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El caso de la pecera

Cristina Cifuentes, en la comparecencia en la que anunció su dimisión.
Génova cree que Cifuentes debe dejar también la Presidencia del PP de Madrid
Reuters

El caso es que para relajarse se ha comprado un acuario. Ha elegido unos preciosos pececillos tropicales. Dos ‘escalares’ y cuatro algo más pequeños. Cree que, como son de la misma procedencia y de parecido tamaño, lograrán convivir a gusto.

Al regresar hoy a casa y acudir a echarles comida ha descubierto horrorizado una auténtica carnicería (o ‘pecicería’, habría que decir). Los ‘escalares’ se han comido a dos de sus compañeros. Nadie le había explicado que aunque los ejemplares de pecera parezcan tan apacibles, su sentido de supervivencia les lleva a zamparse a sus congéneres en caso de necesidad. En realidad, el pez es un tiburón para el pez, del mismo modo que el hombre es un lobo para el hombre.

Mientras rescata con una red a los dos supervivientes, piensa cuán ingenuo es creer que la peor agresión es la que viene del exterior, de fuera de la familia. No siempre es así. La disputa por el mismo hábitat hace que las peleas entre semejantes resulten más sangrientas que las que se producen entre animales de distinta especie. Ahí está, por ejemplo, la pugna entre políticos. Si virulenta era la batalla electoral PP/PSOE por trazar la frontera entre sus espacios naturales, aún lo es más ahora que se disputan con Ciudadanos y Podemos las mismas parcelas ideológicas: la derecha y la izquierda. ¿Y cómo interpretar las dentelladas lanzadas contra Cristina Cifuentes mientras ella solita se ahogaba en su pecera? ‘Homo homini lupus’.

El caso es que le ha regalado el acuario a su vecina y ahora se relaja leyendo a Darwin.

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