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"A la SGAE le pudo la codicia"

El único exdirectivo de la SGAE en prisión, Pedro Farré, acaba de publicar 'Cazado', donde explica sus experiencias en la entidad.

Pedro Farré, responsable de la oficina antipiratería y de relaciones institucionales de la SGAE entre 2002 y 2009.
Pedro Farré, responsable de la oficina antipiratería y de relaciones institucionales de la SGAE entre 2002 y 2009.
Efe

El último contacto con Teddy Bautista fue en 2015. El expresidente de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) llamaba a Pedro Farré, responsable de la oficina antipiratería y de relaciones institucionales entre 2002 y 2009. Bautista le telefoneaba porque el exdirigente iba a entrar en la cárcel para cumplir una pena de dos años y medio por apropiación indebida y falsedad documental. Se gastó más de 35.000 euros en prostíbulos. Es el único miembro del organismo de gestión de derechos de autor que está en la cárcel después de que el 1 de julio de 2011 fueran detenidas once personas por un presunto desvío de fondos.

Cinco años y medio después, la instrucción sigue abierta. "Duerme el sueño de los justos y nadie se explica el porqué. Con toda la celeridad que hubo para condenarme, la gran causa de la SGAE está paralizada", esgrime Farré que, desde hace una semana, disfruta del tercer grado penitenciario. Le queda casi un año y medio de una condena "extraordinariamente dura". "La justicia me ha tratado de forma demasiado severa", afirma Farré, que fue detenido en octubre de 2011.

"Me siento responsable desde hace mucho tiempo y pido perdón por ello", añade el exdirectivo, que acaba de publicar 'Cazado' (Península) donde explica las experiencias que vivió en el seno de la SGAE bajo la dirección de Bautista, los contactos que se hicieron y los errores que acabaron con más de treinta años de presidencia. "Cuando Bautista entró en la SGAE, en 1983, ésta recaudaba 2.000 millones de pesetas (12 millones de euros). Cuando es detenido, llegaba casi a 500 millones", reconoce Farré, quien señala varios de los errores de la sociedad.

El primero fue el canon digital. "Fue una guerra cruenta, de mucho desgaste aunque teníamos razón. Nos generó muchos enemigos, como los jóvenes internautas o las empresas tecnológicas", añade Farré, que reconoce que la SGAE fue la punta de lanza de otras sociedades de derechos de autor. "Todas ellas se beneficiaban de la lucha, pero todas las tortas iban a la SGAE y se percibía que la voracidad recaudatoria era de la SGAE y no de otras. Que hiciera tanto tiempo de escudo propició una merma de su reputación, que fuera vista como el enemigo y el resto saliera indemne. Esa fue una de las mayores guerras que se produjo entre lobbys", añade.

El segundo error y "el más grande" fue Arteria, el plan de comprar teatros por España, Sudamérica y hasta "se pensó en Nueva York y Washington". "A la SGAE le pudo la codicia", afirma. El objetivo de "este sueño de Teddy" era que se abrieran más ventanas para obras minoritarias. "Pero los teatros no dejan de ser inmuebles. Estalla la burbuja inmobiliaria y se ve que el proyecto Arteria estaba sobredimensionado", explica el autor. Además, hizo que la SGAE se creara otro enemigo: los empresarios de contenidos. "No les gustó nada que la SGAE se gastase el dinero del canon en hacerles competencia", añade.

Y en este apartado aparece el Instituto Nóos, que trabajó para la sociedad con una cuota de 15.000 euros al mes. "Teníamos relación con Iñaki Urdangarin y Diego Torres. Hubo un momento en el que el Instituto Nóos no tenía sede en Madrid y quería una. Teddy Bautista le ofreció la posibilidad de que estuviera en el palacio del Infante Don Luis de Boadilla. La restauración se paralizó y todo quedó en nada", apunta.

Farré no esconde que Bautista es "un tipo indomable" y que la relación que mantuvo con el PSOE de Felipe González no era la misma que con el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. "Nunca tuvo muchos puentes", señala Farré que comenta que es "un hecho objetivo" que la SGAE "dinamita al final del mandato de Zapatero siendo ministra Ángeles González-Sinde". "Alguien hizo la reflexión de que si convenía que llegara la SGAE a las elecciones o había que darle algunas tortas, creyendo que eso les iba a dar votos. Si tú le das a una de las entidades más odiadas de España, pues te conviertes en un héroe", comenta.

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