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Motor

El ayer y el hoy de Seat, cara a cara

Para conmemorar el 60 aniversario del 600, Seat realizó en el Circuito del Jarama una comparativa con el Mii, el que sería su homólogo actual.

Los Seat Mii y 600, cara a cara, en un test con una diferencia de edad considerable.
El ayer y el hoy de Seat, cara a cara
Seat

Frenar en mojado o completar una rotonda encharcada no fue una tarea sencilla; tampoco resultó cómodo realizar un eslalon. El 600, el vehículo que puso sobre ruedas España, cumplió este martes 60 años y para soplar las velas de su tarta Seat organizó en el Circuito del Jarama, en Madrid, un test conjunto con el que podría considerarse su homólogo actual, el Mii. Obviamente las comparaciones, con décadas de diferencia entre un modelo y otro, son odiosas. En conducción, comodidad y tecnología se impone el utilitario actual, en carisma, la balanza se decanta hacia el popular pelotilla del que se vendieron cerca de 800.000 unidades entre 1957 y 1973.

En una esquina del cuadrilátero, el modelo denominado así porque en el proyecto inicial figuraba que debía pesar 600 kilos y poseer 600 centímetros cúbicos, requisitos que prácticamente cumplió, con una longitud de 3,30 metros, una distancia entre ejes de dos metros y una anchura de 1,36 metros. En la otra, un coche del que se han fabricado 125.000 unidades desde 2011, más del 80% de ellas destinadas a la exportación, con unas dimensiones de 3,56 metros de longitud, 2,42 metros de distancia entre ejes y una anchura de 1,64 metros.

En la mecánica, el 600, un ‘todo atrás’, llegó a alcanzar en su versión más moderna, la L, los 115 km/h y a consumir 6,5 litros a los cien kilómetros en carretera. El Mii lleva la aguja del velocímetro hasta los 170 km/h e invierte 3,7 litros a los cien kilómetros.

En cuanto a la capacidad de carga en el pionero, conjuntando el maletero delantero y el hueco bajo los asientos, se sumaban 68,5 litros frente a los 238 de su rival. En este punto también hay que tener en cuenta que, mientras el primero era en la mayoría de los casos el vehículo familiar con el que se realizaban largos desplazamientos, el segundo es más bien un automóvil para moverse en el entorno urbano. Para calentarse en invierno, el 600 disponía de una trampilla que dejaba paso al aire del motor, mientras que para alumbrarse de noche poseía unas lamparillas. El Mii cuenta con climatizador y lo último en iluminación, e incluso con una aplicación exclusiva para el móvil con navegador, el DriveMii.

Precios de otra época

En cuanto al precio, el 600 salió a la venta por 400 euros dentro de una sociedad cuya renta per cápita era de 147. Por su parte, el Mii by Cosmopolitan, la versión con la que se batió en el test, cuesta 8.960 euros y la renta es de 24.000.

Todo esto sobre el papel, en el asfalto, en un escenario muy ligado a los años de apogeo del homenajeado, desde el momento en el que se tomaba posesión del puesto de conductor se hizo evidente los dos mundos que separan a ambos púgiles. Austeridad y sencillez frente a confort.

El examen consistió en una frenada de emergencia con la mitad de la pista mojada, conducción en círculo en condiciones similares, y zigzagueo. En la primera prueba, el 600 acabó por dar una vuelta de prácticamente 360º mientras que el Mii, provisto de ABS, se detuvo en pocos metros y sin desviar la trayectoria. Circunstancias similares se vivieron en la segunda con el ‘abuelo’ empecinado en salirse del camino en un comportamiento muy diferente del de su ‘bisnieto’, que se mantuvo firme gracias al control de estabilidad. En el eslalon, armado con un gran y fino volante, el veterano exigió aplicar anticipación y fuerza para pasar entre los conos en contraposición con la suavidad del Mii.

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