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HAITÍ

Una tragedia sin fecha de caducidad

El bombero aragonés Kike Mur da de beber a un pequeño haitiano, en Puerto Príncipe (Haití)
Una tragedia sin fecha de caducidad
BUSF aragón

No hay tregua para Haití. Cuando se cumple un mes del seísmo que dejó más de 200.000 muertos, el país caribeño se enfrenta a una nueva amenaza: las lluvias. La estación comenzará a finales de marzo y proseguirá hasta unirse a la de los huracanes, que empieza en junio.

 

Todo un reto y una prioridad teniendo en cuenta que un millón de haitianos perdieron sus casas y la mayoría de ellos viven en tiendas de campaña improvisadas, encima de los escombros de sus antiguas viviendas o en la calle, sin ninguna protección contra la lluvia torrencial y menos aún contra el viento de un huracán.

 

Lo urgente, como señalan la comunidad internacional, las oenegés y el propio Gobierno haitiano, es el envío de al menos 200.000 tiendas de campaña y 18.000 letrinas a Puerto Príncipe, la capital, cuyas edificaciones quedaron dañadas casi en su totalidad.

 

Lo segundo, como indica la organización Care Internacional, es drenar los terrenos "por la acumulación de excrementos y porque pasan ríos muy cerca de los refugios". Sin olvidar el temor a que haya brotes de enfermedades.

 

Quien conoce de primera mano cuál es la realidad de Haití es un grupo de siete voluntarios de Bomberos Unidos sin Fronteras (BUSF) de Aragón que acaba de regresar del país tras 20 días de intenso trabajo. Lo que han dejado atrás es un desastre más organizado, pero se han ido sin ver unos servicios sanitarios, letrinas y una zona concreta de eliminación de residuos. Es lo que resalta Inmaculada Molina, médico del grupo y que ya estuvo en Haití en 2008, que considera que el trabajo inmediato es organizar a los haitianos.

 

"Hay que darles cobertura sanitaria, agua, alimentos y ciertas medidas de seguridad. No consiste solo en dar pastillas a la gente. Si se las tienen que tomar con el agua del charco no hemos hecho nada. Creo que sanitariamente van a tener infecciones importantes, brotes diarreicos y respiratorios. Es lo habitual en estos sitios porque si tienes un paciente malo y está en un sitio hacinado, al día siguiente en lugar de uno tendrás siete", dice.

 

Una opinión que comparte Esther Fajardo, una de las cuatro enfermeras aragonesas que iban en el grupo de BUSF Aragón. "Les hace falta un buen proyecto de salud pública. Aquello es un caldo de cultivo para que se propaguen todas las enfermedades", afirma.

Primeros seis meses

"Hemos dejado una emergencia sanitaria que técnicamente dura a lo largo de los seis primeros meses de una catástrofe, pero hay una emergencia humanitaria que puede durar durante años si no se acomete de una forma coordinada y prolongada en el tiempo", subraya, por su parte, Kike Mur, uno de los dos bomberos que viajó a Haití y encargado de la logística.

 

Haití, uno de los países más pobres del mundo, perdió casi todo lo poco que tenía el pasado 12 de enero en tan solo 30 segundos. Ya antes del terremoto era una de las naciones con mayor recepción de ayuda de oenegés del mundo. La solidaridad de la comunidad internacional -donde España ha jugado un papel destacado- ha llevado a que muchos países hayan aprobado condonar la deuda externa del país caribeño, que el Fondo Monetario Internacional cifra en unos 960 millones de euros.

 

Asimismo, la catástrofe del terremoto amenaza con crear una crisis de gobernabilidad en un país habituado a la corrupción de sus dirigentes políticos. El papel que ha jugado el presidente René Préval, uno de los primeros en salir hacia la República Dominicana el día del seísmo y cuya presencia en las calles del país ha sido testimonial a lo largo de este mes, ha decepcionado a muchos haitianos. "La falta de líderes naturales hace que la coordinación con los organismos internacionales sea muy compleja. No hay que olvidar que Haití es un país intervenido desde 2004 por su inestabilidad política", añade Mur.

 

La embajadora de Haití en España cifraba esta semana en al menos 25 años el tiempo que llevará la reconstrucción de su país. Lo que sí es seguro es que no saldrá adelante sin la ayuda de la comunidad internacional y sin olvidar la propia implicación de sus gentes. "Son ellos los que luego tienen que seguir adelante", sostiene Molina, que recuerda que los haitianos viven de la ayuda exterior y que la mayor parte de la población no trabaja.

 

"Ellos ven que la salida es salir de su país. Pero creo que la solución tienen que encontrarla dentro", apunta por su parte Fajardo.

Cabe otra reflexión, como apunta a título personal Mur: "Sin caer en proteccionismos absurdos, porque no tiene sentido crear países privilegiados, no se puede dejar a determinadas zonas del Planeta fuera de un régimen de competitividad económica porque eso salpica los Derechos Humanos y llega un punto en que la dignidad de la persona se ve golpeada".

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