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Las protestas no salvaron a Excálibur

El perro de la auxiliar de enfermería fue sacrificado pese a los intentos de los activistas.

Las protestas no salvaron a Excálibur
AFP Photo

Más de un centenar de activistas defensores de Excálibur, el perro de la auxiliar de enfermería contagiada de ébola, han pasado la última noche vigilando por turnos los exteriores de su casa para tratar de detener el sacrificio del animal, previsto para este miércoles por las autoridades sanitarias.

Al amanecer de esta mañana, unas 60 personas se concentraban en la avenida del Pinar de Alcorcón, ante el domicilio de la auxiliar, donde se agolpaban medios de comunicación, Policía Nacional y Local y algún curioso.

Unos y otros han recuperado las protestas iniciadas en la tarde del martes a favor de Excálibur y en contra de su sacrificio con gritos de "¡Asesinos! ¡Criminales! ¡Gobierno terrorista! ¡Sí al perro, no a la Mato!" o "¡Javier (marido de la auxiliar)y Teresa, Excálibur no está solo!".

A las 10.32 esos gritos se han amplificado con la llegada de las ambulancias de la Comunidad de Madrid que acudían a recoger al perro, mientras en los despachos de abogados se atendían los dos recursos presentados por los dueños del animal.

Nervios, llantos y desesperación han invadido durante todo el día a los defensores de Excálibur, después de que una de las ambulancias, cuyo conductor y copiloto iban ataviados con los trajes de seguridad, entrase en la urbanización.

Unos 30 activistas han acudido rápidamente a la puerta del garaje de la vivienda, que había permanecido despejada hasta entonces por la policía, para sentarse, protestar, y esperar el retorno de la ambulancia.

Otros vehículos que entraban en el recinto han provocado más y más dudas y especulaciones entre los presentes, entre ellos, un camión de bomberos y una furgoneta de Ferrovial Servicios.

El número de personas se ha ido duplicando, así como el de policías, y nadie tenía claro a mediodía si el perro seguía vivo ni lo que estaba pasando en la vivienda de Javier y Teresa.

Los primeros enfrentamientos violentos han comenzado cuando los Cuerpos de Seguridad han despejado la entrada del garaje, levantando a los activistas, a los que han llegado a coger por las piernas y los brazos para retirarlos.

Los nervios estaban a flor de piel y comenzaban los enfrentamientos con los cuerpos de seguridad. Así, una ambulancia se ha llevado a una señora mayor con una luxación en el hombro, y un activista extranjero, que decía ser instructor militar, ha sido arrastrado varios metros por cuatro policías que querían alejarlo de la puerta.

Tras conseguir apartar a toda la gente de la zona de entrada a la urbanización, la Policía Nacional y Local ha hecho una barrera alrededor de la puerta durante varias horas, que después han sustituido con un precinto de seguridad.

"Quieren que nos cansemos, que nos vayamos a comer y así sacar al perro", decían los activistas sobre las 14.00 , cansados de esperar respuestas y actuaciones por parte del Ministerio de Sanidad.

A pesar del aviso del abogado de Carlos Rodríguez -a quien Javier Limón ha cedido la custodia de Excálibur durante su periodo de aislamiento- de que se habían desestimado los dos recursos, la gente ha seguido con esperanza hasta el último instante, confiando en que finalmente el can fuera recogido para ponerlo en cuarentena.

Cuando la espera parecía interminable, sobre las 18.30 una furgoneta de la Universidad Complutense salía de la urbanización, lo que indicaba que Excálibur ya había sido recogido, aunque nadie sabía si vivo o muerto.

En medio de la avalancha de gente que ha abordado al vehículo, que ha conseguido abandonar el lugar con la ayuda de la policía, un joven se ha golpeado en la cabeza con el bordillo de la acera haciéndose una brecha y una chica se ha desmayado, ante el espanto y la indignación de los presentes, que espetaban:"¡Ser policía, vergüenza me daría!"

Después de todo eso, la calle se ha quedado desolada al saber que la Consejería de Sanidad había informado de que el perro había sido sacrificado antes de salir de la vivienda.

Como la lucha allí ya era en vano, varias activistas se han tumbado en la carretera con carteles de protesta, acompañadas rápidamente por otros compañeros.

"Es lo único que podemos hacer ahora, velar por Excálibur, ya que ni sus dueños van a poder hacerlo en condiciones", ha dicho una de ellas.

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