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Internacional
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BÉLGICA

Sin sexo hasta que haya un Gobierno

Bélgica se acerca al récord mundial de 'desgobierno' y la senadora Marleen Temmerman ha propuesto a las muejeres de los poíticos una peculiar huelga.

Mientras Bélgica se acerca al mes de marzo, cuando se prevé que bata el récord mundial de desgobierno sin un Ejecutivo estable, se multiplican las iniciativas, algunas muy variopintas, para forzar a los partidos políticos a ponerse de acuerdo casi ocho meses después de las elecciones de junio pasado.

La última de ellas es la 'huelga del sexo', la suspensión de toda relación carnal por parte de las esposas de los líderes políticos hasta que se forme un gabinete, según reza la propuesta de Marleen Temmerman, senadora del partido socialista flamenco S.PA.

De momento, se desconoce si ha habido «consecuencias» y cuál es el nivel de seguimiento de la «huelga de abstinencia» pues la iniciativa se ha puesto en marcha este fin de semana y todavía es pronto para evaluar «su impacto».

El objetivo es que todas las esposas de los líderes políticos del país, dividido en las dos principales comunidades lingüísticas: francófonos (en Valonia, al sur) y flamencos (de lengua neerlandesa, en Flandes, al norte), dejen de tener relaciones sexuales con sus maridos.

«Si todas nos ponemos de acuerdo en la abstinencia sexual, estoy convencida de que podremos lograr que las negociaciones (para formar gobierno) avancen más rápido. Ya se sabe qué piensan los hombres en esas cosas», asegura Temmerman a la cadena de radio belga RTL.

Y es que desde Bélgica sigue sin un gobierno estable desde el pasado 13 de junio, cuando se celebraron elecciones anticipadas.

El vencedor de esos comicios en Flandes, y a escala federal, el líder independentista flamenco Bart de Wever, de la Nueva Alianza Flemenca (N-VA), y el secretario general de los socialistas francófonos, Elio Di Rupo, del PS, vencedor en Valonia, no han logrado acercar posturas.

Mientras la N-VA promueve una profunda reforma del estado federal para adquirir mayor autonomía (por ejemplo en material fiscal o de seguridad social) de cara a una posible escisión de Valonia, los francófonos siguen apostando por una Bélgica federal unida.

De hecho, el «impasse» político se profundiza y los sucesivos mediadores nombrados por el rey Alberto II (cinco hasta la fecha, sin contar con el actual, el ex ministro de Finanzas Didier Reynders), han fracasado en sus esfuerzos diplomáticos para mediar entre ambas comunidades.

Bélgica, que ya ha batido el récord europeo de desgobierno, se aproxima al fatídico 30 de marzo, cuando se prevé que alcance la «marca» mundial de 289 días para la formación de un gabinete «conseguida» por Irak.

El momento es especialmente delicado pues el país -con una deuda pública cercana al 100 por ciento del PIB- debe aprobar el presupuesto para este año y está en la mira de numerosas agencias internacionales de calificación crediticia, como Standard and Poors o Fitch, por la actual inestabilidad interna.

La «huelga del amor» no es la primera iniciativa novedosa para intentar impulsar las negociaciones. Hace un mes, el actor belga Benoit Poelvoorde propuso que todos los varones belgas se dejaran crecer la barba hasta lograr un gobierno estable.

No obstante, la propuesta de «dejar de hacer el amor» parece más contundente. Temmerman explica que se inspiró para su idea en una iniciativa de un grupo de prostitutas de Kenia que, en 2008, suspendieron sus servicios sexuales, aunque recibieron una compensación económica posterior por su esfuerzo.

La idea es, no obstante, tan vieja como la propia historia. El dramaturgo griego Aristófanes ejemplificó en la que puede ser considerada como la primera «feminista» de la historia, Lisístrata, una «huelga del amor» en la primera representación del año 411 a.C.

«No tendré relaciones (sexuales) con mi esposo o con mi amante» mientras no deje de hacer la guerra, es una de las frases provocadoras que pronuncia Lisístrata.

En «Lisístrata» y otras obras antibélicas de Aristófanes como «Los acarnienses» o «La paz», las mujeres de Atenas y de Esparta deciden hacer la «huelga del amor», que consiste en rechazar a sus maridos cuando éstos quieren tener relaciones sexuales con ellas hasta que no firmen la paz tras la Guerra del Peloponeso (431-404 AC) entre esas dos ciudades.

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