Despliega el menú
Nacional

Nuestros divos

Nuestros políticos se empeñan en presumir de méritos académicos.

La gente inteligente no admira, sino que respeta, estima y comprende.
La gente inteligente no admira, sino que respeta, estima y comprende.

Parece ser que en uno de los momentos más difíciles de su larga vida pública, Giulio Andreotti, el gran ‘capo di capi’ de la Democracia Cristiana italiana, expresó su deseo de ser recordado "más como un hombre culto que como un político". Tal aspiración es reproducida en ‘Il Divo’, película de Paolo Sorrentino. Andreotti la dijo, entre 1992 y 1997, cuando comenzaba a sentirse acorralado por los escándalos de corrupción, mientras arreciaban contra él las acusaciones por las estrategias de tensión terrorista y se sucedían los juicios por los asesinatos de adversarios políticos. Pero claro está, esto simplemente es historia de Italia. En nuestra actual representación de la realidad, la inmediatez de los flujos comunicativos, la posverdad y el presente perpetuo de la política engullen en pocos días las noticias. En agosto-septiembre de este año, la opinión pública española se escandalizó ante las revelaciones de las malas tesis y los estrepitosos títulos universitarios de un puñado de políticos. Obtenidos gracias al don de la ubicuidad y la tozudez de unos dirigentes que pretenden despertar la más antinatural admiración por su cultura. ¿No les da una impresión de ridículo? El escritor austriaco Thomas Bernhard, en ‘Maestros antiguos’, escribió: la gente inteligente no admira "sino que respeta, estima, comprende (…). Pero para el respeto y la estima y la comprensión hace falta inteligencia". Hoy, las informaciones acerca de las imposturas intelectuales de nuestros aprendices de divos, han desaparecido de los medios. Subidas al desván de la nube, posiblemente, aguardan una mejor ocasión para el retorno.

Ignacio Peiró Martín es profesor de Historia Contemporánea (Unizar)

Etiquetas