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Opinión

La corrupción del conocimiento

En algún momento habrá que serenar los ánimos. La política hoy es una bomba de neutrones que solo mata políticos. Los adversarios son hoy enemigos, nadie habla con nadie, no hay acuerdos solo enfrentamiento.

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Tal vez fue por el mal de altura propio de todo presidente recién aterrizado que no acaba de bajar del Falcon. Tal vez fue indignación personal por una acusación injusta o falsa. O tal vez solo era miedo. Lo cierto es que movido por algún sentimiento alejado de la razón, el presidente Sánchez contestó. El primer gran error de Sánchez fue ese, contestar. Pudo no haberlo hecho porque la morcilla que introdujo Albert Rivera en la pregunta parlamentaria estaba fuera de reglamento, aunque no de guión. Sánchez, imagino que llevado por un ritmo cardiaco acelerado, picó. Habló de su tesis. El segundo error fue el contenido de la respuesta. Poco consistente. ¿Por qué si la tesis de Pedro Sánchez fue publicada por otro autor en un libro no hizo referencia el presidente a ese libro? ¿No era más sencilla esa respuesta añadiendo algo así como un "lea usted más señor Rivera"? ¿Por qué se refirió a que estaba colgada en Teseo –y "accesible para cualquiera"– si no era cierto? Vaya por delante que creo en la honestidad del presidente porque creo en la sacrosanta presunción de inocencia. Sin perjuicio de que habrá que reconocer que su pésima gestión de una pregunta parlamentaria tan simple como esperada le ha metido en un atolladero que exige mejores y más contundentes explicaciones públicas.

Con lo de la tesis, el presidente está a solo un error de colapsar al Gobierno. Dos ministros se tienen que ir por lo que se tienen que ir y ahora esto. Un bagaje demoledor para un Gobierno que se anunció a sí mismo como el de la dignidad. Ya veremos qué hace el PP. Con Casado lo tiene crudo. Ciudadanos no va a dejar pasar la oportunidad de desgastar al presidente. Están en su derecho. Él lo hizo con otros, y también estaba en su derecho. –"Es usted un presidente indecente", le dijo a Rajoy–. Y a Rajoy se le quedó una cara a medio camino entre la incredulidad y lo rocoso. La misma cara de no-sabe-usted-con-quien-está-hablando que le puso Sánchez a Rivera. Lo de Podemos es más enternecedor: el PSOE era la casta corrupta a la que llenar los escaños con cal viva y ahora hay que ver cómo salen los ‘Echenique’s bot’ a defender a cualquier miembro del Gobierno en apuros. Ni que sin Sánchez les fueran a apagar la tele.

En algún momento habrá que serenar los ánimos en la política española y en algún momento habrá que defender la dignidad del ejercicio de la política. Esto se ha convertido en un lodazal. De aquí no puede salir nada bueno. Los adversarios son hoy enemigos, nadie habla con nadie, nadie cede nunca, todos desprecian lo que les es ajeno. No hay acuerdos, solo enfrentamiento. La política hoy es una bomba de neutrones que solo mata políticos. Una máquina de picar carne. El problema es que los actores actuales fueron los que abrieron el camino del desprestigio, de su propio desprestigio. Corrompidos o corruptores. Culpables o inocentes. Utilizando la corrupción ajena como arma sin importar métodos, cayese quien cayese con o sin juicio. Sustituyeron los tribunales de justicia por los tribunales populares. Se tragaban medidas populistas e inútiles para disimular el cenagal en el que estaban. Se pusieron tontos de aprobar medidas en los parlamentos para "atajar la corrupción", que básicamente pasaban por endurecer los mecanismos de entrada y salida de la política. Que nadie con un magro bagaje profesional pudiera plantearse participar activamente en la vida pública sin renunciar a una vida mejor. Y así, el ‘nini’ se hizo carne y luego concejal, y habita entre nosotros. Fueron los políticos los que se pusieron a sí mismos bajo sospecha asumiendo las tesis más populistas por temor a que oponerse les tachara de coadyuvantes de la corrupción en la que se habían metido. Un circulo vicioso. Cada medida contra la corrupción ajena era para tapar la propia. Se pasaron de frenada y ahora todos lo pagan en sus propias carnes. Hasta el Gran Inquisidor vive hoy en un chalet que está bajo vigilancia anti asaltos. El país está histérico.

Sustituyeron los valores por las marcas. El resultado es una clase política zarandeada y agresiva. Incapaz de legislar. Incapaz de avanzar. Ahora están que se atizan con la corrupción del conocimiento –el plagio es la peor de las corrupciones intelectuales– como antes se atizaban con la corrupción de la pasta.





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