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Nacional

Fosbury y el listón de Sánchez

OPINIÓNACTUALIZADA 28/09/2018 A LAS 05:00
El Gobierno está ahora más atareado en defenderse que en velar por su proyecto.
El Gobierno está ahora más atareado en defenderse que en velar por su proyecto.
Ballesteros / Efe

El acierto del joven atleta Dick Fosbury fue atreverse a saltar de espaldas. En los años sesenta elevó el listón de la prueba de altura mediante una técnica inesperada, casi estrambótica, pero muy efectiva pese a obligar a la colocación de una colchoneta para amortiguar la caída. Sin mirar la barra del nivel o tan solo observándola de reojo era posible superarla. Pedro Sánchez, que aseguró en su moción de censura que miraría de frente a la corrupción, optó por subir el listón ético de su Gobierno ignorando si sus ministros podrían rebasar el reto de la altura sin sufrir daño alguno. La exigencia, la autoimpuesta y la que parecía definir a la recién estrenada etapa pos-Rajoy, hizo que Màxim Huerta lograse el dudoso mérito de convertirse en el ministro con el mandato más breve de la Democracia. Recompuesto del golpe, Sánchez descubrió cómo un plagiado trabajo de máster obligaba a Carmen Montón a abandonar su despacho del Ministerio de Sanidad. El listón, acorde a los requerimientos establecidos por el propio presidente, seguía igual de alto, aunque tembloroso y amenazando caída.

Objeto de un duro y sistemático acoso, que al no descubrir ninguna ilegitimidad en el mecanismo de la moción de censura que le sirvió a Sánchez para alcanzar la Moncloa busca el desprestigio del presidente y sus ministros, el Ejecutivo ha quedado atrapado en una insoportable provisionalidad que anuncia cada mañana un nuevo sobresalto. Pueden ser las conversaciones entre la ministra de Justicia, Dolores Delgado, y el más abyecto de los comisarios o la sociedad patrimonial del astronauta Pedro Duque, pero la evidencia describe a un Gobierno tambaleante, más atareado en defenderse de los ataques externos que en velar por su proyecto político.

Las debilidades del Gobierno son objetivas y obligan a interrogarse sobre el perfil de los escogidos que, pese al marchamo inicial de frescura, se ha demostrado que continúan formando parte de una red endogámica de relaciones que no ha roto el asfixiante cerco de la política. Pese al empeño por agotar la legislatura y la ayuda recibida con la nueva ‘cocina’ del CIS, a Sánchez solo le queda resistir con su gabinete. Convencido de que ningún ministro más puede presentar su dimisión, quizá ahora piense que la solución es aprender a saltar de espaldas y convocar elecciones.

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