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Historias entrelazadas: Aragón, Cataluña, España

Se habla de la unión de Aragón y Cataluña en el siglo XII, pero cuando la reina Petronila casó con el conde Ramón Berenguer (1150) no existía la palabra Cataluña, ni las futuras tierras catalanas estaban bajo un solo señor. Cuando nació en germen la que luego sería llamada Corona de Aragón, las tierras del rey aragonés y las del conde barcelonés no eran colindantes.

Aún no había nacido la palabra Cataluña
Historias entrelazadas: Aragón, Cataluña, España

El reino y la Corona de Aragón no son lo mismo. El primero fue una parte de la segunda. Yerran por eso quienes afirman sin más que Cataluña fue parte del ‘reino’ de Aragón.

La Corona de Aragón

La Corona de Aragón abarcó una gran variedad de territorios y culturas y una llamativa multiplicidad de regímenes jurídicos. No obstante, los estados y gentes que la formaron superaron las tensiones internas mediante empresas comunes y a menudo sujetaron sus diferencias al imperio del derecho. Este complejo organismo, propicio en apariencia a descoyuntamientos, generó, en cambio, potentes fuerzas centrípetas. Durante siglos, los pueblos de la Corona fueron el insólito pedestal de una monarquía europea de fascinante perfil.

El nombre ‘Corona de Aragón’ no existía cuando Aragón y Barcelona se unieron y tuvo significados variables. Jaime I incorporó Mallorca ‘ad Coronam Regni Aragonum’. Jaime II habla de ‘Corona Aragonum’, ‘Corona Regni Aragonum’ y ‘Corona Regnum Aragoniae’, expresiones usadas igualmente por Pedro IV, que también habla de una ‘Respublica regnorum et terrarum’, un ámbito estatal de reinos y tierras varias. El uso actual que damos al término ya aparece en el Compromiso de Caspe (1410-1412).

La supuesta ‘Confederación’

Llamar confederación a la Corona de Aragón es una licencia anacrónica, idea del catalanista Antonio Bofarull Brocà, quien tituló así un libro en 1872: "La confederación catalano-aragonesa, realizada en el periodo más notable del gobierno soberano del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV". El resultado de las nupcias de Petronila y Ramón Berenguer IV no fue una confederación –unión de comunidades políticas iguales que pactan democrática y libremente–, sino una monarquía compuesta (‘composite Monarchy’), decidida por dos príncipes, que aglomeran por su voluntad y en su sola mano territorios y súbditos heterogéneos. Como luego la de España, la Corona de Aragón fue una monarquía compuesta, construida por herencia dinástica o por conquista. El rey era su cabeza y la de los "cuerpos políticos que se estructuraban de arriba a abajo, no al revés".

Para G. Pérez Sarrión, hablar de ‘confederación catalanoaragonesa’ implica que "fue libre, entre iguales, y bajo la hegemonía catalana", cuando la unión fue pactada entre príncipes (el rey Ramiro y el conde Ramón Berenguer) "bajo la preeminencia política del reino de Aragón, cuyo sucesor Alfonso II, como rey de Aragón pasó a ser también conde de Barcelona, manteniendo su Casa Real propia y los demás atributos de la monarquía. Desde entonces la Corona de Aragón comprendió el principado de Cataluña; y por eso se llamó así, y no Corona de Cataluña".

El rey, señor común

La figura del rey de Aragón, soberano común y vínculo jurídico-político compartido, cobró, por eso, singular relieve. Los monarcas, vástagos de la Casa real de Aragón y de la condal de Barcelona, ejercían funciones generales de jurisdicción y jefatura militar. Los nuevos territorios conquistados hicieron de ellos reyes legisladores y su sucesión fue una cuestión capital. Tal concepción requería una constante inter-acción entre el rey y las diversas Cortes, de donde procede el tópico político del ‘pactismo’.

De los muchos títulos que reunió el monarca, el primero e imprescindible fue el de rey de Aragón. Aragón fue el reino fundador y el conde de Barcelona tomó por "padre, señor y rey" al aragonés. El apellido del rey y su familia fue, siempre ‘Aragón’, aunque hoy no se hable de los Aragón como se habla de los Borbón, de los Habsburgo o de los Windsor. La aclamación de sus súbditos hispanos era "San Jorge, Aragón" (o "sant Jordi, Aragó!"), porque san Jorge fue, mucho antes que de Aragón o Cataluña, el patrono de la caballería del rey.

Por esta primacía, las Cortes conjuntas de Aragón, Cataluña y Valencia se celebraban en suelo aragonés y con ritos ceremoniales unificados (aunque con reuniones separadas). Y la coronación del monarca común tenía lugar solamente en Zaragoza.

Lo expresó con acuidad Jesús Lalinde en 1988: "En su personalísima situación, el rey se convirtió, a menudo, en la principal fuerza motriz de la expansión de la Corona por el Mediterráneo, muy marcada por las decisiones de cada rey. En la dilatada historia de la Corona de Aragón, incorporada luego a la de las Españas, el monarca fue rey, príncipe, duque, marqués, conde y señor; y, en consecuencia con ello, a menudo se habla de corona, monarquía, reino, principado, país o Estado para aludir a los sustentos del poder del dinasta, a los reinos y tierras del rey de Aragón. También este aspecto necesita de aclaraciones, por resultar confusos y polivalentes muchos de estos vocablos que la ciencia histórica ha utilizado para designar realidades diferentes, pero no siempre fáciles de perfilar".

El Señal Real

"Al ver los cuatro palos de gules sobre oro, a ningún vasallo del rey de Aragón o del conde de Barcelona se le hubiese ocurrido pensar que aquello era otra cosa que las armas de su señor. No era algo de la tierra o la patria, sino privativo del soberano y su familia, que las llevaban no por ser reyes de Aragón ni condes de Barcelona, sino que, al revés, el rey y conde las empleaba por pertenecer a la Casa de Aragón". Así describió con acierto Alberto Montaner, en 1995, el significado del ‘señal real’ de Aragón (nombre del que deriva ‘senyera’). Su potencia simbólica es tal que, aunque muchos lo ignoren, Cataluña carece de escudo (la Generalitat sí lo tiene, de fecha contemporánea) y usa como bandera las barras del ‘señal’. Las mismas que representan a toda la Corona en el escudo nacional de España, expresivas de tan densa historia compartida. Solo el rey de Aragón puede usarlas. Si aparecen en algún lugar, es porque ha dejado su marca en él, ya se trate de Poblet, de Valencia, de Teruel o San Juan de la Peña.

Cortes generales de la Corona

Esta expresión designa las reuniones conjuntas de las Cortes de Aragón, Valencia y Cataluña. Juntas o separadas, no se autoconvocaban: lo hacía el rey, que era su presidente y, en general, se consideró que no había ley propiamente dicha sin acuerdo del rey y las Cortes. El reino balear de Mallorca, con territorios en Francia (Perpiñán), tenía representación en las Cortes catalanas. Se celebraron en suelo aragonés y la sede usual fue Monzón, bien abastecida y equidistante. En ocasiones, se estimó más conveniente citar reuniones en tres puntos distintos, pero próximos, para facilitar la coordinación. La primera reunión general fue en 1289. Se trataron negocios de importancia e interés común, como lo que hoy llamaríamos política internacional conjunta, la organización de los territorios de la Monarquía, la renovación del Consejo real o la confirmación del Privilegio General de Aragón en el que, por ejemplo, años antes se había abolido el tormento como procedimiento judicial.

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