Nacional
Suscríbete por 1€

Es 'Billions', primo

Por
  • Víctor M. Serrano Entío
OPINIÓNACTUALIZADA 25/05/2018 A LAS 05:00
Es 'Billions', primo
Es 'Billions', primo
H

El alcalde de Cádiz, José María González ‘Kichi’, le ha escrito una carta abierta a Juan Carlos Monedero. Las cartas más valiosas son las del desamor. El amor postal es siempre ñoño. El desamor, sin embargo, encuentra en la carta el subrayado que necesita toda bilis para dejar de ser solo secreción hepática y convertirse en argumento.

Kichi, que no se maneja bien con la diplomacia, viene a decirle a Monedero, portavoz oficial de la familia Iglesias-Montero (orden asignado mediante sorteo), que no pueden confundirse de bando. En esa frase ("lo que no nos perdonarán es confundirnos de bando") está sintetizado el ser y el deber ser de Podemos. El alcalde de Cádiz es de una sinceridad reñida con cualquier embajada. Si llega a ser Kichi el que les escribe la epístola ‘a los adefesios’, tal y como hizo San Pablo, en la primera línea ya le sale un "¡pero qué feos sois, desgraciados!".

La esencia del pensamiento kichineriano está en que Podemos no puede confundirse de bando. El populismo exige que haya bandos y que la sociedad horizontal se transforme en vertical. Que haya pobres y ricos, poderosos y desvalidos. El populismo vive de placas tectónicas chocando y de que debajo quede gente atrapada con argumentos para poder culpar a los de arriba. Así que habrá que concluir que Pablo Iglesias ya ha elegido en qué lado de la placa quedarse, y no es el de abajo. Lo cual es tan legítimo como erróneo si tu profesión es la de líder natural de los oprimidos. En ese sentido Pablo Iglesias se ha revelado como el peor populista del mundo.

No creo que haya que exigirle a Pablo Iglesias un átomo más de ejemplaridad que a cualquier otro político. El populismo como hoguera y la corrupción como gasolina tienen la responsabilidad de haber traído a la vida política la vida del político, o sea, el escrutinio basuriento de la vida personal de los políticos. En esto, como en tantas y tantas cosas, los extremos se tocan, y ya no son distinguibles las exigencias del populismo europeo de las del puritanismo norteamericano.

‘Billions’ es una serie sobre la política del poder. Toda la serie gira en torno a la despiadada lucha de dos titanes: Chuck Rhoades, fiscal de Nueva York, y Bobby ‘Axe’ Axelrod, rey de los fondos de inversión. En los primeros capítulos de ‘Billions’ surge el gran dilema para Axe. Un dilema que –aun con sus notables diferencias– se me antoja similar al que tuvieron que resolver la pareja Iglesias-Montero. Axe quiere comprar una casa lujosísima justo en el momento en el que el fiscal Rhoades le está investigando. Sus economistas le animan a comprarla:

—¿Cuándo ha sido un crimen tener éxito en este país?.

Su abogado le advierte:

—La gente odia a los que compran cosas así.

Luis Buñuel no hizo sátira cruel sobre las contradicciones burguesas en ‘El discreto encanto de la burguesía’ porque a Buñuel lo que le interesaba de los personajes de la película es que quisieran pero nunca pudieran comer. No es simbólico, a Buñuel le interesaron siempre mucho las frustraciones. Cabalgar entre contradicciones, como dijo Pablo Iglesias, no tiene nada que ver con cabalgar a lomos de la contradicción, que es lo que ha traído el líder a su formación. Es lo que va de ‘Juego de Tronos’ a ‘Billions’. Está ya en la política del poder y en el poder de la política y es comprensible que eso satisfaga al sistema tanto como decepciona a buena parte de ‘La Gente®’.

Entre ‘Billions’ y ‘El discreto encanto de la burguesía’ Kichi se queda con la frustración buñuelista de que en Podemos será difícil a partir de ahora un ‘remake’ creíble de ‘La estanquera de Vallecas’. No era esto, primo.

Etiquetas