nombre del presidente del CGPJ sin haber otorgado a los vocales la oportunidad del voto, dañaba al poder judicial y lo sumergía en un pozo de desprestigio que golpeaba a su credibilidad.

El rápido desmontaje del acuerdo por los populares tras la renuncia de Marchena puede dar paso, pese a todo, a un proceso de revisión de cómo se eligen a los miembros del CGPJ. Además, Pablo Casado, que se salva del que habría sido un gran error político, deja al PSOE compuesto y sin otra alternativa que la de esperar a la nueva propuesta de renovación. El PP, que presentó el martes una enmienda en el Senado a la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para volver al sistema de 1980 que permitía elecciones abiertas entre los jueces, demostró que no estaba leyendo correctamente lo que ocurría en la judicatura. Tras la crisis de las hipotecas protagonizada por el presidente de la Sala Tercera, Luis María Díez-Picazo, y el propio presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, Casado podía haber evitado el acuerdo que buscaba el exministro de Justicia Rafael Catalá con los socialistas para situarse en una rentable postura renovadora pareja a Ciudadanos. Sin haber activado ningún mecanismo de cambio, Albert Rivera había agitado convenientemente el árbol para recoger los frutos producidos por los errores ajenos. La profundidad del drama de la Justicia, a la que parecen mostrarse ajenos socialistas y populares, quedaba así resumida en el hecho de que para todos resultara digno de encomio que un magistrado renunciase a un cargo futuro para reivindicar algo tan básico como su independencia.

En momentos políticos bien distintos, Sánchez y Casado priorizaron sus intereses en detrimento del respeto institucional. Mientras Sánchez ha terminado por aceptar esta semana que sin presupuestos está abocado a unas elecciones, y para ello buscaba lanzar un mensaje de estabilidad, Casado continuó aplicando la vieja política de su partido, la misma que aseguró estaba dispuesto a cambiar.

El resumen de este juego de tropiezos nos lleva a las puertas del juicio del ‘procés’ y a los riesgos, muchos de ellos amplificados, que se pueden derivar de una imagen de debilidad del Supremo. Ante este escenario habrá que ver cómo se corrige la actual falta de acuerdo entre PSOE y PP y cómo convivirá un presidente en funciones (Lesmes), ya castigado anticipadamente por el Ejecutivo, con la segura pelea política que salpicará a mucho más que al CGPJ.

miturbe@heraldo.es

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