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Nacional

Concordia inteligente

En la arena política española predominan excesivamente el enfrentamiento y la crítica destructiva del adversario. Los partidos deben entender que sería más eficaz para el bienestar de la sociedad una política que permitiese la colaboración y el acuerdo.

La lucha política debe dejar espacio para el entendimiento.
La lucha política debe dejar espacio para el entendimiento.
HERALDO

Una ideología política es una colección de ideas que ciertas personas consideran que son las mejores para gobernar y para desarrollar un sistema económico. Se supone que todas las ideologías políticas actuales persiguen hacer más feliz al pueblo. Como todos ustedes saben, hay muchas alternativas diferentes que van desde la extrema izquierda, pasando por el centro, hasta llegar a la extrema derecha.

Empezaré manifestando mi respeto por los planteamientos de cada persona así como de cada partido político o asociación que manifiesta, dentro del orden establecido, ganas de participar para intentar que se alcance la felicidad de la sociedad en la que está inmersa. Pero ahora observen la siguiente acepción extraída del ‘Glosario de conceptos políticos usuales’ editado por ‘eumed.net’.

«Arena política: Es el ámbito donde las distintas políticas-programas de acción, las organizaciones políticas que las sustentan y los hombres políticos que las animan entran en contacto, luchan por el predominio y también llegan a distintas formas de compatibilización y entendimiento».

A la vista de esa definición, si uno se deja llevar por la información que recibimos de lo que acontece en la arena política española, la sensación que saco es que hay más de lucha y derribo que de entendimiento. En estos momentos, los partidos viven una democracia interna de baja calidad, en la que el concepto de tensiones internas es un eufemismo para no utilizar otra palabra más franca. Además, la dichosa arena política es hostil, endogámica, autodestructiva y, al parecer, nuestros representantes en la Cámara Baja y en el Senado son seres con una capacidad creativa que está completamente escorada hacia la erosión y el escarnio. A estas alturas del partido de mi vida, resulta sorprendente que los partidos no hayan evolucionado a otros tipos de comportamiento más elevados, más eficaces y más eficientes para resolver problemas y conseguir acercarnos a esa felicidad añorada.

Digámoslo de otra manera. Supongan que cuatro seres humanos intentan levantar y desplazar una piedra de cien kilos que se encuentra en un camino por el que hay que pasar de manera inevitable. Cada uno tiene fuerza diferente pero solo entre los cuatro unidos puede resolverse el problema. Si cada ser humano representa un partido y, por ejemplo, la piedra es el problema del paro, imagínense la escena, tirando cada uno a su estilo a la vez que intenta molestar al resto. Seguro que les saldrá un rictus de sonrisa amarga, de estado de ánimo doloroso o de enfado.

Es inadmisible que una vez que un partido ha ganado las elecciones, los demás se dediquen a desprestigiarlo y jeringarlo para dificultar su acción de gobierno y hacerle perder las siguientes elecciones. Ahora pregunto, de una manera simple pero no infantil: ¿no sería mejor que habitualmente todos ayudaran a quitar las numerosas piedras del camino y que en las próximas elecciones gane el partido que mejor sepa explicar cómo su ideología permitiría resolver los problemas pendientes?

Y ahora no me vengan con la milonga de que eso es imposible. Si no saben hacer otra cosa mejor que lo que están haciendo, váyanse que así solo van a hacer felices a aquellos que se aprovechan del funcionamiento del sistema para medrar, pero no al resto. Si no, pregúntenselo a todos aquellos jóvenes cuya vida, ya sea en España o fuera de ella, está sufriendo el fracaso de su acción. ¿No les da vergüenza?

No se puede continuar con una visión tan cerrada de la actividad partidista. ‘La unión hace la fuerza’. Este lema, según la Wikipedia, fue utilizado originalmente por la República holandesa; y se deriva de la frase en latín ‘concordia res parvae crescunt’ (las cosas pequeñas florecen en la concordia), del capítulo décimo de la ‘Bellum Iugurthium’, obra del escritor republicano romano Salustio.

Francisco José Serón Arbeloa es catedrático de la Universidad de Zaragoza

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