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Nacional

Globos, cortinas y pillerías

El Gobierno de Pedro Sánchez ha recuperado el globo sonda y la cortina de humo como modelos de actuación política. Dos herramientas mediáticas que se han unido a la pillería que significa la búsqueda del atajo para eludir el control del Senado.

Si el presidente se ve en apuros, siempre puede sacar un conejo de la chistera.
Si el presidente se ve en apuros, siempre puede sacar un conejo de la chistera.
Krisis'18

Afectados por un modelo de actuación timorato, un punto cobardica, se ha recuperado el globo sonda como antesala de la decisión política. Sin distingos ni diferencias ideológicas -el mal se encuentra extendido-, la estrategia describe que primero hay que mostrar tímidamente la intención, esperar después a descubrir cómo bulle la masa y, por último, anunciar la decisión si conviene y no inoportuna en exceso. El Gobierno de Pedro Sánchez, presa de una evidente debilidad parlamentaria, ha elevado esta práctica hasta la hipérbole y lo mismo sondea la subida del litro del diésel que se interroga sobre la supresión de la desgravación de los planes de pensiones. Probar y descartar para volver a insistir sin lograr definir, todo un enmarañado juego que incorporado al vocabulario del Ejecutivo concede alimento a todos y cada uno de los días de esta legislatura compartida.

Como variante del globo sonda también existe la cortina de humo. Nuevamente sin patente de originalidad, la desviación de la atención, el despiste, actúa como señuelo para forzar un giro de la presión mediática. Tan ramplón como efectivo, permite piruetas inesperadas que saltan desde una tesis doctoral hasta una reforma exprés de la Constituciónpara suprimir los aforamientos. Un malabarismo que concede oxígeno por unas horas, pero que siempre termina por diluirse. La eliminación de los aforamientos, interpretada como una propuesta de choque, ataja el síntoma mientras ignora la enfermedad. Actúa como un fuego de artificio de color y sonido cautivadores sin adentrarse en el origen de un problema que se centra en la elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. Forzado el giro mediático, aplacado el ruido causado por el doctorado de Sánchez, poco importa descubrir que la supresión de los aforamientos no afectará a los miembros de los parlamentos autonómicos (para este cambio es imprescindible una revisión estatutaria) o que la eliminación del privilegio solo computará para cuestiones de naturaleza privada. Calificar de treta la propuesta, tan reiteradamente reclamada por los partidos, puede resultar un exceso, aunque sí causa una abierta desazón descubrir que el debate de la reforma constitucional queda reducido al empleo de un oportunista artilugio quirúrgico que pretende eclipsar una incomodidad del presidente. Una pillería menor, un detalle insignificante si se compara con la argucia parlamentaria del PSOE para eludir el veto del Senado y sacar adelante los presupuestos generales de 2019. Todo legal, todo bien amparado, aunque con el amargo tufillo de una democracia de baja intensidad que prefiere el atajo a la tramitación y el debate. Estas pillerías tampoco son originales de este Gobierno. Los años del PP, con José María Aznar como principal impulsor, también descubrieron las ventajas, pese a esgrimir siempre una escrupulosidad en lo legal, de saltarse los controles parlamentarios.

Cierran esta galería de recursos del mal político la descoordinación, la improvisación y la rectificación forzada y apresurada, todas ellas cargadas de bisoñez y que son empleadas –tal y como ocurrió ayer con las primeras y segundas declaraciones de la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, sobre su deseo de un posible indulto en el futuro de los líderes independentistas– para nutrir de golosas contradicciones a los informativos nacionales. Son las declaraciones encontradas entre una ministra y un presidente del Gobierno que nos adentran en un mundo que explica que con el envío de 400 bombas a Arabia Saudí y un millonario contrato de cinco corbetas no hay problema en asegurar que donde dije digo, digo Diego.

miturbe@heraldo.es

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