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Internacional

La gran fiesta... la gran derrota

Miles de personas se han concentrado frente a la Casa Blanca, en Washington, para celebrar la victoria del presidente electo, Barack Obama, el primer afroamericano que accede al puesto. La Policía ha rodeado el recinto ante la incesante riada de gente, que no deja de llegar pese a la fuerte lluvia que cae en Washington.

La mayoría son jóvenes, pero también matrimonios y ejecutivos que se habían reunido en los restaurantes cercanos para seguir el resultado de los comicios, y que se han acercado para vivir este momento histórico.

La victoria de Obama tiene un significado muy especial en una ciudad en la que predomina la población afroamericana, con un 70 por ciento. Ilusión, esperanza y cambio, son las palabras con las que ha conseguido despertar a los votantes que hoy gritaban "yes we did" (Sí, lo hicimos) y "Yes we hope" (Sí, tenemos esperanza).

"Esto significa que mis nietos algún día pueden llegar a ser presidentes de este país", dijo Dee Benzing, una joven afroamericana de 34 años, que acudió junto a su marido, Aaron, de raza blanca. "Hace cuarenta años no nos hubiéramos podido casar y cuarenta años más tarde un afroamericano será el presidente de este país", dijo Benzing visiblemente emocionada, al recordar el esfuerzo que hicieron sus antepasados en la defensa por los derechos civiles.

Para el matrimonio Houston, que también ha acudido a los alrededores de la Casa Blanca, Obama representa el cambio "no sólo en este país, sino en el mundo, es una esperanza para conseguir un país mejor".

 

La derrota republicana

 

La derrota supuso un duro golpe para el candidato, su partido y también para los cientos de seguidores que le acompañaron durante la noche electoral en Phoenix, que terminó entre lágrimas y rostros de desolación.

El candidato republicano a la Casa Blanca reconoció públicamente el triunfo de Barack Obama pasadas las 9 de la noche hora local (4 de la madrugada GMT, del día 5) ante los numerosos simpatizantes que fueron invitados al evento que organizó su equipo de campaña en un lujoso hotel de Phoenix, en Arizona.

Las palabras de McCain cayeron como un jarro de agua fría entre los asistentes, si bien entraban dentro de lo previsto después de las numerosas encuestas que habían dado la victoria a Obama y de cómo se había desarrollado la velada electoral.

"El pueblo estadounidense ha hablado. He llamado al senador Obama para felicitarlo tras ser elegido como presidente de este país, que ambos amamos", afirmó el senador por Arizona ante los rostros desolados del público asistente.

"Es natural que hoy nos sintamos un poco defraudados, pero mañana debemos superarlo", dijo McCain a sus partidarios, que abuchearon cada vez que el senador de Arizona mencionó el nombre de Obama.

"El fallo fue mío, no de ustedes", recalcó el republicano ante las protestas de sus fieles.

"No sé lo que podríamos haber hecho para ganar esta elección", comentó resignado antes de reconocer que la campaña "era y será" el gran honor de su vida.

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