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Los independentistas asumen errores en la gestión final del proceso

Los líderes del independentismo catalán eeconocen que Puigdemont y su confusa estrategia facilitó la respuesta del Gobierno de Rajoy y el golpe de efecto electoral.

Sesión histórica en el Parlament para votar la declaración de independencia
Sesión histórica en el Parlament para votar la declaración de independencia
Agencias

Los líderes del independentismo catalán empiezan a asumir que cometieron errores en la gestión final del proceso y han encontrado un responsable, Carles Puigdemont, aunque todavía nadie ha apuntado en público al destituido presidente de la Generalitat. Se ha instalado entre los soberanistas la sensación de que ha llegado el final del primer acto de una obra que aún tiene desarrollo, pero que se resolverá en otra temporada. La mejor expresión de este estado de ánimo es que PDeCAT, Esquerra y la CUP, tras la indignación inicial por la convocatoria de elecciones el 21 de diciembre, se plantean concurrir a esos comicios.

Lo que vayan a hacer este lunes Puigdemont, Oriol Junqueras y los consejeros es una incógnita, pero crece la sensación de que acatarán la decisión aunque lo envolverán con la épica independentista. Esa es la impresión que se deduce de los pocos comentarios que han hecho tras el despido colectivo del pasado viernes. El vicepresidente Junqueras preparó el terreno y, tras aceptar que "no se gana en el primer embate", anunció que en los próximos días deberán tomar decisiones "que no siempre serán fáciles de entender" y habrá "momentos de incertidumbre, de dudas o contradicciones".

La desazón que desprende la columna del líder de Esquerra en 'El Punt Avui' es compartida por otros dirigentes del soberanismo e incluso exconsejeros, que reconocen en privado que cometieron errores estratégicos tras la votación del 1 de octubre. Unas equivocaciones que cargan en buena medida en el debe de Puigdemont y su falta de tablas políticas. "No en vano era el número tres de (Junts pel Sí) por Gerona", le aguijoneó en el último pleno del Parlament la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas.

Una conclusión compartida entre los soberanistas es que reinó "la confusión", y en esos días de desconcierto dos fueron paradigmáticos, el 10 de octubre, cuando nadie supo descifrar si el entonces presidente catalán había declarado la independencia, y el 26 de octubre, con el sainete de la convocatoria de elecciones. En ambas oportunidades dividió y descolocó a los suyos. Pero sobre todo, recriminan algunos independentistas, allanó el camino a Rajoy, que le dio una lección, admiten, con la convocatoria de elecciones para el 21 de diciembre. Un resorte político que Puigdemont también tuvo en su mano y no supo qué hacer con él para enfado de los que actuaron como mediadores, desde el lehendakari Iñigo Urkullu y el PNV y Miquel Iceta y el PSC y PSOE, para persuadir a Rajoy de que unas elecciones dejarían sin efecto el artículo 155. Si hubiera convocado los comicios se hubiera taponado la crisis, no solucionado, admiten tanto en el Gobierno de Rajoy como entre los soberanistas.

En el examen de conciencia que ha comenzado a hacer el mundo independentista también aparece "la prisa". El Gobierno catalán sabía que Cataluña no estaba preparada la independencia, pero el 'Govern' siguió adelante como si lo estuviera. Un estrecho colaborador de Junqueras, el secretario de Hacienda Josep Lluís Salvadó, confesó el 30 de agosto a un asesor de la Presidencia de la Generalitat, Raúl Murcia, que en octubre "no hay capacidad, ni tenemos control de aduanas ni un banco. La cosa no pinta, está muy verde, eso cualquiera que tenga dos dedos de frente lo sabe". Así se recoge en una conversación telefónica entre ambos intervenida por el juzgado de instrucción número 13 de Barcelona.

Pero a pesar de esa falta de preparación para la segregación no variaron el rumbo para evitar la crisis del proceso y que Puigdemont y el PDeCAT culparan a Junqueras de que "no ha preparado el país para que el 2 de octubre (al día siguiente del referéndum) declaremos la independencia". Así se las gastaban en los últimos meses los dos principales líderes del independentismo, apariencia de sintonía de puertas para afuera y encontronazos en la intimidad.

"La República Catalana no ha nacido con la fortaleza que querríamos"

El propio Junqueras en un artículo publicado este domingo admite que "la República Catalana no ha nacido con la fortaleza que querríamos". Debilidad en lo económico, pero también en lo social porque el soberanismo nunca ha sido mayoritario en la calle aunque lo fuera en el Parlament por avatares de la legislación electoral. Lo recordó incluso la CUP tras las elecciones del 27 de septiembre de 2015, cuando alertó de que no había una mayoría social para desarrollar la hoja de ruta hacia la independencia. Esa situación no ha mejorado en los últimos tres años, y el sentimiento separatista no ha dejado de declinar en las encuestas aunque conserve un poderoso suelo por encima de los dos millones de seguidores.

Así lo reflejaron varios sondeos privados publicados este domingo, que auguran un estancamiento o una pérdida de apoyos que dejan en el alero la reedición de la mayoría absoluta el 21 de diciembre. Unos comicios ante los que las fuerzas soberanistas se plantean ahora concurrir. El PDeCAT lo analizará este lunes en una reunión de su comisión ejecutiva, aunque son muchas las voces en el partido que preside Artur Mas favorables a la participación. Sus perspectivas, sin embargo son preocupantes porque carecen de candidato, Puigdemont se ha negado cuantas veces le han preguntado y el propio Mas está inhabilitado, y los sondeos predicen una debacle.

Esquerra también lo medita. Junqueras defiende que su partido "nunca puede renunciar a las urnas para validar la república", y tanto los del 21 de diciembre como los municipales de 2019 "deben ser claves" para el desarrollo del proceso independentista. Hasta la CUP sopesa la clave electoral. "No descartamos presentarnos el 21 de diciembre porque no descartamos nada. Lo tiene que decidir la militancia", afirmó este domingo la portavoz del Secretariado Nacional, Nuria Gibert. "No queremos ser ni cerrados ni irresponsables y, por tanto, -remarcó- tenemos todos los escenarios, absolutamente todos, sobre la mesa".

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