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Nacional

Vuelve la guerra de precios del tabaco

La estrategia de Altadis de no incrementar el precio de su Fortuna blando pese a la subida de los impuestos ha caído como una bomba en el sector.

Paquetes de tabaco en la estantería de un estanco.
Paquetes de tabaco en la estantería de un estanco.
Guillermo Mestre

La estrategia adoptada por Altadis de no incrementar el precio de su Fortuna blandopese a la subida de los impuestos especiales del tabaco aprobada por el Gobierno ha caído como una bomba en el sector y amenaza con derivar en una guerra de precios.

Aunque esperada por todos, la decisión del Ejecutivo de elevar la carga fiscal tres años y medio después de la última subida ha obligado a las tabaqueras a mover ficha, ya que cada una debe elegir entre asumir el coste o repercutir este aumento al consumidor.

De las cuatro grandes multinacionales que operan en España -y que controlan más del 90 % de todas las ventas de cigarrillos-, Japan Internacional Tobacco (Winston y Camel) y Philip Morris (Marlboro, Chesterfield y L&M) fueron las primeras en aplicar una subida global a sus marcas de entre diez y veinte céntimos.

Altadis (Ducados, Nobel, Fortuna...) fue la siguiente en optar el pasado día 21 por incrementar en diez céntimos la mayoría de sus referencias, con la excepción del Fortuna blando, uno de sus productos más vendidos.

La postura de la compañía española -propiedad de la británica Imperial Tobacco- abrió la caja de los truenos, ya que, pese a que se trata de un mercado donde existe libre competencia, habitualmente las tabaqueras replican el movimiento de sus rivales para no perder cuota.

Aunque de forma oficial Philip Morris ha declinado hacer comentarios al respecto, fuentes de la empresa comunicaron a algunos medios su descontento y aseguraron que ya estudian revertir el incremento de precio de hace una semana.

En declaraciones, fuentes de otra de las multinacionales han reconocido que ya analizan la situación y no descartan dejar los precios como estaban antes del aumento de impuestos. "Éste es un mercado muy sensible al precio, hay que competir y si otros van para atrás, no puedes quedarte descolgado", han afirmado.

Por el momento, la única que no ha hecho movimiento alguno es British American Tobacco (Lucky Strike).

Desde Altadis, sólo han recordado que otras marcas diferencian desde hace años sus versiones blandas y duras también en precio, algo que hasta ahora Fortuna no hacía. Altadis atribuyó públicamente su decisión de mantener el precio de esta variedad a un intento de "revitalizar la marca Fortuna ante la fuerte caída de cuota de mercado que viene sufriendo desde hace años", tras el reposicionamiento en cotización que realizaron anteriormente otras marcas "que hasta ese momento competían en segmentos superiores de precio".

Estas palabras -y las sensaciones que comparten diferentes representantes del sector consultados - recuerdan a la guerra de precios registrada entre 2010 y 2011, que supone el último antecedente.

Las compañías cerraron 2010 en medio de una encarnizada lucha por sacar variedades a bajo precio de sus marcas estrella, aunque el conflicto se reavivó meses después cuando Philip Morris -líder con una cuota de mercado superior al 30%- rebajó 25 céntimos el Marlboro y 30, la cajetilla de Chesterfield. El resto de empresas le siguieron a la zaga, en un movimiento que sacudió los cimientos del sector y que ahora amenaza con repetirse.

La estrategia empresarial de cada compañía puede también tener repercusiones en materia de recaudación fiscal, ya que el mayor porcentaje del impuesto cobrado al tabaco es el llamado "Ad Valorem", un tipo fijo -establecido en el 5 %-, por lo que genera más ingresos cuanto más alto es el precio, siempre que se mantengan las ventas.

En concepto de impuestos especiales, España recaudó más de 19.000 millones de euros en 2015, de los cuáles más de una tercera parte (6.580 millones) procedieron del tabaco, cifra a la que se suman otros 2.000 millones de euros a través del IVA.

El aumento de la carga fiscal decretado por Hacienda a principios de diciembre se realizó a través del gravamen "específico" o "mínimo" aplicado al tabaco, que se incrementó en un 2,5 % y pasó de 24,1 a 24,7 euros por cada mil cigarrillos.

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