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La carta

OPINIÓNACTUALIZADA 25/06/2018 A LAS 05:00
La demanda de banderas de Tabarnia se dispara en Cataluña
La demanda de banderas de Tabarnia se dispara en Cataluña

Leo la carta del padre de Alberto ‘Trip’, el joven grafitero español muerto en Londres arrollado por un tren mientras pintaba, y se me parte el corazón. Su historia lo borra todo y deja sin sentido este Mundial raro en el que sobreviven a duras penas los grandes y siguen los segundones, y me hace olvidar los desaires de Quim Torras al Jefe del Estado, y la vuelta de Mariano Rajoy a donde salió, a su registro de Santa Pola y renunciando a todo, dejando, eso sí, un lío monumental en el PP, a su antecesor José María Aznar hablando sin parar y a su sucesor, Pedro Sánchez, de foto en foto.

Nada es lo suficientemente importante como esta crónica rápida y estremecedora del padre de un chaval inquieto, como tantos, como esos hijos que buscan en si mismos su camino ante la mirada impaciente de los padres. Que dice sin decir lo complicado que es ver crecer y ver volar a un hijo. Saber ponerte a su lado y acompañarle, sólo acompañarle en la vida. Dejar que se equivoquen. «La infancia es un cuento de hadas, Alberto, y la adolescencia un auténtico ‘thriller’», dice.

Pienso en los padres de los de la Manada, ya libres, y en los de su víctima, arropada siempre por el clamor de las calles, pero ahora doblemente víctima, al fin y al cabo. Y en la campaña que se ha iniciado en Sevilla de boicotear a todo aquello con lo que tengan relación el Prenda y su panda, y da miedo saber de lo que es capaz el odio humano. De los que somos capaces todos.

Lo veo de camino a la playa, a la salida del peaje de Fraga, cuando te adentras en un mundo imposible lleno de lazos amarillos, como si estuvieras en medio de una guerra olvidada y doliente. Y cruzas el Ebro por Flix casi con rabia, enmarcado en amarillo un puente que parece el viejo Mostar, a orilla del río Neretva, uno de los símbolos de la disolución de Yugoslavia. Pero nada es eso. Es una mala realidad hasta llegar a la costa en la que por primera vez ves banderas españolas y te preguntas cómo narices hemos llegado a esto, cómo narices vamos a salir de esto.

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