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La delgada línea entre el cariño y el odio

Triana Martínez pasó de sentir cariño por Isabel Carrasco a temerla, pero no quería que muriera.

Triana Martínez ha asegurado que intentó desactivar el plan que su "mamá", Montserrat González,  tenía en mente para acabar con la vida de Isabel Carrasco.
Triana Martínez ha asegurado que intentó desactivar el plan que su "mamá", Montserrat González, tenía en mente para acabar con la vida de Isabel Carrasco.
Efe

La línea que separa el cariño del odio es muy delgada. No en vano, ambos sentimientos se activan en paralelo en el cerebro, como han demostrado los investigadores. Triana Martínez pasó de sentir cariño por Isabel Carrasco a temerla, a odiarla, pero no quería que muriera.

De hecho, intentó desactivar el plan que su "mamá", Montserrat González, tenía en mente para acabar con la vida de la dirigente del PP que presidía la Diputación Provincial de León el 12 de mayo de 2014, cuando fue abatida por los disparos de la progenitora de Triana.

Esa endeble línea se quebró cuando Carrasco quiso mantener relaciones sexuales con Triana. Atraída por el perfume de la joven, la presidenta de la Diputación intentó besarla y retenerla, pero ella huyó, corrió a los brazos de su madre y transformó su cariño hacia la que había sido su protectora en la institución en un sentimiento más parecido al odio.

Porque, a pesar del rechazo que, al parecer, generaba la víctima -"no se movía ni un folio" sin que ella lo supiera-, Triana se sentía "cómoda" con ella, la defendía incluso de las críticas que los empleados de la Diputación vertían a la hora del desayuno y agradecía que Carrasco estuviera pendiente de su persona.

Lo ha narrado Triana, un día más vestida de negro al igual que su madre, en el juicio por el crimen de Isabel Carrasco. Durante tres horas, ha respondido tranquila a las preguntas del fiscal y de su defensor, en un relato revelador de la unión de madre e hija, de la dependencia una de la otra y de ese amor filial traducido en la palabra "mamá", pronunciada innumerables veces durante su testimonio sin tener en cuenta el escenario donde lo hacía.

Y por ese amor a su "mamá", que la "cuidaba mucho" y a la que contaba todas sus cosas, Triana la ayudó en la búsqueda del arma.

Cuidados que Montserrat madre tampoco este miércoles ha podido evitar. Y así, su hija, por la que mató para que no le siguieran haciendo la vida imposible, ha pedido agua mientras declaraba. En un acto instintivo, Montserrat ha tenido la intención de levantarse de su sillón para ofrecerle una botella, pero la presidencia se lo ha impedido.

Triana intentó convencer a su madre de que no matara a Carrasco, pero no lo consiguió. No había plan convenido, ha dicho Triana, pero, cuando sucedió lo irremediable, su madre seguía estando por encima de todo, y ella escondió el arma en el maletero del coche de su amiga, la policía local Raquel Gago, a la que ha exculpado y con la que ha negado que tuviera una relación sentimental.

Precisamente, durante la declaración de Triana, Raquel se ha mantenido imperturbable, rígida, como este martes, escuchando cómo la suave voz de su amiga la definía como una mujer "buena, tímida, introvertida y maja".

No le ha pedido perdón explícitamente, pero la joven ha lamentado haberle creado un problema por haber ocultado el arma en el maletero de su coche.

Será el jurado y después el juez quienes determinen el grado de implicación de ambas en el crimen, pero éste les ha pasado factura, física y anímicamente, como ha podido comprobarse.

Una frase de Raquel, que desde luego ha sonado sincera, lo dice todo: "Desde que pasó eso, yo no tengo vida".

Vida. Una palabra que ha salido también de la boca de Triana cuando el fiscal ha querido saber en qué exactamente le había perjudicado Isabel Carrasco. "En la vida", ha resumido.

En una vida en la que la hija de la asesina confesa comprobó los chanchullos, los enchufes, los apadrinamientos...; en suma, los trapicheos de parte del funcionamiento de la Diputación, de la institución en la que, según ha manifestado, Carrasco tenía el control absoluto.

Triana se ha mostrado como lo que es: una mujer que aparenta, en todos los sentidos, menos edad -tiene 36 años-, muy apegada a su madre y a su provincia -no quería irse de León, quería quedarse "al lado de mamá, de la abuela"- y frágil.

Su amiga, Raquel Gago, este miércoles vestida con colores claros, ha mantenido el tipo en su declaración, aunque no ha podido evitar las lágrimas cuando no ha sabido responder a la pregunta que quizá se haya hecho muchas veces: ¿Por qué Triana escondió el arma en el maletero?.

Ha estado muy entera y ha recibido un sonoro aplauso desde la sala de prensa, que lógicamente no ha podido oír, cuando ha rebatido contundente los informes sobre la ubicaciones que marcaban las conexiones telefónicas y que aproximaban a Carrasco y a ella en algunos momentos.

Firme, los ha desmontado. No ha sido igual de contundente a la hora de justificar por qué su faceta profesional no se impuso a la personal y compartió todo lo que sabía y había visto con la Policía Nacional.

No obstante, no ha despejado algunas dudas que todavía planean en la sala de vistas, en la misma que este martes Montserrat exculpó a su hija y a su amiga. Ahora les toca el turno a los testigos.

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