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Palestina: La dificultad de ser mujer en territorio ocupado

La directora de la Oficina de ONU-Mujeres en Palestina analiza el papel de este colectivo en el conflicto

Cada caso es distinto, no se puede generalizar, pero cada día las mujeres en Palestina se enfrentan a una realidad difícil marcada por la ocupación israelí, que supone el «obstáculo número uno» a la hora de profundizar acerca de la igualdad de género en el territorio.

Así lo afirma la directora de la Oficina de ONU-Mujeres en el territorio palestino ocupado, Alia El-Yassir, quien ha visitado esta semana Madrid para inaugurar la exposición 'Vidas quebradas: presas palestinas en cárceles israelíes', organizada por este organismo internacional y financiada por el Gobierno español.

El-Yassir asegura que resulta «absolutamente imposible» decir que a las mujeres palestinas no les afecta el conflicto.

«Si miras en un mapa, los territorios ocupados son dos trozos de tierra que están totalmente separados entre sí y no hay fácil acceso entre las dos partes. Este es el primer nivel de fragmentación social y cultural», apunta.

El-Yassir explica que para los palestinos resulta muy difícil y caro desplazarse incluso para acudir al trabajo o a los centros de salud, todo ello unido a los problemas económicos de las familias palestinas, que no tienen más remedio que decidir cuál de los hijos se queda en casa y quién tendrá la oportunidad de trabajar.

Como consecuencia, Palestina tiene el ratio más bajo de población empleada dentro del mundo árabe, un indicador «preocupante», puesto que, hasta ahora, es uno de los estados en los que el nivel educativo de la mujer es más alto aunque, probablemente, si no se resuelve el conflicto, en cinco años deje de ser así, según El-Yassir.

Subraya que las mujeres si se tienen que desplazar de un territorio a otro están expuestas a posibles acosos en los puestos de control e incluso en los taxis, por lo que las familias optan por que su hijas jóvenes se queden en casa y no busquen trabajo.

«Así, tienes a mujeres con un nivel muy alto de educación sentadas en casa», lamenta la directora de ONU-Mujeres en el territorio, quien, sin querer generalizar, resalta que a causa de esta situación muchas de estas jóvenes se casan a edades tempranas.

«Cada vez que hemos intentado mirar más allá de la superficie del problema en términos de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres, la ocupación es el obstáculo número uno», opina.

En cuanto a la violencia machista, El-Yassir asegura que ésta se incrementó en Gaza como consecuencia de la última guerra palestino-israelí.

Apunta que si bien el conflicto no es la única causa, sí "es un factor que influye" y muestra que la violencia sólo conlleva más violencia, por lo que para combatirla no sólo en Palestina, sino también en el resto de sociedades se debe hacer «un esfuerzo global».

Descarta con rotundidad que las creencias religiosas influyan en la violencia machista, puesto que entiende que el maltrato es una conducta humana en todas las religiones.

«Yo no lo vincularía a la religión, sino a un problema sociocultural», estima El-Yassir, quien sí cree precisamente que ésta pueda ser«un punto de entrada" para abordar el problema en Palestina a través de la implicación en la erradicación de esta lacra de los líderes religiosos.

Hace hincapié en que la lucha contra la violencia machista debe tener el compromiso político al más alto nivel, con la elaboración de leyes que la reconozcan como un delito.

«Hay que impulsar la criminalización de la violencia de género y castigar a los culpables pero, al mismo tiempo, hay que comprender la raíz del problema para prevenirla», abunda El-Yassir.

Por otra parte, opina que la resolución 1325 sobre Mujeres, Paz y Seguridad que insta a incorporar a las mujeres en los procesos de paz y a frenar la violencia que sufren durante los conflictos armados, «es un instrumento importante» para concienciar a los estados sobre su responsabilidad.

No obstante, cree que todavía queda «un larguísimo camino» para que las mujeres estén presentes en los procesos de paz.

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