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Internacional

EE. UU.

Obama no tendrá su reforma sanitaria este verano

Un día después de que Barack Obama se dirigiera al país en busca de apoyo para la reforma sanitaria, sus propios colegas del Senado le han dado la espalda. La cámara alta no votará la ley antes del receso vacacional de agosto, como quería el presidente. Es un hecho.

Es el primer revés formal que se lleva el mandatario en este tema, decidido a lograr aquello en lo que fracasaron cuatro presidentes, desde Truman a Clinton. ¿Por qué tanta prisa?, le preguntaron el miércoles durante la rueda de prensa emitida en directo por todas las televisiones. "Porque todos los días recibo cartas de familias que están cascadas por las facturas médicas, y me preguntan: ¿Puedes ayudar?", explicó antes de deletrear casos "que no deberían ocurrir en un país como el nuestro", dijo. "El segundo motivo es porque si en esta ciudad no pones plazos, no ocurre nada".

'The New York Times' sostenía que la prisa del presidente respondía también a otra razón de carácter político: "El tiempo no está de su parte. Cuando más tarde el Congreso en pasar una ley sanitaria, más tiempo tendrán sus oponentes republicanos para organizar una oposición pública y matarla".

Pero esos no son argumentos que puedan calmar la ansiedad de los legisladores, a los que les había pedido que solucionaran de la noche a la mañana un problema que pesa sobre el país desde hace seis décadas y que, según recordó el propio Obama, "es con mucho el principal factor de nuestro déficit federal".

"¿Por qué tenemos que hacerlo a toda prisa", preguntó el demócrata Charlie Melancon, unos de los siete conservadores fiscales del grupo 'Blue Dog' que están dando problemas al presidente. "Vamos a hacerlo bien". Y Harry Reid, el líder de la mayoría en la Cámara Alta, estuvo de acuerdo. Sobre todo si se quiere apoyo bipartidista.

"Trabajando con los republicanos una de las cosas que han pedido es más tiempo", explicó hoy en conferencia de prensa. "No creo que sea una petición poco razonable, se trata de un tema muy complejo".

Hasta ese momento Reid había prometido una y otra vez que cumpliría con el plazo del presidente.

Obama había adelantado pocos detalles del nuevo plan sanitario durante la anticipada conferencia de prensa, insistiendo en el peso que supone para las empresas, el presupuesto federal y la economía doméstica de las familias medias, dado que las cuotas de los seguros médicos suben tres veces más rápidos que los salarios. Su objetivo es que la clase media no sufra el peso del billón de dólares en diez años que puede costar. "Y si me llega algo así, lo vetaré", advirtió.

Para sufragar el costo que asusta a los demócratas fiscalmente conservadores Obama y sus correligionarios de la Cámara Baja proponen gravar a las familias que ganen más de un millón de dólares al año con un nuevo impuesto que recaudaría 544.000 millones de dólares. Algo a lo que se oponen los republicanos, que por contra proponen impuestos más pequeños para las aseguradoras.

El plan del presidente, que apenas esboza apuntes sobre los diferentes Proyectos de Ley en la que trabaja el Congreso, contempla la creación de un plan de sanidad pública optativo que tendría como misión "forzar a los privados a ser honestos". Un concepto que revienta la esencia del capitalismo, donde se supone que la libre competencia regula el mercado.

De ahí quizás que su principal opositor sea el senador Jim De Mint, de Carolina del Sur, un conservador radical que en la última campaña proclamaba que los gays y las madres solteras no debían enseñar en los colegios. Su último libro se llama "Salvar la Libertad: Podemos impedir que EEUU caiga en el socialismo". Y su última cruzada, hundir la reforma sanitaria de Obama. "Será su Waterloo", ha prometido.

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