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El voto femenino cumple 85 años: "El debut no pudo ser más excelente"

Las mujeres inauguraron el 19 de noviembre de 1933 su derecho al voto en unas elecciones generales en España. Así lo contó Heraldo

Portada de Heraldo el 20 de noviembre de 1933
Portada de Heraldo el 20 de noviembre de 1933

Hace 85 años no era lunes, sino domingo. Y aconteció un hito histórico en España: las mujeres tuvieron por primera vez la oportunidad de votar en unas elecciones legislativas. Fue la materialización de un acuerdo plasmado dos años antes, en la Constitución de 1931. Ni Francia ni Italia ni Bélgica ni Argentina, por poner varios ejemplos, tenían entonces sufragio femenino completo.

La intrahistoria del voto femenino en España tiene un protagonista destacado: Clara Campoamor. Ella misma diputada nacional elegida en 1931 para las Cortes Constituyentes -en esas elecciones las mujeres disfrutaron de sufragio pasivo pero no activo- por el Partido Radical, mantuvo un pulso dialéctico con otra representante elegida para las Cortes Constituyentes, Victoria Kent, del Partido Radical Socialista y partidaria de “aplazar el voto femenino” por ser “peligroso” en ese momento, ante la previsión de que las mujeres podrían votar en su mayoría en contra de la república.

En esa tesitura, con gran parte de la Cámara en su contra, Campoamor respondió con un discurso valiente: "(Los hombres) tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo (...) Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho (...) No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias".

El destino quiso que Campoamor no resultara elegida en 1936 en las elecciones que tanto contribuyó a mejorar.

Así contó HERALDO DE ARAGÓN el 20 de noviembre de 1933 -en esa época, y en realidad hasta hace no demasiado, los lunes no había edición- el acontecimiento del voto femenino, dentro de su amplia cobertura de la jornada electoral:

"Era el punto delicado de la jornada la participación de la mujer en la contienda. Como todas las novedades, había en ella motivo de preocupación mientras permaneciera inédita. La prueba está hecha y la novedad dejó de serlo. La mujer zaragozana votó con tranquilidad completa, haciendo uso del sufragio en el ambiente de respeto que la hidalguía aragonesa extremó exquisitamente"

(...)

Las mujeres fueron a las urnas con serenidad, sin inquietudes ni temores, ante las alarmas propaladas, dándonos a los hombres, que, recelosos, en buen número, quedáronse en casa, una saludable lección de ciudadanía. El debut de la mujer en la vida política no pudo ser más excelente".

La votación en las primeras horas de la mañana fue eminentemente femenina. Desde las siete y media se formaron a las puertas de los colegios extensas colas, en las que los hombres tenían una tan escasa representación que podían contarse dos de estos por cada diez mujeres.

(...)

Votaron todas, sin distinción de clases ni matices políticos. Lo mismo en las barriadas obreras que en las secciones aristrocráticas; la nota de animación la dio la mujer. En la fila se confundieron todas para ejercer un mismo derecho y, todas también, supieron respetarse mutuamente. Esta fue otra lección de las muchas que ayer nos brindaron las mujeres".

(…)

“Ni una sola mujer fue víctima de la más ligera coacción. Votaron lo que quisieron y a la hora que quisieron sin que nadie las molestara, a pesar de que hubo colas en las que permanecieron más de media hora. Y hasta se dio el caso peregrina en la cola del colegio del Buen Pastor de que los pocos hombres que había cedieron el puesto a dos señoritas que adujeron prisas por quehaceres domésticos. Más ya no puede pedirse.

(...)

Algunas secciones fueron presididas por mujeres y en muchas había hasta tres que actuaron como adjuntas. Y aquí surge lo interesante, lo que nos sonroja un poco: hubo sección en la que la mujer dirigía el desarrollo de las operaciones electorales, porque los hombres desconocían en absoluto la ley electoral, y cuando se presentaba algún caso dudoso era la adjunta quien resolvía. Igual ocurrió en muchas secciones a la hora del escrutinio, a cuya labor colaboraron muy eficazmente.

Y para el final. Si ayer no hubieran votado las mujeres, a estas horas se habrían repartido entre todos los candidatos unos 20.000 votos. Es decir, que no habría sido válida la elección porque no hubiera alcanzado ninguno el tanto por ciento que señala la ley. Así pues, la mujer zaragozana en su primera actuación política nos ha dado una lección de civismo y nos ha librado de una elección".

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