Internacional

DESDE LAS SEDES

Sonrisas y llantos en los "cuarteles" de los partidos

La derrota del oficialismo cayó como balde de agua fría en el hotel donde el ex presidente Néstor Kirchner aguardaba los resultados electorales arropado por buena parte del Gobierno de su esposa, Cristina Fernández, mientras la oposición celebró su triunfo por todo lo alto.

Al ritmo del rock y alzando camisetas amarillas, el color que identifica a Propuesta Republicana (Pro), los simpatizantes de la fuerza conservadora liderada por el alcalde porteño, Mauricio Macri, celebraron en el "búnker" organizado en un centro de exposiciones de Buenos Aires.

No era para menos porque el candidato de la coalición Unión-Pro, el peronista disidente Francisco de Narváez, se impuso a Kirchner en el Gran Buenos Aires, tradicional bastión peronista, mientras que la aspirante del Pro por la capital, Gabriela Michetti, ganó sin ningún problema frente a sus contrincantes.

A la fiesta se sumaron los imitadores que personifican a Macri, Michetti y Francisco De Narváez en el popular programa de la televisión argentina "Gran Cuñado", parodia política de "Gran hermano".

Hasta el propio Macri se fundió en un abrazo con su doble en el escenario instalado en el búnker de Unión-PRO tras conocer los primeros resultados de los comicios legislativos.

Muy distinto fue el panorama en el cuartel general del oficialismo, instalado en un lujoso hotel de Buenos Aires, donde se impuso el silencio a medida que se confirmaba la derrota de Kirchner.

"¿Viene alguien a hablar?", preguntaban los periodistas mientras esperaban que una voz diera la cara para explicar el tropezón del oficialismo.

"Alguien va a hablar", respondían en el salón del hotel Intercontinental sin precisar si el valiente iba a ser el propio Kirchner o un modesto dirigente del gobernante Frente para la Victoria, que no alcanza ni de cerca el amplio triunfo obtenido en 2007, de acuerdo con los resultados preliminares.

En círculos próximos al gobierno se comentaba, extraoficialmente, que el ex presidente, que esperaba en el hotel acompañado de su esposa y sucesora, Cristina Fernández, se tomó como un auténtico zarpazo la derrota, en especial el revés sufrido en Santa Cruz, su tierra natal y donde empezó su carrera política con doce años como gobernador provincial.

En el local elegido por Acuerdo Cívico y Social, una coalición integrada por la fuerza que lidera la opositora Elisa Carrió y la centenaria Unión Cívica Radical (UCR), la celebración fue moderada, como sus resultados electorales, aunque no faltaron los discursos prometedores ni los extensos aplausos para matizar los amargos resultados en algunos distritos claves, como la ciudad de Buenos Aires.

"El kircherismo ha sido derrotado en los grandes distritos electorales por más del 60 por ciento de los votos", celebró Carrió en una estrategia -según algunos analistas- que opta por debilitar al principal rival en vez de asumir la propia derrota.

Es que Carrió, que pese a liderar su fuerza se presentó como tercera candidata a diputada por la ciudad de Buenos Aires, quizás no llegue a conseguir los votos necesarios para ingresar al Parlamento.

Más contundente fue la celebración en el búnker del izquierdista Fernando "Pino" Solanas, que eligió un céntrico hotel de Buenos Aires que fue rescatado de la quiebra por sus propios trabajadores y que ahora funciona como cooperativa, para reunir a sus seguidores.

El cineasta Solanas, candidato a diputado por la ciudad de Buenos Aires, se convirtió en la rotunda sorpresa de los comicios al estar segundo apenas seis puntos detrás de Michetti.

Pese a la intensa lluvia que cayó durante la noche en la capital argentina, los simpatizantes de Solanas se plantaron en la calle con carteles a favor de "Pino" y cortaron una transitada avenida de la ciudad para celebrar los resultados conseguidos incluso en los barrios más exclusivos de la ciudad.

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