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Nacional
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Penas, penados y penitentes

Por
  • Víctor M. Serrano Entío
OPINIÓNACTUALIZADA 29/06/2018 A LAS 05:00
El presidente del Gobierno, el pasado miércoles, en el pleno del Comgreso.
El presidente del Gobierno, el pasado miércoles, en el pleno del Comgreso.
Juan Medina / Reuters

El miércoles, Día de las Víctimas del Terrorismo. Sánchez elige ese día, con presencia de las familias de los asesinados en el Congreso, para hacerse la foto del acercamiento de los terroristas al hogar. Ni la banda sonora de turrones el Almendro escuchándose de fondo le mejoraría a Iván Redondo un ‘spot’ tan poco publicitario. También el miércoles, auto del Tribunal Supremo, contundente en su argumentación jurídica, señalando de manera certera que los golpistas presos están ahí por rebelión. O sea, que están presos por golpistas. La foto que elige Sánchez es la de hablarle bajito a Rufián, mientras Rufián le fustiga, y la de anunciarnos que estos presos también vuelven a brazos de Torra, que tiene las competencias en materia penitenciaria, para que haga con ellos lo que quiera, o mejor dicho que ellos hagan lo que quieran con Torra. Al final va a resultar que las emergencias sociales de este país eran solo urgencias penitenciarias.

El Gobierno de Pedro Sánchez no va a envejecer bien. Tiene razón el presidente cuando dice que su Gobierno no es un gobierno hipotecado, porque las hipotecas, al menos, tienen un vencimiento mensual y previsible, por un importe exacto conocido, y unas cláusulas que deben comprender las partes. A Sánchez, que ha abierto la peligrosa y estúpida senda de intentar contentar a los históricamente irrefrenables nacionalismos separadores, le va a llegar el vencimiento de la cuota día sí y día también. Por eso no se recuerda desgaste mayor de un gobierno en dos semanas en estos tiempos en que ya ni siquiera los despiadados más educados tenemos la cortesía de dar cien días de gracia. Vistas estas dos semanas de levantamiento del control a las cuentas del independentismo, para que el independentismo nos ajuste las cuentas a nosotros, o sea, avance en la campaña internacional, reabra las embajaditas del ‘tot a 3 euros’, y en definitiva, siga arrinconando a media Cataluña contra la otra media, debemos preguntarnos si todo obedece a una estrategia o a un desatino del Gobierno. Es decir, si todo esto es algo premeditado en pago a los apoyos que el presidente recibió de quienes consideran que los españoles somos un bache en el ADN de los seres racionales o si es que el presidente realmente cree que lo que está pasando en Cataluña es tan simple como le cuentan Miquel Iceta y Meritxell Batet.

Si permite que Torra se pasee por Estados Unidos y cree un ‘conflicto diplomático’ con el embajador español, porque de manera premeditada y previamente pactada decidió pagar ese precio a cambio de los apoyos recibidos, estamos ante un grave problema. El problema, no obstante, no será menor aunque sí algo más higiénico y menos podrido si todo esto obedece a que Pedro Sánchez se cree en serio la versión PSC del conflicto catalán, una visión reduccionista y absurda. Reduccionista, porque solo ve un conflicto entre Cataluña y el resto de España, como si no fuera aún mayor y de carácter principal la brecha abierta entre los propios catalanes. Absurda, porque se centra en culpar al Gobierno del PP de la situación catalana, lo que les lleva al error de creerse menos enemigos del separatismo que Ciudadanos o el PP y más amigos de Rufián que Pablo Iglesias. Pero el PP ya no está y los separatistas campan a sus anchas sin que se les oiga nada distinto a lo que veníamos oyendo.

De momento, el roto que Cataluña está haciendo y seguirá haciendo en el Gobierno queda condensado en el patetismo de la defensa de Borrell al embajador de España en EE. UU. Pensábamos que Borrell quedaba para abrir los ojos del mundo y lo tenemos defendiendo al embajador de España ante un ‘conflicto diplomático’ con el ‘embajador’ de la ‘república catalana’. Un papelón tan gordo como inútil, porque en la mera visualización del ‘conflicto’ Torra ya ha ganado. ¡Ay!, Josep Borrell, ¿recuerdas aquel día en el que arengabas en Barcelona a más de un millón de catalanes hartos del acoso independentista? ¿A que parece que fue ayer?

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