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Los Castañer, una saga de boticarios aragoneses

Desde el siglo XVIII los Castañer viven entre recetas y medicamentos. Comenzaron en Alcañiz y desde el XX están en Zaragoza.

Carmen Castañer Miravete, en primer término, María del Carmen Reina y Silvia Gotor.
Carmen Castañer Miravete, en primer término, María del Carmen Reina y Silvia Gotor.
José Miguel Marco

Prefiero la denominación ‘boticario’ a la de ‘farmacéutico’. La tengo por más clásica y también por más ajustada a la realidad presente. Así se lo digo a Carmen Castañer Miravete, mi interlocutora, mientras vemos su farmacia. Me acomodo a su lado, como ‘mancebo de botica’, para esta conversación: un repaso a casi tres siglos de ejercicio de la profesión por parte de sus antepasados; una historia de la que quedan vestigios en las paredes y anaqueles de la rebotica. Carmen, entre risas, al hablarle yo enfáticamente de la ‘saga’ familiar, alude a su tatarabuelo Félix y a su bisabuelo Simeón que ejercieron la profesión en Alcañiz, a finales del siglo XVIII, mientras que su abuelo y su padre tuvieron farmacia en La Puebla de Híjar, en el XIX y en el XX. Ella y sus dos hermanas, Mª Luz y Pilar, también farmacéuticas, ejercieron siempre en Zaragoza y"desde hace unos años mi hijo Juan (Sierra Castañer) ha recogido el testigo y también se ha asentado en esta ciudad". Sin embargo"no conocí a ninguno de los familiares anteriores a mi padre. Ni siquiera a mi abuelo; pero de mi padre tengo un recuerdo extraordinario como excelente profesional y mejor persona. De los demás sólo me quedan algunas anécdotas relatadas por gente del pueblo. También algunos libros y objetos que heredó mi abuelo, conservó mi padre y yo aún guardo".

Revisamos las orlas de su abuelo y de su padre colgadas en las paredes. La primera es de la Universidad Central de Madrid, curso 1886-1887 y en ella figuran 9 profesores (dos de ellos supernumerarios) en torno al decano de la facultad. Impartían asignaturas como Química Orgánica, Práctica de operaciones, Materias farmacéuticas vegetales, etc. Lo más curioso es que entre los alumnos no había ninguna mujer. Este hecho desaparece ya en la orla del padre, Manuel Castañer Francia, quien estudió en la misma universidad desde 1916 a 1921. Aquí encontramos ya seis mujeres entre 25 hombres y 12 profesores que enseñaban materias como Higiene Pública, Microbiología, Mineralogía, Análisis de medicamentos orgánicos, Química Orgánica, Botánica descriptiva, Historia de la Farmacia etc. En definitiva con el salto de siglo cambiaron los tiempos: más profesores, mayor temario y más alumnos. Entre ellos también más mujeres."Me rebelo –confiesa Carmen– contra el prejuicio de que Farmacia era una carrera y posteriormente una profesión ejercida sólo por hombres. Ya no digamos en mis tiempos universitarios, aunque tuviésemos que ir a Madrid o a Barcelona para cursarla porque en Zaragoza no había facultad". Le pregunto qué diría su tatarabuelo si la viese, como mujer, al frente de su propia farmacia. Responde escuetamente:"Me imagino que se alegraría mucho".Recetas magistrales

Está claro que el farmacéutico ha cambiado notablemente ¿dónde quedaron los boticarios, casi alquimistas, compositores de las recetas magistrales?"Esa transformación se produjo durante el ejercicio profesional de mi padre", apostilla Carmen."Los tiempos han cambiado y ahora rara vez nos solicitan una fórmula magistral. La mayoría de los fármacos que dispensamos vienen ya preparados como especialidades de los laboratorios. Sin embargo, a pesar de que también ofrecemos muchos productos de parafarmacia, ni yo ni mis colegas nos consideramos meros tenderos o vendedores" ¿Sin embargo no es algo frustrante estudiar en la universidad para practicar luego una profesión de expendeduría? "El farmacéutico de oficina debe saber perfectamente lo que despacha, para quién y para qué. En realidad todas las materias del programa universitario de Farmacia están orientadas hacia el medicamento y desde la fabricación hasta la expedición exigen un conocimiento pleno de los mismos".

Hemos asistido en algunas comunidades autónomas (me recuerdo de la valenciana) a una ‘rebelión’ de las farmacias ante las largas demoras de la administración por abonar las facturas. ¿Cómo se ha vivido esa etapa en Aragón? "Aquí se han llevado los atrasos con respeto y resignación. En realidad estas carencias no han sido administrativas sino de falta de previsión. Creo además que es muy importante para el progreso social preservar el estado de bienestar, basado fundamentalmente en la sanidad universal y prácticamente gratuita. El gremio farmacéutico ha aguantado durante los últimos años y sin rechistar reducciones de precios y de márgenes. La gente debe saber que el retraso de un mes en el cobro de los medicamentos dispensados supone para muchas farmacias renunciar a los beneficios de todo un año".

Antes de despedirnos, ojeamos los libros de viejo conservados en su biblioteca privada. Todos ellos legado de los desaparecidos Castañer. El más antiguo está escrito en latín por Antonio Augustini con el título ‘De Emendatione Gratiani’, impreso en Venecia en 1786. A su costado reposan un ‘Diccionario Elemental de Farmacia’ del Dr. Manuel Hernández de Gregorio (Madrid, 1798) y una ‘Filosofía Farmaceutica’ del Dr. Gregorio Bañares (Madrid 1804). El resto son igualmente tesoros para bibliófilos dada su impresión en el siglo XIX. A esta literatura profesional habría que añadir las piezas de coleccionista, que atesoraría más de un anticuario como verdaderos trofeos.

Una última pregunta: ¿No se jubilan los boticarios? "Como emprendedor propietario de la empresa uno puede continuar el trabajo hasta que lo desee. No obstante, el Colegio de Farmacéuticos nos obliga a contratar a una farmacéutica de carrera adjunta, cuando llegamos a los 70 años". Es noche cerrada cuando me despido de esta recia zaragozana y complaciente farmacéutica que se"alegró enormemente al manifestarle libremente su cuarto hijo que seguiría la estala familiar trazada hace tres siglos". Mientras, Maricarmen y Silvia, las asistentes, echan las persianas, reverbera intermitente sobre nuestras cabezas la cruz verde, emblema universal de las farmacias, faro y remanso a cualquier hora para quienes sufren dolencias y evocador ‘sagrario’ de Esculapio.

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