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La Reina de Corazones

OPINIÓNACTUALIZADA 23/06/2018 A LAS 05:00
Máxim Huertaen el momento de anunciar su dimisión como ministro de Cultura y Deporte
Máxim Huerta, un breve ministro de Cultura y Deporte
Efe

La Reina de Corazones ordenó que le cortaran la cabeza al ministro que había defraudado al fisco. En el País de las Maravillas que estamos creando, cometer un acto sancionable, aunque se salde la deuda con la Justicia, implica la incapacidad para gobernar. Como es una decisión estrictamente política, poco importa que la pena de inhabilitación para el ejercicio de un cargo público solo pueda ser establecida mediante una sentencia judicial. Y menos importa, por lo que se ve, que esta práctica excluyente desincentive la reinserción y aparte del servicio público a personas valiosas. Impedir por principio que alguien ocupe un ministerio porque recibió una condena no es un síntoma de salud democrática, sino de hipocresía. La misma hipocresía que sí permite, por contra, que un supremacista declarado presida una comunidad autónoma.

Respecto al caso referido, en lugar de la dimisión casi fulminante que se produjo, a mí me hubiera parecido un acto en verdad regenerador y de más altura de miras que la persona en cuestión hubiera admitido que actuó mal, comprometiéndose a hacer lo correcto en adelante, sometido al pertinente escrutinio. De haber hecho esto, en vez de presentarse como víctima de una jauría, Màxim Huerta se habría ganado mi confianza y el aprecio político que le negué cuando llegó al cargo.

En general, la demostración de pureza de sangre que empieza a exigir la política actual, por la que todo candidato tendrá que superar un cribado acorde al criterio de honradez homologado en cada momento, dejará el poder en manos de los individuos con más medios y con menos escrúpulos para la ocultación, la falsedad y la manipulación de datos. Bob Dylan cantó hace medio siglo que «si los sueños que pienso pudieran ser vistos, pondrían mi cabeza en una guillotina». Pues bien, la hipótesis se ha hecho realidad. Ya ha llegado el día en que los sueños pueden ser vistos en forma de historial informático, dejando nuestras cabezas a merced de la Reina de Corazones.

jusoz@unizar.es

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