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Comala o la ilusión de seguir vivos

La división que reflejan las primarias socialistas es la consecuencia de una crisis que afecta incluso a la supervivencia del partido.

El mexicano Juan Rulfo, que hubiera cumplido cien años el martes pasado, creó en la Comala donde se desarrolla ‘Pedro Páramo’ un universo de muertos que se soñaban vivos y de vivos que se soñaban muertos. La conexión entre ambos mundos también ha dejado algunos éxitos cinematográficos en los últimos años –‘Los otros’ o ‘El sexto sentido’– y ha generado una metáfora eficaz sobre los abismos entre creencias y realidades, entre relatos y existencias. Es algo que ocurre también en la política. El PSOE se encuentra ahora atrapado en la inercia de lo que fue y la necesidad, casi angustiosa, de adaptarse a una nueva realidad que le permita sobrevivir. Por lo demás es solo una coincidencia nominal con las primarias que Pedro Páramo y su único amor verdadero, Susana San Juan, sean personajes destacados de una novela poblada de fantasmas.

Hay que entender que estamos ante una cuestión de supervivencia. Acostumbrados a que cada cita de la agenda política aparezca en los titulares de los periódicos en clave hiperbólica, con tensiones más ligadas a la perduración de un sistema que a la normalidad de los ciclos que acarrea el ejercicio de la democracia, esta vez sí puede decirse que el PSOE afronta una de las decisiones más importantes de su historia. Y lo es mucho más por las circunstancias en las que llega que por el resultado concreto de la votación de este domingo.

El partido está afectado por una doble crisis, ambas bien conocidas. Por un lado, la suya propia y por otro la general de la socialdemocracia, sobrevenida entre otras cosas por el cumplimiento de uno de sus grandes objetivos: la conquista del Estado del bienestar. La crisis interna se concreta en sus malos resultados en las últimas elecciones generales, ya con Pedro Sánchez como candidato, y en la división interna que ha dimanado de ellas, una brecha que tiene mal diagnóstico. La de la socialdemocracia lo hace en una falta de debate real, que muestra un cierto agotamiento.

Una posición incierta

En el horizonte del socialismo aparece Comala, que persiste en una realidad desgarrada por la fuerza telúrica de la llamada nueva política. "Son los tiempos, señor", responde alguien cuando se pregunta al principio de la novela por qué se ve tan triste ese pueblo. Fallan sus líderes y fallan sus relatos. En un país donde las coordenadas políticas se mueven entre dos ejes, el clásico derecha-izquierda y el específico unidad-separatismo, la posición del PSOE resulta demasiado incierta.

En el primer caso porque se trata de un eje que sufre un claro declive en la identificación del electorado en Occidente y en el segundo porque la posición del socialismo español en la cuestión territorial siempre ha sido abierta pero ambigua y en ocasiones errática, generando así graves tensiones internas. El PSOE ha parecido a menudo más interesado en diferenciar su discurso, también en este punto, del centro y la derecha y en abrir así de paso un abanico de posibles alianzas con partidos de opción territorial. Esto se ha percibido en parte como la deserción de un principio esencial de la socialdemocracia como es el de la igualdad.

Parece evidente que la peor parte de todo el cambio sufrido en el panorama político en España se la ha llevado el PSOE. Su papel, antes preponderante, ha quedado en cuestión y su principal batalla no es este domingo la del poder frente al PP, que era la costumbre desde el regreso de la democracia, sino la que mantiene con Podemos en pos de un espacio político.

Aunque el motor que propulsa a un partido político es siempre la obtención del poder, la defensa del espacio político es un requisito básico y anterior, que el PSOE ve este domingo amenazado. Se trata de nuevo del juego de las apariencias y las existencias. Lo avisa el politólogo británico Alan Ware: "La persistencia de un partido no parece condición necesaria para la existencia de un electorado que pueda verse atraído por una ideología concreta".

Lo que se confrontan en estas primarias son estrategias y no principios ni ideologías. Se comprende bien cuando se observa la deriva de Pedro Sánchez hacia el entendimiento pragmático con el partido de Pablo Iglesias y el rechazo frontal hacia Mariano Rajoy y el PP. Y cuando se observa la alianza, no menos pragmática, de Susana Díaz con Ciudadanos en el Gobierno andaluz. Es el tacticismo lo que marca fundamentalmente el modelo y el tipo de liderazgo.

La identidad del PSOE

La decisión de este domingo tendrá consecuencias importantes en la política española en su conjunto pero no será tan determinante en el futuro del PSOE si no hay una voluntad de asentar la identidad del partido, olvidando los cantos de sirena que arrastra el inconformismo vocacional de la izquierda hacia la radicalidad y los planteamientos antisistema. Es una tentación real con la que viene conviviendo una parte del socialismo.

Más allá de la fuerza cohesionadora que supone la oposición a la derecha en el poder, el surgimiento de Podemos, unido a la asunción por parte del PP de políticas más propias de la socialdemocracia que del liberalismo, obliga al PSOE a un ejercicio vital que defina su papel y marque un espacio político propio, que es la verdadera clave de bóveda de estas primarias.

Sin un espacio reconocible, cualquier realidad acaba sucumbiendo. Comala es finalmente cualquier sitio. Juan Rulfo contó al gran Joaquín Soler Serrano que en su novela están rotos "el tiempo y el espacio". "En eso influyó –dijo Rulfo– el hecho de que yo trabajaba con muertos". El PSOE tendrá que revivir lejos de ese lugar, antes de que los discursos se conviertan en el eco olvidado de cadáveres sin rumbo.

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