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¡País!

OPINIÓNACTUALIZADA 30/05/2018 A LAS 05:00
¡País!
¡País!

Hace algunas semanas falleció Antonio Fraguas ‘Forges’. Sus personajes denominados Blasillos comentaban la realidad del momento por medio de ocurrentes y mordaces frases, siendo casi siempre la respuesta final: "¡País!". Hoy nos viene pintiparada esta frase, además de servir para rendir homenaje a tan gran humorista.

¡País! es casi lo mejor que podemos decir de nuestra situación actual. No hay forma de entender la respuesta que nuestros gobernantes están dando a los hechos que ellos mismos han provocado. Es inconcebible que una colección de bomberos pirómanos de este calibre siga pensando que son la solución.

Creo que un mínimo ejercicio de introspección nos puede aportar algo de luz y ayudarnos a clarificar las ideas. Piense cada cual si en su trabajo diario podría haber estado negando durante años hechos que se están demostrando probados. Considere cada quien si le está permitido defender un ‘leitmotiv’, usándolo como arma arrojadiza contra el que no lo comparta, y súbitamente actuar de forma contraria. Imagínese el lector azuzando a parte de sus compañeros contra otros, culpándolos de todos sus males, sin mayor argumentación que eso, que son los otros. Creo que todos estaremos de acuerdo en que ninguno podríamos hacer lo anteriormente escrito sin que ello tuviera unas consecuencias graves e insospechadas. Pues esto es lo que están haciendo gran parte de los que aparecen en los telediarios todos los días, y no me refiero a los jugadores de los equipos de fútbol.

De lo que sí estoy convencida es de que los grandes apoyos de los que alardean, la seguridad que pretenden y las certezas de las que presumen son parte de su propia falsedad. Las personas de verdadera relevancia, sea económica o intelectual, que he conocido a lo largo de mi vida nunca han mostrado un comportamiento así. Precisamente por ser relevantes no forman parte de la masa gregaria acrítica que soporta a dirigentes como los que tenemos. Su nivel de simpleza es casi insultante. Los auténticos líderes, y España los tiene, saben que el espectáculo no es la mejor manera de crear cosas de auténtico valor. Tienen claro que muchas veces hay que dejar la primera línea a otros. No quiero decir que traten de gobernar desde las sombras, pues son bien conocedores de que el estar al frente siempre supone un gran desgaste. Pero también creo que inducen y apoyan a aquellos que desean estar en primera línea de fuego. Pero todo tiene un límite y, en mi opinión, algunos de nuestros dirigentes han cruzado todas las líneas rojas posibles. Considero que no cuentan con apoyos para continuar en sus cargos, a pesar de que lo nieguen.

¿Qué puede llevar, entonces, a determinados políticos a resistir en unos cargos que solo les pueden reportar disgustos? ¿De verdad están convencidos de que tienen una misión que solo ellos pueden desempeñar? ¿Tan ciegos están que no ven que la aseveración ‘o yo o el caos’ es totalmente falsa? Si es así, creo que deben marcharse cuanto antes y dejar que personas menos contaminadas los sustituyan. Si no lo piensan y todo ello es una consecuencia más de la farsa en que han convertido la política, creo que deben marcharse cuanto antes y dejar que personas menos contaminadas los sustituyan. La frase es la misma que la anterior, pero esto no es ninguna errata ni reiteración literaria. Simplemente, la conclusión es la misma.

Ya no es posible continuar así. Un país como España no se merece estos gobernantes ni muchos de estos políticos. Basta ya de medias tintas y digamos alto y claro que, aunque no es nuevo, nuestros dirigentes no están a nuestra altura. Debemos estar orgullosos de nosotros mismos y afirmar sin falsa modestia que somos mucho mejores que ellos. No, España no está en riesgo de caer en el caos si los corruptos, los mentirosos, los que incitan las luchas fratricidas dejan el gobierno. España estará en peligro, y muy grave, si seguimos mirando para otro lado y dejándoles hacer. Gobernar un país es mucho más que ocupar un cargo. Es un ejercicio de responsabilidad que exige que el que lo ejerza tenga una altura moral que, desgraciadamente, los actuales no han demostrado tener. El desparpajo y la negación de la realidad en parlamentos y ruedas de prensa no deben ser las virtudes que adornen a nuestros políticos. Es nuestra responsabilidad.

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