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Internacional

FILIPINAS

Los rebeldes exigen un mediador independiente para volver a las negociaciones

Los rebeldes musulmanes del Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) acogieron con escepticismo la decisión del Gobierno filipino de poner fin a la ofensiva militar en su contra y aseguraron que no volverán a las negociaciones de paz, rotas hace un año, sin la mediación de un organismo internacional.

"Somos muy claros con el Gobierno: A menos que pongan en marcha algún tipo de mecanismo, no hablaremos con ellos porque ya no tenemos confianza en ellos", dijo a una radio local el jefe negociador de los rebeldes, Mohagher Iqbal, quien sin embargo ordenará un alto el fuego a partir del sábado en respuesta al cese de las hostilidades del Ejército.

Iqbal mencionó la participación de la Organización de la Conferencia Islámica o Naciones Unidas en las conversaciones, a sabiendas de que este tipo de iniciativas son recibidas con frialdad por el Gobierno, al considerar que pone en cuestión su soberanía sobre el sur de Filipinas, reclamado por los rebeldes musulmanes.

El Ejecutivo de Filipinas ordenó ayer, a menos de una semana del debate sobre el estado de la nación, suspender "todas sus operaciones de carácter ofensivo en las zonas de conflicto" a partir de la medianoche del sábado.

El negociador jefe gubernamental, Rafael Seguis, explicó que la iniciativa es una "medida para restablecer la confianza" y permitirá regresar a sus hogares a cientos de miles de refugiados.

Sin embargo, el secretario de la presidencia, Eduardo Ermita, aclaró que el Ejército no abandonará la persecución de los tres comandantes renegados del FMLI a los que se responsabiliza de la ola de violencia que asoló el sur del país en agosto del año pasado, tras el último fracaso de las negociaciones.

Las negociaciones están paralizadas desde que el Tribunal Supremo anuló en agosto de 2008 un memorando de entendimiento pactado por Gobierno y rebeldes, que iba a allanar el camino hacia un acuerdo de paz.

El pacto se topó con el escollo de la oposición de varios políticos cristianos del sur del país, que tacharon el acuerdo de una cesión encubierta a los musulmanes de la soberanía sobre la zona.

Entonces, los comandantes rebeldes del FMLI respondieron atacando poblaciones católicas en Mindanao pese al alto el fuego vigente desde 2003, e hicieron renacer el temor a que estalla de nuevo la guerra en el sur de Filipinas.

Aquella ola de violencia dejó un reguero de más de 300 víctimas mortales -entre ellas muchos civiles- y cerca de medio millón de desplazados, la mayoría de los cuales todavía no ha podido volver a su hogar.

Los cinco millones de musulmanes de Mindanao, los primeros pobladores de la isla antes de que llegaran los colonizadores españoles, mantienen una difícil convivencia con la mayoría de nueve millones de cristianos.

Fundado en 1984, el FMLI es la mayor organización separatista de Filipinas, con más de 12.000 combatientes que luchan a favor de un Estado islámico independiente en el sur del país, antaño dominado por sultanatos malayos.

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