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Así contó HERALDO la sublevación de Companys en 1934

Lluis Companys, antecesor de Puigdemont, declaró la independencia de Cataluña. La Generalitat acabó rindiéndose en cuestión de horas.

Así contó HERALDO la sublevación de Companys en 1934
Así contó HERALDO la sublevación de Companys en 1934

La declaración unilateral de independencia (DUI) aprobada en votación secreta por el bloque separatista del Parlament y sofocada por el Gobierno central mediante el artículo 155 de la Constitución española, no es la primera intentona secesionista de la historia de Cataluña. Es bien sabido que Lluis Companys, uno de los más conocidos antecesores de Puigdemont, hizo lo propio en 1934. Así lo contó Heraldo de Aragón en su ejemplar del martes 9 de octubre de ese año, en el que se relatan los hechos que venían sucediéndose desde el viernes anterior.

La rebelión: el Gobierno de la República da cuenta al país de la sublevación catalana. Companys responde del orden

(Resumen informativo del viernes). Durante la noche última, el presidente de la Generalidad celebró una conferencia con el señor Lerroux, al que pidió que no proclamase en Cataluña el estado de Guerra porque la Generalidad respondía del orden.

La huelga a la fuerza

A primera hora de la mañana, grupos de individuos coaccionaron a los conductores de tranvías (de Barcelona) para suspender la circulación. La fuerza pública dejaba hacer. Los alborotadores rompieron cristales de algunos tranvías al grito de "viva la República catalana". También obligaron a cerrar a todos los establecimientos, salvo las farmacias y las tiendas de comestibles. Los paquetes de los periódicos madrileños fueron quemados casi en su totalidad. A media mañana la huelga era general en la ciudad, aunque en las fábricas de las barriadas extremas se seguía trabajando. El señor Badía circula mucho por la ciudad, siendo aplaudido por los grupos.

Concentración de los Mozos de Escuadra

El Consejo de la Generalidad está reunido toda la mañana, y se está concentrando en Barcelona toda la fuerza de los Mozos de Escuadra de Cataluña. Hablando con los periodistas, el señor Dencás (consejero) les dijo que estaba dispuesto a que no hubiera ni cinco minutos de anarquía. El señor Companys dirigió una alocución por la radio pidiendo a todos los catalanes que estuvieran atentos a su voz, que él daría las instrucciones a seguir. Durante las primeras horas de la mañana circularon bien todos los trenes. A las nueve de la mañana dejaron de funcionar ya varios trenes y luego siguió la circulación ferroviaria por todas las líneas, si bien con alguna anormalidad.

Se cierra el edificio de Correos y Telégrafos

Los carteros y parte del personal de Correos y Telégrafos han secundado la huelga y, sin que se sepa concretamente en virtud de qué órdenes, se cerró la casa de Correos y quedó suspendido el servicio.

Incautación de ayuntamientos

Se ha sabido que elementos de Barcelona recorren los pueblos donde los ayuntamientos son derechistas y se incautan de ellos, entregándolos a personas de confianza de la Generalidad.

El Parlamento no celebra sesión - Piden armas

La sesión del Parlamento catalán se ha suspendido apenas abierta para dejar al gobierno de Cataluña con tiempo de fijar sus decisiones. Poco antes de las siete apareció un grupo en la rambla de Canaletas que se convirtió en una numerosa manifestación, dirigiéndose a la plaza de la Generalidad, se estacionaron ante el palacio del Gobierno y pidieron que se les entregaran armas. Al cabo de media hora se disolvieron pacíficamente. Por la noche, el señor Dencás habló con los periodistas y dijo que el paro había sido absoluto en Cataluña, pero que en ninguna parte se había producido un acto de anarquía.

Una noticia impresionante

(Resumen informativo del sábado). Después de las siete y media de la tarde, el señor Lerroux permaneció un cuarto de hora en su despacho e, inmediatamente, volvió a salir, adivinándose en su rostro que había recibido una noticia muy impresionante. Los periodista le rodearon y el señor Lerroux exclamó: "Voy en estos momentos al Ministerio de la Gobernación para celebrar una conferencia con determinada personalidad por teléfono, pues es lo único que no está intervenido".

La Generalidad, en rebeldía

La noticia recibida por el señor Lerroux era la proclamación de la República federal en Cataluña hecha por el señor Companys. A las ocho y cuarto, por medio del micrófono instalado en el Palacio de la Generalidad, se radió la proclamación hecha desde el balcón principal. El presidente de la Generalidad dijo al público que llenaba la plaza de San Jaime que hoy, seis de octubre de 1934, quedaba proclamada la República federal española.

Un patriótico discurso del señor Lerroux - Declaración del estado de guerra

El señor Lerroux dio cuenta al país de lo que ocurría, pronunciando ante el micrófono de la radio a toda España este patriótico discurso: "Españoles: a la hora presente la rebeldía, que ha logrado perturbar el orden público, llega a su apogeo. Afortunadamente, la ciudadanía española ha sabido sobreponerse a la insensata locura de los mal aconsejados, y el movimiento, que ha tenido graves y dolorosas manifestaciones en pocos lugares del territorio, queda circunscrito por la actividad y el heroísmo de la fuerza pública, a Asturias y Cataluña. En Asturias, el Ejército está adueñado de la situación, y en el día de mañana quedará restablecida la normalidad. En Cataluña, el presidente de la Generalidad, con olvido de los deberes que le imponen su cargo, su honor y su autoridad, se ha permitido proclamar el 'Estat Catalá'. Ante esta situación, el Gobierno de la República ha tomado el acuerdo de proclamar el estado de guerra en todo el país. Al hacerlo público, el Gobierno declara que ha esperado hasta agotar todos los medios que la Ley pone en sus manos, sin humillaciones ni quebrantos de su autoridad. En las horas de paz no escatimo la transigencia; declarado el estado de guerra, aplicará sin debilidad ni crueldad, pero enérgicamente, la ley Marcial.

Estad seguros de que ante la revuelta social de Asturias y ante la posición antipatriótica de un Gobierno de Cataluña que se ha declarado faccioso, el alma entera del país entero se levantará en un arranque de solidaridad nacional en Cataluña como en Castilla, en Aragón como en Valencia, en Galicia como en Extremadura, en las Vascongadas como en Navarra y en Andalucía, a ponerse al lado del Gobierno para restablecer, con el imperio de la Constitución, del Estado y de todas las leyes de la República, la unidad moral y política que hace de todos los españoles un pueblo libre, de gloriosa tradición y glorioso porvenir.

Todos los españoles sentirán en el rostro el sonrojo de la locura que han cometido unos cuantos. El Gobierno les pide que no den asilo en su corazón a ningún sentimiento de odio contra pueblo alguno de nuestra patria. El patriotismo de Cataluña sabrá imponerse allí mismo a la locura separatista y sabrá conservar las libertades que le ha reconocido la República bajo un gobierno que sea leal a la Constitución. En Madrid, como en todas partes, una exaltación de la ciudadanía nos acompaña. Con ella, y bajo el imperio de la ley, vamos a seguir la gloriosa historia de España".

La guarnición de Barcelona sale a proclamar el estado de guerra

A las doce y cuarto de la noche, el ministro de Agricultura habló por la radio y puso en guardia al país contra las noticias falsas que transmitía la Radio Asociación de Barcelona. Sobre todo, hizo saber que las tropas de la guarnición de Cataluña estaban con el Gobierno español, con la República y con España. A las once de la noche comunicó el general Batet que en aquel momento las fuerzas de guarnición salían a las calles de Barcelona para fijar los bandos declarando el estado de guerra. Mientras tanto, el señor Companys excitaba por radio a los ‘escamots’ y a los ‘rabassaires’ para que marchasen a Barcelona y defendieran a la Generalidad del posible ataque del Ejército español.

En el Ministerio de Gobernación se tenían impresiones de que no tardaría mucho tiempo sin que el edificio de la Generalidad cayese en poder de las tropas.

Los centros oficiales barceloneses, ocupados por la fuerza pública

A la una y diez de la madrugada se daba la noticia por radio de que todos los centros oficiales de Barcelona iban cayendo en poder del Ejército y que las fuerzas estaban situadas en la plaza donde están el Ayuntamiento y la Generalidad. Las tropas y la Guardia Civil fraternizaban con vivas a la República y a España cada vez que se cruzaban las fuerzas de uno y otro cuerpo. Por las autoridades superiores se dio con carácter urgente la orden de que permanecieran cerrados todos los puertos y fronteras de España.

Los mozos de Escuadra disparan contra las tropas

La batería del Ejército enviada se situó ante el palacio de la Generalidad, pero antes de llegar se encontró el paso obstruido por los mozos de Escuadra, mandados por Pérez Ferraz. Éste ordenó abrir fuego contra los soldados de España. Las tropas respondieron con un cañonazo de metralla, y entonces Pérez Ferraz, acobardado, ordenó a sus fuerzas que entraran en el palacio de la Generalidad, donde se hicieron fuertes. Desde las azoteas se tiroteó al Ejército, resultando muerto un oficial. Mientras tanto, la estación de radio continuaba lanzando noticias falsas hablando del triunfo de la revolución catalana y diciendo que un piquete  del Ejército español se hallaba bloqueado en la plaza de San Jaime. En realidad, lo único cierto es que las tropas españolas resistían con enorme valor las posiciones que el alto mando les había señalado.

La Generalidad, bombardeada

Contra el edificio de la Generalidad se emplazó una compañía de ametralladoras y dos cañones, que dispararon algunos cañonazos ante la actitud hostil de la fuerza rebelde. Un cañonazo fue a dar contra un balcón de la estación de Mediodía. Los tiros cayeron sobre el edificio de la Generalidad y sembraron gran pánico entre los rebeldes. De todos modos, el mando de las fuerzas de España dispuso que se suspendiera el fuego de cañón y se continuara el de fusilería contra la consejería de Gobernación, así como contra Correos y Telégrafos.

Angustiosos llamamientos de los rebeldes

A las tres de la madrugada daba noticia el Ministerio de la Gobernación de que se habían enviado a Barcelona barcos de la escuadra que llegarían a aquel puerto al mediodía. A esa misma hora empezó una emisión de la radio catalana en la cual se hacía un angustioso llamamiento a los liberales campesinos y gentes simpatizantes de la Generalidad para que acudan en socorro de ésta.

La rendición de la Generalidad

A las seis y media de la madrugada del domingo, se reunió el Gobierno de la Generalidad, deponiendo su rebeldía ante la autoridad militar. Los miembros que componían el Gobierno de Cataluña fueron conducidos en calidad de detenidos al antiguo edificio de Capitanía General y más tarde a bordo del vapor ‘Uruguay’. Companys se mostraba profundamente demudado e intensamente pálido y no pronunció palabra. Únicamente, cuando los oficiales que se hallaban en el antedespacho del general prorrumpieron con un viva a España, el que fue presidente de la Generalidad respondió con estas palabras: “Eso lo veremos en Madrid”. Bien pronto quedó despejada la situación y los sediciosos que no pudieron ser detenidos se dieron a la fuga. Los primeros en huir fueron Azaña y su lugarteniente Arturo Menéndez, Dencás y Badía.

A primera hora del domingo se dio por radio la noticia de haberse rendido la Generalidad.

Condena a 30 años de prisión

Al año siguiente, el 7 de julio de 1935, Heraldo publicó la condena a 30 años de prisión para cada uno de los participantes en los hechos.

Siga leyendo: ¿Qué ocurrió a continuación con Companys?

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