Nacional

Palabra y plastilina

Qué peligrosa es la política en España, con esa capacidad de llevarse el lenguaje y depositarlo al uso barato de la prisa. Ahora ha entrado la Constitución o, mejor dicho, la inconstitucionalidad, que es el palabro de moda. La medida de todas las cosas. Hay políticos para todo y también para la semántica. Así, ha salido un castellanomanchego del PP, delegado del Gobierno, soldadito de Rajoy, a pedir que le apliquen a Page el 155 para corregir los problemas de la región a golpe de Estado. Que yo me imagino a Mariano mirando al tipo de reojo, como diciéndole que las bromas o los excesos para otro rato. Y eso que en España la Constitución y el lazo de la Transición eran el botón que pulsar contra la crispación: lo demás, un charco de barro asumido. Ya no. Se ha pasado la última frontera, de vellocino de oro a plastilina, que es el estado natural al que van a morir todas las cosas asfixiadas por la retórica política patria.

Pasó con fascista y, paradojas, ocurre ahora con inconstitucional porque va más rápida la demagogia que la RAE, aun cuando esta última no debe tocar una sola coma en sus entradas del diccionario. Es un peligro que amenaza a la institución con frecuencia, cada vez que se advierte un término peyorativo. Si los filólogos tuvieran que hacer caso a las corrientes del pensamiento políticamente correcto que asolan las redes sociales, el diccionario sería una carta escrita a lápiz y una goma de borrar. Como un libro de condolencias en el entierro de un finado vergonzoso. Es un signo de debilidad intelectual de nuestra sociedad, que no necesita definiciones sino manuales de educación para la ciudadanía que le digan lo que tiene que decir.

El ‘fast food’ en el uso de la palabra es el ejemplo más velado de la pérdida constante de personalidad que asola Occidente, y eso otorga una linealidad espantosa de discursos lisérgicos. Ya no hay deudas ni con la poesía: poetas y poetisas jóvenes a los que les queman versos de usar y tirar, predecibles, dolor ‘mainstream’ sobre fondo cuqui que busca el éxito inmediato en las redes sociales: si no se venden libros, habrá que vender entradas a recitales. Todo se ha convertido en un directo amnésico que no quiere saber nada de responsabilidades con el resto. Nadie se acuerda de dar explicaciones.

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