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ELECCIONES EN AUSTRALIA

Los dos grandes partidos cortejan a independientes para gobernar

Cerca de 14 millones de australianos fueron llamados a las urnas para votar en unas elecciones que ha sido consideradas las más reñidas en medio siglo.

La primera ministra australiana vota junto a la ministra de Sanidad
Ligera ventaja de los laboristas en Australia
EFE

Las dos mayores formaciones políticas de Australia iniciaron acercamientos a los diputados independientes y del Partido Verde, después de que las elecciones celebradas ayer dejarán en el limbo el color del próximo gobierno.

El recuento provisional de los votos concede la llave para formar gobierno a los cuatro candidatos independientes y al representante de los verdes que lleva a su partido por primera vez al Parlamento australiano.

Bob Katter, quien de confirmarse oficialmente los resultados, será uno de los cuatro diputados independientes, dijo al canal de televisión Sky News, que había recibido varias llamadas de "gente muy poderosa", aunque declinó revelar sus identidades.

Ayer, poco después de que el recuento provisional arrojara que el Partido Laborista había perdido la mayoría parlamentaria, su líder y primera ministra en funciones, Julia Gillard, hizo un guiño los independientes y a los verdes.

Gillard, quien corre el riesgo de perder el cargo que asumió hace sólo ocho semanas si no consigue formar un bloque, presumió de que en el Parlamento federal había cooperado de forma "positiva" y "productiva" con independientes, así como con los verdes en el Senado.

La dirigente laborista se reunió hoy para examinar los errores que el partido ha cometido, sobre todo en los estados de Nueva Gales del Sur y Queensland, en los que perdió el mayor número de escaños frente a la coalición conservadora liderada por Tony Abbott.

Con tres escaños todavía sin determinar, se perfila que la coalición compuesta por los partidos Liberal y Nacional tendrá 73 escaños, mientras que la formación que ahora gobierna retendrá 72 asientos de Parlamento, integrado por un total de 150 diputados.

No obstante, el director de la campaña electoral del Partido Laborista, Karl Bitar, indicó que una vez concluido el escrutinio de los votos, su formación obtendrá entre 70 y 75 escaños.

La poca diferencia que arrojaron las últimas encuestas llevaron a que tanto Gillard como su contrincante, Abbott, hicieran campaña hasta el último momento.

Cerca de 14 millones de australianos fueron llamados a las urnas para votar en unos comicios en los que unos 1.200 candidatos pugnaron un escaño en el Legislativo.

A pesar de que Australia ha sido uno de los contados países industrializados que han sorteado la crisis financiera global, en un un sector de la población hay un profundo descontento a raíz de los reveses cosechados por algunas políticas del Partido Laborista.

Ese descontento fue el que hundió la popularidad del carismático Kevin Rudd, a quien el pasado junio Gillard arrebató la jefatura del Ejecutivo y del partido por medio de una revuelta interna.

Rudd comenzó a decepcionar a votantes que tradicionalmente han apoyado a los laboristas, a raíz de que retirase sobre la base de que las condiciones económicas eran inadecuadas, una propuesta de ley sobre comercio de gases contaminantes que había presentado como la espina dorsal de su política medioambiental.

Su imagen y la del partido también se deterioraron con la campaña publicitaria de la poderosa industria minera, contraria a que el Gobierno aumentara en un 40 por ciento el impuesto sobre la actividad del sector, clave para la economía australiana.

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