ITALIA

Reino Unido pensó apoyar un golpe de estado en Italia si en 1976 ganaban los comunistas

Según el diario italiano "La Repúbblica", el secretario de estado de EEUU, Henry Kissinger, escribió en enero de ese año al presidente de la Internacional Socialista, Willy Brandt, para transmitirle su "preocupación" sobre el crecimiento del comunismo en Italia, Portugal y España.

En 1976, la diplomacia británica, que temía la victoria de los comunistas en las elecciones de ese año en Italia, se planteó la opción de respaldar un eventual golpe de estado para impedir la llega del PCI al poder, aunque la idea fue descartada por "irreal y temeraria". Así lo afirma este domingo en un amplio reportaje el diario italiano "La Repúbblica", que publica documentos británicos que han dejado de ser secretos.


El diario hace hincapié en un documento del 6 de mayo de 1976, redactado un mes y medio antes de las elecciones generales del 20 de junio por el ministerio de Asuntos Exteriores británico, titulado: "Italia y los comunistas, opciones".


Entre las opciones, los británicos escriben: "Acciones de apoyo a un golpe de estado".  Aunque no descartaban que pudiera ser apoyado por el Ejército, la policía y la derecha, "ya que un golpe de estado aséptico, en grado de echar al PCI o de impedir su acceso al poder, puede ser atrayente", lo consideraron una idea irrealizable, "por la fuerza del PCI en el movimiento sindical, por la posibilidad de una larga guerra civil o por la eventual intervención de la URSS", escribe el diario.


En el reportaje, La Repubblica resalta otro documento, del 13 de abril de 1976, de un grupo de especialista del Ministerio de Exteriores británico que elaboró una estrategia anti PCI con varios escenarios.


Los especialistas propusieron un mayor financiación de los otros partidos, campañas de difamación contra el PCI, advertencia a la URSS, persuasiones de tipo económico, es decir presiones -dice el diario- de la Comunidad Europea y del Fondo Monetario Internacional.


Una de las opciones, la llamada "número cuatro", habla de "subversión" y perfila una "acción de apoyo desde el exterior a un golpe de estado". Las ventajas que ven es echar al PCI y las desventajas la "dificultad para llevarla a cabo y de que se mantenga en secreto durante mucho tiempo".


La revelación de la misma, piensa, podría dañar los intereses de Occidente (las opiniones públicas de los Aliados podrían rebelarse) y ayudar al PCI a justificar su control de la maquinaria del Estado.


"Aunque si una intervención exterior sirviera para echar al PCI del poder, la situación política italiana permanecería inestable, reforzando la influencia comunista y la de la URSS", dice el documento. El dossier resalta que, además de Gran Bretaña, los EEUU, Francia y la cúpula de la OTAN estaban muy preocupadas por la eventual victoria de los comunistas.


El diario resalta una carta que el por entonces secretario de estado de EEUU, Henry Kissinger, escribió en enero de ese año al presidente de la Internacional Socialista, Willy Brandt, sobre el crecimiento del comunismo en Italia, Portugal y España. "Tengo el deber de expresar mi fuerte preocupación por la situación que se ha creado. La naturaleza política de la OTAN cambiaría si uno o más de los países de la Alianza tuvieran que formar gobierno con los comunistas", escribió Kissinger, temeroso, dice el diario, del "emerger" de la URSS como gran potencia mundial.


Kissinger era el más intransigente, asegura La Repubblica, que desvela también una carta del 25 de marzo del Ministerio de Defensa británico a los colegas de Exteriores de la Alianza Atlántica en la que aparece escrito: "la presencia del PCI en el Gobierno italiano y la consecuente amenaza de subversión pueden colocar a la OTAN y a Occidente ante la necesidad de tomar una grave decisión".


En una de las cartas, del embajador británico ante la OTAN, se resalta la inquietud que hay en la Alianza y no se descarta que en caso de victoria del PCI se expulse a Italia, antes que llegar a la parálisis interna.


Y es que en la OTAN se temía, según otro de las cartas, que sus documentos acabaran en manos de Moscú. En una carta del ministerio de Defensa británico se resalta que visto que el PCI goza de un gran apoyo entre la población italiana no sería extraño que alguno de sus militantes se hubiesen infiltrado en el cuartel general de la OTAN en el sur de Europa, con sede en Nápoles.


Para los británicos, el líder comunista italiano Enrico Berlinguer es más peligroso que otros como el portugués Alvaro Cunhal y, a este respecto, el diario desvela una carta del embajador del Reino Unido en Roma, sir Guy Millard, en la que dice que Berlinguer "es una figura atrayente, que inspira confianza con su oratoria, lo que dice es creíble y lo afirma de manera convincente".


El embajador de Londres ante la Santa Sede, Dugald Malcom, se entrevistó en aquellas fechas con el por entonces patriarca de Venecia, Albino Luciani -futuro Juan Pablo I- y el purpurado le expresó también el temor de la Iglesia por la eventual llegada de los comunistas al poder, siempre según el informe.


En otros documentos, los aliados analizan la situación política creada y en uno de ellos se recoge un encuentro entre Kissinger y el ministro de exteriores británico, Antony Crosland. Para el americano, Berlinguer es el más peligroso y el británico considera que el PCI no tendría tanto prestigio "si los otros partidos no fueran tan desastrosos".


El 20 de junio de 1976, la Democracia Cristiana logró el 38,7 por ciento de los votos, mientras que el PCI se quedó en el 34,4 por ciento. El diario habla también de una reunión secreta en París, el 8 de julio de 1976, entre representantes de los gobiernos de Francia, Reino Unido, EEUU y Alemania, en la que deciden que la única solución era la de un gobierno dirigido por los democristianos. El 29 de julio del 76, el democristiano Giulio Andreotti formó gobierno en solitario.