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Nacional

Ningún ministro se salva en un Gobierno que no concilia

Lejos de predicar con el ejemplo, incluyen en su agenda pública su asistencia a eventos, presentaciones, fiestas o conciertos mucho más tarde de las 18.00.

El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, en una imagen de archivo.
El portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, en rueda de prensa.
EFE

No han pasado ni dos meses desde que el nuevo Gobierno echó a andar y las agendas de sus ministros acumulan decenas de actos después de las seis de la tarde, aunque algunas más que otras: frente a la saturación de Méndez de Vigo, Cristóbal Montoro parece haberse aplicado más el cuento de la conciliación.

Solo hace falta un repaso a la agenda pública de los miembros del Ejecutivo -dada a conocer por Moncloa a las nueve de la noche del día antes por lo general- para constatarlo.

Otro año más, salta a la palestra este debate a raíz de que la titular de Empleo, Fátima Báñez, planteara esta semana "un pacto nacional por la conciliación y la racionalización de los horarios" que incluya, entre otras medidas, acabar de trabajar a las 18.00.

Pero parece difícil implantar una jornada que permita conciliar la vida profesional con la laboral en un país donde sus máximos dirigentes hacen caso omiso de su oferta electoral y, lejos de predicar con el ejemplo, incluyen en su agenda pública su asistencia a eventos, presentaciones, fiestas o conciertos a horas que se alejan mucho de lo prometido.

Una situación que cuestiona que momentos como la lluviosa tarde del viernes 4 de noviembre en que Dolors Montserrat recibió la cartera de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en un acto que se prolongó hasta última hora de la tarde pasen a formar parte del pasado.

Y eso que los dietarios de Báñez y Montserrat no son ni mucho menos los que acumulan más actos vespertinos.

Su compañero en la portavocía del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, es el ministro que menos concilia, quizá porque también tiene que hacerse cargo del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Conciertos benéficos, presentaciones de libros de gastronomía o inauguraciones de exposiciones, como la que tenía programada el 28 de noviembre en el Prado, justo después de acabar su reunión con los presidentes autonómicos en su primera sectorial de esta legislatura, son habituales en su agenda pública.

La de los ministros de Justicia y de Defensa, Rafael Catalá y Dolores de Cospedal, son las siguientes con más apuntes por la tarde, pero pocos más que las de los titulares de Agricultura, Isabel García Tejerina, o Fomento, Íñigo de la Serna.

El que fuera alcalde de Santander, de hecho, dedicó la mañana del sábado 3 de diciembre, inicio del Puente de la Constitución, a varios actos con el presidente cántabro y su antecesora en el puesto.

Por su cargo, los viajes al extranjero del responsable de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, le hacen imposible cuadrar su agenda al horario español, lo cual no significa que en alguna ocasión haya querido asistir a tertulias en domingo.

Aunque son eventos como entregas de premios, conferencias o clausuras de jornadas varias los que copan las agendas vespertinas del Gobierno, incluso citas empresariales a las nueve y media de la noche a las que ha asistido el ministro de Energía, Álvaro Nadal, los actos más institucionales no escapan a una celebración tardía.

Por ejemplo, los ministerios de Economía, dirigido por Luis De Guindos, de Fomento y de Justicia han organizado la toma de posesión de sus altos cargos en un horario muy alejado del prometido.

Lo mismo que en Interior, donde Juan Ignacio Zoido convocó a deshoras a un directivo de Frontex hace apenas unos días.

También la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, ha presidido las reuniones semanales de la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios pasada la hora en la que se supone debería acabar la jornada, o ha acompañado a los reyes don Juan Carlos y doña Sofía a alguna exposición.

Junto al titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, la también ministra de la Presidencia y para las Administraciones Territoriales prolongó su jornada y la de muchos más en las recientes reuniones de la Comisión Nacional de la Administración Local y del consejo Fiscal de Política Fiscal y Financiera.

Una mala costumbre a la que se une la agenda del Parlamento, de las administraciones autonómicas, de partidos políticos, de organismos judiciales, de asociaciones, de sindicatos, de editoriales y de un sinfín de empresas.

¿Y Mariano Rajoy? El presidente cuenta con pocas anotaciones por la tarde en su calendario laboral, quitando la Gala Anual del Comité Olímpico Español y la cena de Navidad del PP o su asistencia a la Cumbre del Cambio Climático celebrada en Marruecos el mes pasado.

Eso sí, en este caso, el jefe del Ejecutivo tenía señalada una comparecencia a las cinco de la tarde, hora marroquí, pero las seis españolas.

Pero no se trata de que cierren sus agendas a las seis cuando su trabajo no se lo permite, sino de un cambio de mentalidad.

Que a partir de esa hora el trabajo sea privado, de despacho, a título personal, sin que sus reuniones, apariciones o asistencia a actos formen parte de su agenda pública, sino de la privada. La pública de 8,00 a 18,00.

Porque hasta que eso no ocurra habrá que cuestionar si de verdad quieren conciliar (y que concilien los españoles).

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