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CUMBRE LATINOAMÉRICA - EUROPA

Los presidentes aprovechan las cámaras para airear sus pleitos

La cumbre América Latina - Europa que se está celebrando el Lima es, como todas las cumbres de presidentes, un gran marco para escenificar las rencillas y reconciliaciones entre los líderes de los países participantes.

Rencillas, pleitos, conflictos e incidentes. La vigorosa cobertura mediática de las cumbres presidenciales ofrece una tentadora oportunidad a los gobernantes para exhibir en público sus diferencias y, si hay suerte, escenificar sus reconciliaciones. El hermetismo de las reuniones "a puerta cerrada" desata el apetito de los periodistas por noticias frescas e impactantes.

Y eso fue lo que pasó en la ciudad mexicana de Monterrey cuando en marzo de 2002 el presidente de Cuba, Fidel Castro, abandonó repentinamente una conferencia de las Naciones Unidas. "Les ruego a todos me excusen que no pueda continuar acompañándolos debido a una situación especial creada por mi presencia en esta cumbre y me vea obligado a regresar de inmediato a mi país", anunció Castro.

Los periodistas, atónitos, corrían de un lado para otro para saber qué había pasado.

La respuesta llegó semanas después cuando se divulgó la conversación privada entre Castro y Vicente Fox, en la que el presidente mexicano negociaba las condiciones de la presencia del comandante para evitar que "agrediera" verbalmente a George W. Bush.

La retranca popular bautizó aquel incidente con la descriptiva frase "¡Fidel, comes y te vas!". Para aliviar la tensión, los mandatarios a veces recurren a curiosas estratagemas, como la del presidente de Colombia, Álvaro Uribe, quien antes de hablar con la prensa pidió a sus colaboradores que buscaran a Freddy Elhers, el secretario general de la Comunidad Andina, porque como conocedor del cambio climático podía "ayudarle a mantener la temperatura fría".

"¡Por qué no te callas!"

Sin embargo, a veces los ánimos se calientan mucho, como en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile, cuando en noviembre pasado el rey Juan Carlos de España perdió la paciencia ante los ataques del gobernante venezolano, Hugo Chávez, contra el ex jefe del Ejecutivo español José María Aznar y le espetó: "¡Por qué no te callas!".

La frase más divulgada de un español en América desde el "¡Tierra a la vista!" del vigía Rodrigo de Triana dio pie a un sinfín de chistes, mientras los más avispados sacaban tajada del incidente vendiendo tonos para celulares o registrando en Internet el dominio www.porquenotecallas.es.

En opinión del analista internacional Raúl Sohr, las medios de comunicación cumplen una función determinante en las cumbres, "porque son eventos altamente protocolarios en los que las reacciones están fuera del libreto". "Si los presidentes no quieren mantener contacto, el protocolo lo arregla; la improvisación y el azar no tienen cabida", explicó a Efe el autor de "Historia y poder de la prensa".

Según este periodista chileno, "el predominio del lenguaje visual" revela toda una liturgia del poder, y por eso siempre "siempre es Bush quien palmotea a los demás jefes de Estado, pero nunca al contrario".

Uno de los rifirrafes presidenciales más estridente tuvo como escenario la Cumbre Extraordinaria de las Américas celebrada en enero de 2004 en Monterrey.

La decisión del mandatario de Bolivia, Carlos Mesa, de ventilar el contencioso con Chile por la reivindicación del acceso al mar disgustó profundamente a su colega de Chile, Ricardo Lagos.

Chávez terció en la discusión para ponerse del lado boliviano y acusar a su homólogo chileno de no decir la verdad. "A Bolivia le quitaron el mar. Eso está escrito. Lagos no dice la verdad", le espetó.

Retirado Castro de la escena mundial, es el líder venezolano quien ahora acapara la atención mediática. Chavez, que en una reunión de la ONU comparó a Bush con el "diablo", declaró hace unos días que la canciller alemana, Ángela Merkel, proviene de la derecha alemana que apoyó a Hitler.

Sin embargo, no siempre las cumbres deparan sorpresas desagradables.

En mayo de 2006 la modelo y activista argentina Evangelina Carozzo se paseó en bikini ante los mandatarios de Europa y Latinoamérica en Viena, para protestar contra la construcción de dos fábricas en la frontera de Uruguay con Argentina.

Y otras veces estos encuentros son escenario de súbitas reconciliaciones, como en la Cumbre del Grupo de Río celebrada en República Dominicana el 7 de marzo pasado.

En aquella ocasión, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, aceptó las disculpas de su colega colombiano, Álvaro Uribe, y con un apretón de manos dieron por zanjado el conflicto diplomático iniciado una semana atrás y que involucraba también a los gobernantes de Venezuela y Nicaragua.

La paz entre Uribe y Correa se reafirmó con un abrazo de Uribe a Chávez y otro apretón de manos con el nicaragüense Daniel Ortega, quien anunció que restablecería las relaciones diplomáticas con Bogotá.

Los gestos amistosos son un buen colofón para una cumbre, pero no siempre sellan las rencillas: "qué difícil es creer algo a alguien que ha mentido tanto", opina Correa sobre Uribe, quien, a su vez, argumenta que "tan dañino es el agravio personal como la cortesía hipócrita que ignora las diferencias".

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