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Nacional

"La sociedad se fractura: los pobres son cada vez más pobres"

Sebastián Mora es el secretario general de Cáritas Española desde de 2009. Lleva vinculado a a la organización desde el año 1993.

¿Notan la mejora económica?

Hay una ligera mejoría de los indicadores de pobreza y del número de personas atendidas.Pero queda un número muy importante de personas sufriendo bajo el umbral de la pobreza. Y el empobrecimiento de la pobreza nos preocupa. La sociedad se va fracturando entre los que tienen acceso a bienes y servicios y los que no. Hay mejora cuantitativa, pero una intensificación de la pobreza.

Una sonrisa amarga.

Negar la realidad nunca es el camino de transformarla.

Se ha aprobado una ligera subida del salario mínimo. ¿Servirá?

Es una de las peticiones de Cáritas, y significa al menos elevar un poquito la capacidad adquisitiva. Pero esto no va a lograr bajar el número de trabajadores pobres. Eso se lograría con salarios más justos y con trabajos estables, porque el problema es la precariedad.

¿Cuál sería la salida?

No existen recetas sencillas. Acabar con la pobreza tiene una matriz económica, vive de unas políticas y se alberga en el seno de unos valores éticos. La posible receta –que no lo es– significa que cambiemos de mentalidad para exigir otras políticas y lograr otros procesos económicos. Es una apuesta a largo plazo.Desde Cáritas sí vemos algo urgente: que los 700.000 hogares que no tienen ingresos en España tengan una renta mínima para poder vivir.

¿Quién se está quedando atrás?

Las mujeres con hijos a su cargo, los migrantes que han perdido el permiso de residencia, los mayores de 50 años en un paro crónico o los hogares más numerosos. Y hay un ámbito de exclusión severa, el de las personas sin hogar y las mujeres víctimas de trata.

Cáritas es la primera puerta de ayuda. Mucha responsabilidad...

Ser los primeros no es por ser buenos, es porque tenemos una red de 6.000 Cáritas parroquiales. Y lo vivimos con una gran responsabilidad, porque tratamos con las personas más olvidadas y eso es terreno sagrado. También lo vivimos con esperanza, porque cuando se apuesta por estas personas, se puede construir otro mundo.

¿Consiguen romper que la pobreza pase de padres a hijos?

La pobreza se hereda de padres a hijos. Y romper el círculo es muy complejo si no hay una línea continua en las políticas sanitarias, educativas y sociales. En España ha faltado intensidad en las políticas sociales. Pero en los años 80 se logró minimizar. Si se pudo entonces, se puede ahora.

Viene de Bolivia y de Guatemala. ¿Qué aporta Cáritas allí?

Hay mucha población indígena y rural y una vulnerabilidad y riesgo de inseguridad alimentaria alto. Trabajamos en programas de seguridad agraria a través de la productividad y la educación en el ámbito alimenticio. En Guatemala, el índice de desnutrición infantil en población indígena es del 80%. En Bolivia trabajamos en la Amazonia, en una perspectiva de ecología integral: si cuidamos el planeta, combatimos la pobreza.

¿Cómo valoran la gestión de la crisis de refugiados en Europa?

Tenemos que cambiarle el nombre: no es una crisis de refugiados, es una crisis de solidaridad. El sujeto somos nosotros, que los estamos tratando con indiferencia. Se está tratando de una manera política torpe y sin perspectiva de futuro. Hace cinco años que empezó la guerra en Siria y nosotros llevamos trabajando en campos de refugiados de Jordania y Líbano cuatro años y medio. La hemos hecho crisis cuando se han acercado a nosotros. No nos preocupan las personas que sufren, nos preocupa nuestro bienestar y comodidad.

Entre tanta dificultad, ¿cuándo llega la alegría?

Vivimos la esperanza y la alegría diariamente. Porque, al contrario de lo que pensamos, la esperanza surge de la desesperanza. Si uno tiene mucho hambre, un trozo de pan es langosta. Cualquier pasito, como conseguir papeles, un trabajo, un curso de formación... Es empezar un nuevo mundo. El problema es que en nuestra sociedad satisfecha y teóricamente alegre, como no se comparte la desesperanza, no somos capaces de compartir la esperanza.

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