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Albert Boadella: "A la sociedad catalana le han contado muchas mentiras"

El dramaturgo (Barcelona, 1943) ha participado en el debate Cata de Ideas del Club Cámara, donde intercambió impresiones sobre actualidad con empresarios de Zaragoza

Albert Boadella, en la Cámara de Zaragoza.
Albert Boadella, en la Cámara de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Dígame usted, que siempre ha hecho reír, por qué ahora hay tanto malhumor en Cataluña.

La catalana es una sociedad a la que se le han contado muchas mentiras desde la escuela y tiene que estar constantemente enfurecida con el resto de los españoles. Es la recolecta de 35 años de adoctrinamiento.

¿No tenemos que remontarnos a más atrás?

Esa es una de las grandes mentiras que venden. El catalanismo se inició a finales del XIX, lo anterior es inexistente, una leyenda que se han montado, como si hubieran sido un país independiente, y los aragoneses sabéis que no es así. El catalanismo es una suerte de sentimiento regionalista cuya base es una cierta xenofobia: nosotros somos superiores al resto de los españoles en el sentido de que somos más ricos, más limpios, más cultos... Solo les falta el RH. Esa mentira viene funcionando desde hace tiempo, esa especie de contencioso con el resto de los españoles, que es una absoluta mentira. España no ha sido nunca enemiga de los catalanes, ni de Cataluña, o al menos no más de lo que lo haya podido ser de Murcia o de Extremadura.

En los colegios catalanes se enseña que hubo una corona catalanoaragonesa. ¿Cómo se le rebate eso a un joven independentista?

Es muy difícil, porque tras romper la trama de afectos que une a una colectividad nacional, como es el caso de España, es complicado volver a rehacerla. Solo se puede tratar de aterrizar en la realidad. Esto ya no es una cuestión meramente política. Son una secta, y la política es lo de menos. Es la fe en una Cataluña que tiene que separarse porque es muy diferente al resto de España.

¿Caiga quien caiga? Porque según un impulsor de la Crida Nacional para la República, Agustí Colomines, ‘en todas las independencias ha habido muertos’.

Esto me parece una enorme desfachatez, porque sí que hay muchos muertos civiles. Gente que ha tenido que marcharse de Cataluña porque no encontraba la forma de hacer su trabajo, de estar cómoda.

Pero el independentismo sigue negando la fractura social, que haya familias rotas, amigos que no se hablan.

Fui director de una compañía durante 52 años, Els Joglars, que tuvo que marcharse porque había perdido público por enfrentarse al régimen. Me fui a Madrid, estoy a gusto, lástima que no lo hiciera 20 años antes. Y eso es así. En el mundo del arte, muchos directores catalanes están en Madrid.

Ahora todo es políticamente incorrecto. ¿Ya no tenemos sentido del humor?

España sigue teniendo sentido del humor. Se hacen cosas con una gracia extraordinaria, veo en las redes cosas divertidísimas y de un ingenio espectacular. En Cataluña, el sentido del humor se ha rebajado mucho, y curiosamente tenía una gran tradición humorística, en los inicios del siglo XX había incluso asociaciones dedicadas a ello. Era un humor muy peculiar, muy serio. Se ha perdido porque cuando hay un régimen que señala a los buenos y a los malos catalanes, cualquier broma, cualquier sátira que contradiga al poder, te convierte en un muerto civil.

El nacionalismo está cada vez más fraccionado. ¿Ha llegado lejos pero ya no tiene más recorrido?

Mire, el odio a España une muchísimo, es uno de los elementos de unión más importante, más incluso que el amor. Hemos asistido en el siglo XX a una Europa que montó dos guerras mundiales de ferocidad brutal en la unión del odio al diferente, al contrario, a otro país... muchas veces a causa del nacionalismo. Por lo tanto, el odio a España que se ha generado, feroz, les une. En última instancia, siempre se acabarán uniendo contra lo que consideran que es español.

¿Qué tal lo hizo Mariano Rajoy en Cataluña?

Mal, muy mal, pero sus antecesores no lo hicieron mejor. Sin embargo, él tuvo en sus manos una de las posibilidades de arreglar las cosas, que fue el 155. La aplicación de ese artículo de la Constitución en Cataluña, pongamos que durante dos años, habría podido significar un cambio importante. Que de golpe el Gobierno de la nación tome las riendas y la vida en Cataluña siga siendo normal, que se enseñe en catalán, que funcione la consejería de Agricultura, que los trenes salgan a la hora... habría dado a los ciudadanos, a muchos, la sensación de que, en el fondo, no necesitaban al nacionalismo para que funcionara todo. Incluso el resto de autonomías se habrían planteado muchas cosas, en plan: hombre, si esto funciona con la dirección del Estado, quizá no haya que pagar a tantos diputados. Así que Rajoy desaprovechó la gran oportunidad que tenía en sus manos por ese miedo o cobardía de pensar que allí se organizaría un zafarrancho impresionante. Y no fue así.

Y va Pedro Sánchez y pacta con ellos.

Esto ya es la pérdida total de aquello que antes llamábamos la dignidad, que cada día desaparece un poco más. Sánchez está demostrando una indignidad enorme. Soportar lo que Quim Torra va diciendo por ahí, un señor que forma parte del Estado y que lo ataca directamente, aquí y en el extranjero, y aliarse con esta gente... Me parece de una indignidad absolutamente intolerable. No sabe lo que es la dignidad.

¿El conflicto con Flandes a causa de su apoyo al nacionalismo catalán va a provocar un conflicto diplomático con Bélgica?

Sería lo más positivo que nos podría suceder. La UE debería avisarles, porque si el conflicto se generara, Bruselas estaría del lado de España. Porque lo que está haciendo Flandes es un esperpento. Decir que España no reúne las condiciones para ser una democracia está fuera de toda realidad. Sobre todo ellos, que han refugiado a terroristas mientras España los reclamaba.

Quim Torra acaba de estar en Ginebra para tratar de recabar apoyos. ¿Los tiene?

Esta gente, especialmente Carles Puigdemont, pertenece a una raza de frescales que no tienen ideología, ahora están aquí como mañana podrían estar en otra parte. Son tipos aprovechados, se aprovechan de una situación, y aquí han encontrado un canal que les funciona. No tienen ideología alguna y deben basarse siempre en la ficción, en la mentira. Y para ello se necesita a un frescales, como Puigdemont y Torra, sin sustancia ideológica. Igual dentro de diez años les vemos en otro lado.

Usted tiene raíces aragonesas. ¿Qué opinión le merece que hayan pintado de amarillo, el color de los independentistas, la cruz del Aneto? 

Cuantas más ridiculeces, más insensateces, hagan ellos, más material tenemos nosotros para ponerles el espejo delante. La base de Tabarnia (el nombre de una parte del territorio de Cataluña propuesto por la organización Barcelona is not Catalonia??, que propone crear una nueva comunidad autónoma española uniendo varias comarcas de las provincias de Tarragona y Barcelona y de la que Boadella es su 'presidente en el exilio') es la de establecer una distancia y provocar que el resto de catalanes se rían un poco. Porque pintar la cruz del Aneto de amarillo... ¡Hay que ser gilipollas! Son ganas de provocar, pero ganas absurdas, sin gracia. Forma parte de un estado mental bastante deficiente.

Vox resurge ahora con un discurso de extrema derecha que aboga por prohibir los partidos independentistas, centralizar España... ¿Cala aquí este discurso?

Cala, y calará, porque hay gravísimos problemas que los gobiernos españoles no han sabido solucionar, entre ellos el de Cataluña. Y hay una parte de ciudadanos cabreados con muchas cosas, y no solo con el nacionalismo. También con la falta de control migratorio, que hay que solucionarlo muy bien y con inteligencia. Es necesario establecer qué límite de aceptación tenemos los países europeos, no solo España, y eso no se ha solucionado. Son problemas que los gobiernos no saben enfrentar y el resultado es una extrema derecha, algo que no sucedía en España. Ahora ha surgido, pero no de la nada, sino como consecuencia del mal gobierno que hemos tenido durante muchos años. Esto va a ir a más, la ultraderecha se configurará, como lo está haciendo en muchos otros países, como Francia o Alemania.

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