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Nacional

Nueve de los doce miembros de la célula de Ripoll mantenían un parentesco entre ellos

Los implicados cumplían a rajatabla con el perfil del yihadista: varón, de 15 a 19 años, captado en su casa, en muchos casos, por su propio hermano.

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Los implicados cumplían a rajatabla con el perfil del yihadista: varón, de 15 a 19 años, captado en su casa, en muchos casos, por su propio hermano.

No es difícil imaginar a los hermanos Moussa y Driss Oukabir compartir juegos infantiles con los hermanos Mohamed y Omar Hychami. Los cuatro vivían en el número 27 de la calle Antoni Gaudí de Ripoll. Hoy, tres de ellos están muertos tras ser abatidos por la Policía en Cambrils y el cuarto (Driss) continúa arrestado por los Mossos. Todos ellos, según las investigaciones, formaban parte de la célula responsable de los atentados de Cataluña. Al igual que los hermanos Aalla -Yousef, Mohamed y Said- y los Abouyaaqoub - Younes y el Houssaine-. En total, nueve de los doce terroristas implicados en los ataques eran hermanos entre sí. Y otros dos eran amigos íntimos de varios de ellos. El duodécimo miembro era el ideólogo e instigador: el imán Abdelbaki Es Satty, que según las fuerzas de seguridad fue el que plantó la semilla de odio e integrismo en el grupo de jóvenes.

Estos lazos fraternos entre los miembros de la célula no han sorprendido a los expertos en terrorismo yihadista. Es una constante que se viene repitiendo desde el gran atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Entonces tres parejas de hermanos formaron parte de los tres grupos que estrellaron los aviones contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

En abril de 2013, los hermanos Tamerlan y Dhzojar Tsarnáev colocaron dos bombas en la meta del maratón de Boston; en el ataque en enero de 2015 contra la revista satírica 'Charlie Hebdo' participaron los hermanos Chérif y Said Koachi; Ibrahim y Salah Abdeslam formaron parte del comando que perpretó los atentados de París el 13 de noviembre de 2015; y los ataques de Bruselas en marzo de 2016 fueron obra de Ibrahim y Khalid el-Bakraoui.

Y en España son numerosos los casos de dos (o incluso tres) hermanos detenidos por sus vínculos con el yihadismo. En enero de 2015 fueron arrestados dos parejas de hermanos en Ceuta y en febrero de ese mismo año otra en Melilla. En julio de este año tres hermanos paquistaníes 'cayeron' en una operación contra el terrorismo islamista y en Girona -la provincia donde se ubica Ripolli- fueron neutralizados dos hermanos marroquíes de 33 y 22 años. Además, un número considerable de detenidos tenían vínculos familiares -casi siempre fraternales- con hombres que habían viajado a combatir en la filas del Estado Islámico en Siria o Irak.

Los expertos en lucha antiterrorista son conscientes de que la familia y las amistades son casi siempre la puerta de entrada de la radicalización. Según el estudio 'Estado Islámico en España', publicado por Fernando Reinares y Carola García-Calvo, ambos investigadores del Real Instituto Elcano, el proceso de adoctrinamiento arranca en la mayor parte de casos a los 15 años, cuando el joven es muy influenciable. Ocurre en «domicilios privados o lugares de culto», es decir, en un entorno cerrado y de confianza, que acelera la fanatización y el reclutamiento. Es lo que se conoce como 'radicalización exprés'. Es la explicación a lo que siempre declaran los vecinos sorprendidos tras una detención de un terrorista. «Hasta hace poco era un chaval muy normal, que jugaba en el barrio. Pero de repente cambió».

La imagen del lobo solitario adoctrinado vía internet no corresponde con la realiadad. Al menos según los datos recabados por los especialistas del Instituto Elcano, que estudiaron los perfiles de los 178 detenidos en España de 2013 a 2016 por terrorismo yihadista. Sus datos apuntan que sólo uno de cada diez se radicalizó vía online. El resto lo hizo cara a cara.

Puzle de relaciones

El 40% de los arrestados mantenía además un vínculo familiar con un detenido previamente o un muyaidín. En la mayor parte de casos, hermanos. Y un dato más: el 60% residía en el mismo barrio que su 'captador'.

Los investigadores de los Mossos serán los que aclaren cómo once jóvenes de Ripoll que hasta hace poco llevaban aparentemente una vida normal se convirtieron en fanáticos religiosos capaces de cometer una matanza. Tendrán que desenmarañar el puzle de relaciones famliares y de amistad que formaron entre ellos. La principal hipótesis es que todo empezó en el imán Abdelbaki Es Satty. Y que poco a poco el adoctrinamiento fue contagiándose entre hermanos y amigos del mismo portal -se da la circunstancia añadida de que las familias de varios terroristas procedían de la misma región del Atlas marroquí.

La realidad es que la célula de Ripoll había pasado totalmente inadvertida para la Policía. Formaban un núcleo cerrado, impermeable al resto de la sociedad, que durantes meses preparó los atentados sin que ninguno cometiera errores ni diera señales externas de radicalización. Los 'comandos' más difíciles de detectar en los que los lazos de sangre garantizan una lealtad ciega y letal.

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