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El desmarque

Por
  • Alejandro E. Orús
OPINIÓNACTUALIZADA 20/06/2018 A LAS 05:00
Núñez Feijóo anuncia que no será candidato a la presidencia del PP
Núñez Feijóo anuncia que no será candidato a la presidencia del PP

Si hay algo subversivo en estos tiempos raros poblados de ‘influencers’ y ‘community managers’ es apostar por lo inesperado, elevar la testuz sobre el resto de la recua y adentrarse por vericuetos insólitos. Hay abundante literatura y también muchas películas que nos han contado todo eso a través del género de aventuras. El héroe, a fin de cuentas, representa la esencia de la individualidad que se arriesga y que triunfa. En ese caso la masa, expectante, queda agradecida.

El individuo se forja de forma definitiva no cuando simplemente compite como tal, sino cuando elige cuál es la competición en la que le interesa pelear. Eso desconcierta a muchos porque los usos sociales implican contiendas bien tasadas de antemano, sea en forma de carreras universitarias, cargos laborales, hipotecas bancarias... Con frecuencia, elegir dónde quieres competir no pasa del anhelo, pero conviene mantenerlo.

La renuncia de Alberto Núñez Feijóo a liderar el PP expresa bien ese gesto que en lo futbolístico podría vincularse al desmarque, el giro imprevisto que sorprende y acaba animando el juego, al margen de cuál sea el resultado final. Y aunque las renuncias pueden llegar a entenderse como una prueba de debilidad, a menudo delatan lo contrario: fortaleza de carácter, tal vez un criterio propio.

Uno empieza a intuir eso con los años, acumulando renuncias y desengaños. Únicamente una cierta elegancia en la manera de asumirlas puede salvarnos del naufragio que, según Victor Hugo, es la vejez.

En este sentido el verano, que empieza mañana, es un pequeño refugio. Las competiciones y las urgencias parecen relajarse y se ensancha la distancia con lo cotidiano.

Todo es falso, por supuesto, porque todo queda latente y nada desaparece. En el fondo, el verano es una ilusión compartida que se repite, al estilo de la Navidad pero con sol y crema bronceadora. Lo que resulta extraño es que mantengamos entre todos un artificio tan colosal, sabedores de cuál es la realidad, pero empeñados en driblar, por un tiempo, todos sus rigores.

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