Despliega el menú
Internacional

Vertido en el golfo de México

Un balón de oxígeno para Barack Obama

El presidente de Estados Unidos logra frenar su desgaste político por la marea negra gracias al compromiso financiero de la petrolera británica BP (16.163 millones de euros) y a los fallos de la oposición.

Obama, junto al gobernador de Florida, el pasado martes en una playa de Pensacola.
Un balón de oxígeno para Barack Obama
MANDEL NGAN/AFP

"¿Es Obama el mago del último minuto?", se preguntaba el viernes el diario 'Político'. Con su popularidad decayendo a la velocidad que se expande la marea negra por el golfo de México, el presidente de Estados Unidos se ha sacado esta semana un par de trucos para controlar la situación. No tanto la del petróleo como la de su reputación.

El primero fue el del discurso del despacho oval, un formato reservado históricamente para decisiones de estado de gran trascendencia, que no había estrenado. El resultado fue catastrófico. El discurso estaba vacío de contenido, relleno con analogías de guerra y culminado con oraciones bíblicas cuasi apocalípticas. La izquierda montó en cólera. "¡Vaya discurso más terrible!", comentó de inmediato la revista 'Mother Jones'. "Si vas a dar un gran discurso desde el despacho oval y esto es lo mejor que tienes que ofrecer, enfrentemos la realidad: no tienes nada que ofrecer", blogueó Kervin Drum en la revista.

Fue también el discurso menos seguido de su presidencia, un 33% menos que el de enero pasado. En televisión, la popular comentarista de MSNBC Rachel Maddow estalló en cólera. Tanto que al día siguiente pronunció el discurso que le hubiera gustado escuchar. "La era del gran petróleo se ha acabado. Nunca más volveremos a permitir que ninguna compañía perfore en un sitio donde no sea capaz de lidiar con las consecuencias", decían las palabras que Obama nunca pronunció.

Por suerte para este presidente salvado por la campana, la máquina mediática no tuvo mucho tiempo para vomitar su decepción.

Horas después el presidente se reunió por primera vez con los ejecutivos de BP y dio por fin las muestras de liderazgo que le han faltado en dos meses de vertido. Los 20.000 millones de dólares (16.163 millones de euros) que le arrancó a la petrolera son casi el doble de lo que planeaba repartir de beneficios a final de verano y, sin poner límites a las indemnizaciones que dicten los tribunales, encaja con las demandas de los congresistas.

Fue una jugada maestra que coronó al día siguiente el congresista republicano Joe Barton con un inesperado golpe de efecto. Al tejano se le ocurrió recibir al consejero delegado de BP del desastre.

La Casa Blanca no podía creerse su suerte. En una de las reacciones más rápidas de su historia envió un comunicado a la prensa criticando al congresista por ponerse al lado de las grandes corporaciones en lugar de los pescadores de la comunidad devastada por el Katrina. El vídeo de Barton había llegado por email a todas las esquinas del país, y los líderes de la oposición tuvieron que amenazarle con retirarle el cargo en la comisión de Energía para que se disculpe por semejante imprudencia.

Sin tiempo para recuperarse

Quienes han criticado a Obama por manejar el vertido peor que Bush el 'Katrina' tuvieron que callarse por unos días. Las encuestas siguen reflejando que el presidente goza del peor índice de aprobación de su mandato (41%), tras un desgaste que no le ha permitido recuperarse de la batalla por la reforma sanitaria. La plataforma 'Deepwater Horizon' se hundió un mes después de que Obama firmase la ley que estuvo a punto de hundir su presidencia.

Fue otro salvamento de último minuto, cuando todos daban ya por perdida la oportunidad de reformar la sanidad en Estados Unidos. Como en Navidad logró remontar la mala imagen que causó no interrumpir sus vacaciones por el frustrado atentado del vuelo a Detroit, al acometer diligentemente a su vuelta una revisión de los fallos que lo hicieron posible. Hoy sus cualidades para luchar contra el terrorismo reciben una de las mejores notas en asuntos domésticos. Empieza a ser el estilo de Obama, dejar que las cosas se hundan para rescatarlas en el último minuto.

Etiquetas